La última mañana en Fornells, y esta vez si, nos vamos. Por si acaso ni he bajado a tierra a tirar la basura, así que el capi va más rápido mientras termino de estibar un poquito las cosas a bordo. Partimos con la sensación de que nos dejabamos un trocito de corazón flotando en la bahía, y otro trocito encima de su pequeña atalaya.
Seguimos el ritmo según el atlas, que tanto nos había ayudado, Pregonda parece una cala tranquila, sin comercios, ni falta que nos hacía, no necesitamos nada más de lo que ya tenemos, y sería la última etapa hasta volver a casa.
Salimos por el Faro Caballerías, rumbo a Pregonda.
Hacía buen viento esa mañana, así que una vez pasado el faro pusimos las velas. Hemos disfrutado poco de las velas este año y esa mañana se ofrece con ganas de hacerlas bailar, aunque no fuera en el mismo rumbo, pero ni lo pensamos. No tenemos prisa por llegar, y estamos muy muy cerca de la cala, así que dejamos que el viento nos paseara frente a la costa, sin ninguna prisa.
Y la poca prisa nos alejó demasiado del que si era nuestro rumbo. Ahora estabamos más cerca de otras calas que si dábamos la vuelta, así que a ver cual es la cala más salvaje .... Algaiarens.
- Suena bien, vamos pa llá..
Solo tuvimos que tomar rumbo a tierra y estabamos enfrente de esta curiosisima cala.
Punta Roja. Estamos en Algaiarens.
Buscamos sitio, que parece que no falta pero tampoco sobra, y vigilando no comernos ninguna roca de las que asoman, y las más peligrosas, las que no asoman, echamos el ancla. Fondo de arena, y unas manchas oscuras, que ya no sé si son pedrolos pués tienes que vigilar un poco con este sitio y sus lloses, pero parece que fondeamos estupendamente.
Panorama con el peñon de ses Vinjoles, en medio de la cala.
Me quedo con las ganas de saber como es Pregonda, hasta nos la había recomendado el vecino de sa Galdana, el que nos remolcó aquel día con su chinchorro, que tan lejos parece ya. Pero la ocasión ha merecido la pena y no tengo ningún problema al haber llegado a otro lugar. No parezco muy estresá por estar en Algaiarens.
Las manchas oscuras del fondo son algas, lo vimos enseguida cuando salimos a dar una vuelta con la balsa por toda la cala. No queremos bajar a las playas pero nos pica la curiosidad de ver como es el sitio, ya que tiene muchos rincones por descubrir desde el agua. Y desde el mismo barco, donde fondeamos frente a Ses coves de ses bruixes
Solo con el primer recorrido en el chinchorro hemos podido conocer esta cala bastante mejor, y estamos de acuerdo absolutamente, el sitio es salvaje ¡!!
Casitas-cuevas en la montaña detrás del peñón de ses Vinjoles. No sé si estarán aún ocupadas pero en algunas de ellas tenían algo de ropa tendida. Buen sitio para vivir, no ¿??? Tranquilo como pocos, si no sopla mucho el viento, claro.
Les lloses. Las famosas losas de Algaiarens. No se ven, pero queda claro que ahí están. Tener cuidado con los fondos si os acercais por aquí, están justo detrás de ses Vinjoles y no se asoman nada pero solo hay un palmo de agua encima de ellas.
Y de nuevo la misma naturaleza con sus colores, y es que hay bonitos atardeceres desde aquí.
Hasta que volvimos a casa paramos el tiempo para disfrutar del entorno así que nos preocupamos menos de lo que hasta ahora habiamos hecho, osea, nada. Y si las noches en Fornells me habían dejado asombrada, el cielo estrellado desde esta cala me dejaron con cara de vaca viendo pasar el tren. Bestial, brutal la explosión de estrellas y el cielo negro, todo negro, todo estaba negro como la boca del lobo, sin contaminación alguna salvo un leve reflejo de la otra cala, en Morell. Hasta Casiopea, que no costaba nada ver desde Fornells, aquí revienta con muchas más estrellas alrededor. No puedo olvidarme de esos cielos. Eso de ver estrellas cenando o cepillandote los dientes es lo que más hecho de menos. Eso y los colores del atardecer.
En Algaiarens estuvimos los 3 últimos días, y si bien no hay mucho que hacer en tierra si que bajamos un par de veces para pasearnos por sus dunas y las playas.
Tiene 2 playas separadas por un montículo, donde la vegetación crece salvaje y natural por donde mires. Tras ese montículo hay un río y un pequeño lago, una visita al lugar es como pasar el día en el zoo libre. Tortugas que vienen a verte y a ver si traes comida, patos que se pelean tras los matojos, escarabajos vergonzosos equivocados de camino y pinos, miles de pinos que revientan un verde brillante en sus copas, destacando con el azul cegador del cielo.
La cámara dejó de nuevo de funcionar el último día, otra vez, así que la última foto que me dejó hacer fue la de unos niños embadurnándose de barro rojo, jugando a los indios la última tarde.
Al día siguiente es sabado, tenemos que volver a casa, y en los partes anteriores avisan de tramuntana la madrugada del viernes al sabado. La pasaremos en el fondeo, para lo cual ya hemos cambiado un poco de sitio, más lejos de las rocas, y asegurado mejor el ancla. En lo que llevabamos en Algaiarens ya habiamos visto 2 barcos garrear, y la verdad, si asusta verlos desde tu barco no quiero imaginar lo que debe de ser vivirlo. No hubo que lamentar desgracias pero con uno de ellos tuvimos el corazón en un puño mucho rato, viendo impotentes como se acercaba al peñón. Justo que pudieron sacarlo de allí antes de estamparse.
La última noche en Algaiarens es la más movidita que he tenido hasta ahora. La tramuntana llegó poco antes de las 12 de la noche. La oscilación dentro del barco era exagerada, rolaba en el camarote como las peonzas, de un lado al otro del catre, así que la idea de ocupar los dos camarotes para dormir era mejor si no queríamos darnos golpes entre nosotros. El miedo de garrear y estamparnos en las rocas de la playa me hizo despertarme varias veces para mirar si seguiamos en el mismo sitio. Miraba el gps y miraba por las ventanillas. Ví como estabamos todos hirviendo en un caldero de algas y arenas, y el agua de color plomizo no cesaba de saltar y saltar, agitando todos los barcos como corchos.
Por la mañana decidimos partir cuanto antes, ni esperamos a comer que era nuestra idea, salir a media tarde ya comidos. Para comer estabamos todos. Uno a uno fuimos largando amarras de la cala esa mañana de tramuntana, y así deciamos adiós a Menorca y a nuestras vacaciones.
Quedaba la vuelta a casa, sin sobresaltos, la tramuntana dejó de soplar a las 2 o las 3 o las 4 de la tarde, no lo sé, pero aún me dejó más indispuesta que lo estuve a la ida, me toca la cabeza de mala manera ese viento. Pero eso sí, aguanté el tipo como pude y volvería hacerlo mañana si pudiera. De hecho tenemos que volver, hay pendientes unas birras con Comodoro y Embat. Excusa perfecta.
El capi, genial como siempre, nos llevó de vuelta a casa, sanos y salvos, y de nuevo la emoción al llegar a nuestro puerto.
- Port Mataró, port Mataró aquí Tunante .....
Hasta el final fue todo muy curioso. Cuando el barco quedó sujeto a su amarre en nuestro puerto, en su sitio de siempre, el ancla, misteriosamente, empezó a zimbrear ... No paraba de moverse, supongo que por las vibraciones del motor aún en marcha, pero nunca nos había pasado eso, y creo que el ancla estaba confusa. Ella quería bajar, no quería cabos en las cornamusas y se movía como queriendo lanzarse al agua.
La hemos acostumbrado muy mal. Ya no me habla solo el barco, ahora el ancla se mezcla en las conversaciones y quiere soltarse sola.
Estas han sido nuestras vacaciones. Salimos a dar una vuelta, en busca de recuerdos, y nos hemos traido unos cuantos.
Y aquí los dejo, para animaros a ir en busca de los vuestros.
