Pues se ha interrumpido por la temporada estival, pero ya continúa.
Gracias por vuestro interés, lo cierto es que ayuda.
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El despertador sonó poco antes de la hora convenida para zarpar. Todo estaba ya preparado. La noche anterior había sido, como todas las últimas noches en Melilla, una noche cálida, agradable y entre amigos. Aún resonaban en la bañera los ecos de las risas, las bromas, los comentarios y las chanzas.
Don Manué y Chica, con la mirada abducida que le dá a uno a las tantas.
Es tan difícil zarpar de Melilla...
Es más, la última noche es sólo el anuncio de que volverás.
El parte anunciado por Ugrib y revisado una y otra vez se cumplía con precisión. Calma.
El catamarán giró sobre su eje y salió suavemente del Náutico, enfilando la bocana. Una mar de fondo encrespada por el escaso calado saludó la singladura.
Por Babor, ya metidos en la faena de Alborán
El Cabo de las Tres Forcas iba dejando atrás sus acantilados de roca mientras el catamarán saltaba cabeceando de valle en valle hacia el Cabo de Gata. El desayuno en la bañera levantó un poco los ánimos.
La traidora mar de fondo cedió con la profundidad, pero no sin dejar huella en la tripulación. Era demasiado pronto.
La costa africana se perdía por la popa, una pareja de mulares saludaron de cerca, sin volver a mostrarse jamás en toda la singladura. A mediodía, poniente, velas arriba y ayuda del motor. Ocho nudos.
Luchó contra el mal de olas como El nunca había visto a nadie luchar. Otros se acostaban, con una tez verde oliva y una cara de pocos chistes, a esperar su retirada. Ella le plantó cara para vencerlo a golpe de voluntad, y casi lo logró en más de una ocasión.
Fiel a la tradición familiar, prepara el curricán. A más de siete nudos es algo poco probable. Ella lo sabe pero lo intenta. Intenta no pensar en el malestar e intenta no ser un problema, es cuestión de madera. Ella tiene.
Consigue, a pesar de todo, una excelente blanqueta de pollo, que repone las fuerzas de todos. El Timonel, sin iPhone operativo, aprecia las excelencias del plato. Se tumba después para hacer acopio de horas de sueño. La noche será corta, pero es la primera. Ella insiste con el curricán, la palabra rendición no existe en algunos diccionarios personales.
Al caer el sol, cerca del Cabo de Gata, el tráfico de buques alrededor del dispositivo indica que la costa está detrás del horizonte y la bruma. El viento arrecia a F5 y la marejada crece. Ahora sólo navegan a vela. El iPhone ha estado KO todo el día y el timonel comprueba su cobertura (utilidad). Poco o nada. Aun navegan suficientemente alejados, y así seguirán toda la noche hasta alcanzar Cabo Tiñoso.
Inasequible al mal de ola y a las chanzas del Timonel, Ella cena frugalmente alguna fruta. El curricán, como era de esperar, quedó esta vez vírgen. El Timonel porfió sobre el particular. Un grave error. El arte de porfiar incluye saber con quién se hace. Y en esta ocasión fue determinante. Aun quedaban muchas millas. Y una voluntad de hierro.
El baja a dormir dejándoles a ambos de guardia. Algo interrumpe su sueño profundo y le cuesta adivinar dónde está. Poco a poco el camarote cobra sentido y se incorpora para la guardia.
Con la noche el viento encalma, y también lo hace la Mar. Y la distancia creciente con Cabo de Gata.
El sale a la bañera y no ve a nadie. No puede creerlo. Busca en el camarote del Timonel y está vacío. Crece su temor. Había indicado claramente que salir de la bañera estaba fuera de programa por las noches. Piensa en sus compañeros, en medio del mar, intentando sobrevivir. A lo mejor cayó primero el Timonel y Ella saltó a ayudarle. Quizá Ella, afectada por el malestar, perdió el equilibrio y cayó, siendo el Timonel quien saltó en su ayuda. Y El dormido, sin saber nada, mientras el piloto automático le llevaba en brazos de Morfeo hacia las costas de Cartagena.
Gritó de nuevo su nombre, una voz salió desde la proa del Catamarán. Estuvo a punto de arrojar al Timonel por la borda. Ella descansaba en el camarote. El Timonel se acostó y El contempló sólo la luz de las estrellas, sentado fumando en la bañera. Le hubiese arrojado por la borda, ¡ será mamón !.
A poco más de las seis, la claridad invade Levante. Los tonos negros se tornan grises acero, y poco después gris plata. El disco naranja asciende bañando a las cosas de sus colores. Con la luz del día Ella sube a cubierta, sus ojos entrecerrados por el sueño pero en pié, lista para dar la batalla. Ya la ha ganado. Prepara una cafetera y el aroma del expresso invade el espacioso salón del catamarán. Me alegro de que esté aquí.
Cabo Tiñoso emerge con la bruma y detrás, las montañas que protegen Cartagena. El paso de entrada lo ocupa un mercante que meniobra para atracar en la fábrica de áridos a la entrada del puerto. El Timonel es llamado a filas.
Esta belleza me robó el corazón en Cartagena...
Atracamos en Yacht Port para repostar y solicitamos permiso en el Club de Regatas para dejar el barco mientras desayunamos chocolate con churros en la chocolatería Valor, en la calle peatonal. Magnífico.
Calles de Cartagena, por la mañana.
A las once y media zarpamos de nuevo, rumbo a Cabo de Palos, para saltar en rumbo directo a Formentera y luego Mallorca.
Navegando hacia Cabo de Palos, después de desayunar y repostar.
Y ahora la guinda.... un pequeño vídeo:
Rog
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