Martes 22 - 07:45am. Aeropuerto de Granada
Ella llegó en vuelo directo desde Girona y se dirigió a la estación de autobuses, para poder liberarse del petate. La ciudad , preciosa, se despertaba con una temperatura de sólo 19 grados y quedaban cosas que hacer hasta que llegara el resto de la tripulación.
Una vez libre del petate, le llamó y El le confirmó que iba en el tren y que llegaría sobre las 10. El timonel, llegaba más tarde... Localizó la dichosa oficina de Extranjería (preguntando, claro está), donde tenía que hacer unos trámites. -Oye..¿ya que vas a Granada no te importaría?, y claro...no, no importaba siempre que diese tiempo.
En la oficina, el sistema funcionaba con papelito de turno. Eran las 9 de la mañana y el turno estaba en el 56. Invocó a un ángel pensando que sería imposible hacer la gestión y el ángel apareció vestido de funcionario. 10 minutos después salía de la oficina, con el encargo hecho(entrega de documentos) y preguntando de nuevo se dirigió a la estación de tren.
Granada se desperezaba y su estómago también, cuando le llegó el olorcillo familiar de los churros recién hechos. El bar abría sus puertas de par en par y estaba de gente hasta la bandera. Se compartía mesa y desde una de ellas, una pareja de marroquíes le hicieron una seña de invitación. unos ojos inmensos y negros la miraron desde un shador mientras su propietaria le sonreía tímidamente. el acompañante de la mujer de los ojos negros, pasó la mano por la mesa, en un gesto de pulcritud, y sonriendo a ambos, ella se sentó con el plato de churros casi humeantes en una mano y el café con leche en la otra.
El delicioso desayuno había cambiado la mañana y se dirigió con paso apresurado a la estación. Estaba casi desierta...Se sentó en un banco en el andén...siempre que Ella acude a una estación, recuerda la canción: Penélope..con su bolso de piel marrón....
Llegó el tren y entre los pasajeros, apareció El. Un fogonazo la mirada felina, aguda...El resumen de un hombre en una mirada. Llevaba una nimia mochila y esbozaba una sonrisa.Café y de nuevo a la estación de autobuses a dejar su mochila y a esperar al Timonel, que anunciaba su llegada más tarde.En la consigna, la mochila minimalista compartía espacio a duras penas con el petate de ella.-¿Llevaré demasiadas cosas? pensaba Ella...
Esperamos al timonel al otro lado de la calle y una hora más tarde, apareció.
Ella no le conocía y vió cruzar lo que describiría como "un hombre pegado a dos inmensas mochilas"-Este va más cargado que yo, pensó, experimentando cierto alivio...
Una presentación cortés y el tercer tripulante, sacó de su bolsillo un engendro planito cubierto por una carcasa de plástico transparente, deslizando sus dedos a una velocidad de vértigo sobre la pantalla.-Es una Iphone, le dijo a Ella con un guiño, y en ese instante ella supo que aquel tipo desconocido sería todo un desafío. El les observaba con aquella mirada felina; primero al uno, luego a la otra, preguntándose, tal vez, si habría "química naútica" y Ella intuía su "inquietud", y sonreía pensando acerca de lo curiosa que resultaba la escena. El timonel, mientras tanto, seguía sacando tecnología de la inmensa mochila.-¡Santo cielo! , pensaba Ella, ¡¡pero si lleva hasta un...trípodeeeeee!!
Un paseo hasta el Albaicín, para ver la Alhambra mora, con un sol de justicia(desafortunada ideíta la de Ella), cómida rápida y de vuelta al Aeropuerto, donde Air Nostrum, tenía "prevista" la salida del vuelo a Melilla a las 16:25 p.m., pero en fin, "nostrum" no es..es "suyum" y salimos dos horas y media más tarde... con lo que los planes para efectuar las compras en Melilla de los víveres a última hora de la tarde, quedaron descartados...
El avión rodaba a toda velocidad por la pista, cuando al levantar, abortó la maniobra de despegue. El decía que aquello no le gustaba nada, el Timonel, que mejor cambiaríamos de avión....Cinco minutos después el piloto anunciaba que había sido una falsa alarma y que despegábamos de nuevo.
El decía que no tenía alitas, el Timonel que ni de coña despegar en el mismo avión...cierta tensión disimulada en ambos y Ella utilizando argumentos banales para distraerles, tales como aquel de que el piloto tiene tanto que perder como nosotros...
Uhmmmm...el de la mirada felina tenía un punto débil...
Llegada a Melilla, preciosa desde el aire y dos les esperaban en la sala de llegadas. El Tabernero, un hombre contundente; Natacha, una mujer llena de luz y de vida.
y el catamarán, como un enorme arácnido blanco...
Y la "libretita negra"...Una pequeña libreta con una gomita alrededor...ella nos acompañaría todo el viaje, unas veces reposando sobre la mesa de la bañera del arácnido, otras sobre la de cartas, otras en manos de El, su propietario, que escribía firme en ella a golpe de pluma...
Las puertas de la casa de los taberneros de abrieron de par en par aquella noche y Ella compartió pinchos morunos, risas, tertulia bajo los impenitentes abrazos del mastín de la familia, abrazos de 80 kilos...
La noche siguiente, antes de zarpar, ya abastecido el arácnido blanco de víveres, una improvisada cena a bordo, envuelta en la deliciosa complicidad de D.Manuel y su Chicamar, del Taber y su Natacha...
El puerto de Melilla, silencioso, mágico...y Ella dándole vueltas a cómo sería mañana, al zarpar...
El camarote la acogió silencioso. En el aire de la noche melillense quedaban las risas, los abrazos de despedida, los buenos deseos. Ella sacó de la mochila su libreta y anotó sensaciones, brillos, esperanzas, sueños.... El día había sido muy largo y en un instante cerró los ojos, no pudo escribir ni una línea más...
Alex