Discusión: Travesías Ella, El, y el iphone del Timonel
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Predeterminado Re: Ella, El, y el iphone del Timonel

CONTINUACION-Día 1 de travesía. Melilla-Cartagena


El despertador emite su familiar sonido y ella se despereza sin saber muy bien dónde está. El sonido en cubierta la coloca en su realidad y tras un fugaz chapoteo de cara y dientes está en la bañera, donde se está desarrollando una intensa actividad. El sol implacable de Melilla le da los buenos días…
“Sin café no doy los buenos días” reza una plaquita de colores que le regaló un amigo que la conoce bien y que está en un sitio visible en su despacho, pero, esforzándose, emite un discreto buenos días y se pone a disposición de El, que le contesta sonriente da y le dice que ya salimos…-¿Qué ya salimos?-`piensa-, ¿¿sin café??.-¿Cómo se puede estar tan sonriente sin café?-se pregunta ella. Pero no hay tiempo…se largan amarras y el arácnido inicia su suave marcha por la bocana…
En su mente resuenan aún las risas y los comentarios de la noche anterior, envuelta en el calor amistoso de sus anfitriones, y recuerda que en cuanto estén fuera de la bocana , estarán en territorio marroquí, luego hay que izar la bandera de cortesía, preparada por El y que yace en la mesa de la bañera. –Patrulleras marroquíes, algunas armadas hasta los dientes, etc , etc, y se plantea que no está para patrulleras de ninguna nacionalidad, armadas o no, porque…¡¡no ha tomado café, luego peor para las patrulleras si nos paran y hay que sonreírles e intermediar…porque Ella está para pocas bromitas…
Observa además que el Timonel , con su enorme teleobjetivo al cuello, se esmera tomando planos, haciendo fotos, entusiasmado….-¡Santo cielo!¿cómo se puede estar haciendo fotos y buscando planos con ese armatoste al cuello y en..ayunas?
El mar de Alborán la recibe desde la proa , y es ahí donde nota una extraña ola en su interior,mientras el arácnido blanco cabecea una y otra vez en un movimiento que se le antoja nada conocido.-¡Claro!-piensa, -no te estás mareando, ¿cómo te vas a marear si jamás te ha sucedido en un barco? – es la falta del café; hipotensa de nacimiento-necesitas un café…
Se traslada con paso decidido a la bañera pasando por delante de El, a la rueda en el púlpito de babor, que la observa de reojo. -¿Todo bien, Alex?-le pregunta y ella , con una sonrisa de oreja a oreja le contesta: -¡si!, perfectamente, voy a preparar el desayuno.
-¡He roto el maleficio!-se plantea. He dado los buenos días y hasta he sonreído sin café, mientras se desplaza al interior de la espaciosa cabina y prepara la cafetera, la mantequilla, las tostadas, colocando todo en la amplia mesa de la bañera. La ola en su interior no desaparece y decide tomar sólo el café con leche, pero algo no anda bien. En la breve estancia en la cabina, la ola ha ido aumentando y su virulencia se amplia por momentos. Hace un comentario , casi una pregunta acerca del incesante cabeceo del “bicho” y El contesta con un escueto “hay mucha mar de fondo y esto no es un monocasco” bien aderezado con una sonrisa. –Eso debe ser, -se plantea ella, que esto no es un monocasco,-no sé si me va a gustar esto de los dos cascos-se plantea , mientras la ola interior se está convirtiendo en un tsunami. Intenta buscar otro sitio y se desplaza de popa a proa de nuevo, de babor a estribor, y nada…el tema va a peor… -¿Te mareas? –pregunta El , sin demasiado énfasis y ella, veloz le contesta:-¡nooooo!, ¡que va!, tal vez sea que no he comido nada sólido- y El, solícito, le pasa una pieza de fruta.
Y El Tsunami se confirma…el detonante es el primer mordisco y sin decir ni palabra Ella se dirige a la proa. Adiós café, fruta, y primera lección de humildad. Por su memoria pasan las famosas conversaciones acerca del mareo que nunca había sentido, de algunos sufridos tripulantes. -¡Vale!- ya está- piensa- ahora voy a estar estupendamente y se dirige de nuevo a la bañera esbozando una sonrisa y pensando: -Yo no me mareo, es el bicho éste al que aún no me he acostumbrado y su puñetero cabeceo extraño. Creo que no me gustan, definitivamente, los catamaranes y la m..que los parió…
Ella intuye que El se ha quedado con toda la historia, pero no dice absolutamente nada…
-El curri, colocaré el curri y me irá dando el airecito y fijo que esto se me pasa-piensa- pero de pronto El avisa de que hay una pareja de delfines por estribor y ella se lanza rauda al camarote para buscar la cámara.
Se sitúa de nuevo en la proa y los ve llegar, pero cuando mira por el objetivo de la cámara, no acierta a encontrarlos. Dispara una y otra vez pero ve borroso, luego comprueba que el Tsunami sigue ahí, en su interior…

Los delfines desaparecen a los pocos minutos





y ella se traslada de nuevo a la popa para preparar el curri. -7 nudos y en nada 8; Mar de Alborán, posibles bichos grandes luego hilo de 80 libras y el pulpo rosa iridiscente. El Timonel, la observa con una sonrisa irónica y empieza lo que será el comentario de rigor cada vez que ella verifique el curri…
-Uhmmm...¿Así que vas a pescar? ¿eh? ¿A ti no te han dicho que el curri no existe?.
Ella le mira pensando que no está para demasiadas bromas mientras el Timonel se desgañita en una carcajada al observar la cara de pocos amigos de Ella.-Pues sí, voy a pescar, siempre pesco…Mientras pronuncia esa última frase ella se pregunta si está convencida en ese momento de tan arriesgada afirmación. “Siempre pesco”, “nunca me mareo”, y más cuando el tsunami sigue ahí, toda una lección de humildad para respuestas tan categóricas. -¿qué sabrá este tipo de pesca?-se plantea, si va hasta las cejas de tecnología punta y esboza una sonrisa irónica. –Nada, Alex, si tú pescas, te doy mi palabra que comeré todo lo que pesques, vamos..hasta las raspas..y sigue riéndose a carcajadas.-Pescaré, listillo,-piensa sonriendo y El mientras tanto observa el “duelo” entre Ella y el Timonel , pero ya más tranquilo, sabiendo que se entrecruzan risas y retos, pero que el Timonel ha sucumbido al primer asalto, cuando Ella ha dispuesto el desayuno.
La mañana va transcurriendo, el arácnido sigue cabeceando, el curri no da señales de vida y el Mar de Alborán se extiende, majestuoso..








Llega la fatídica hora de la comida y a Ella se le antoja fatídica porque fuera, al viento, controla la ola interna, pero replantea si será capaz de preparar la comida. Ya tenía previsto qué hacer pero de eso a hacerlo, el tema se le antoja complicado. La cabina enorme del arácnido, la cocina que ni siquiera sufre un vaivén , hacen que su vaivén interno se amplifique. Lucha con la enorme ola interna y prepara una blanqueta de pollo, para descubrir más tarde que no le ha puesto los champiñones, pero El y El Timonel tienen hambre y ella no se va a dejar vencer por el cabeceo estúpido del arácnido. No prueba bocado mientras ellos comen y les observa pensando que definitivamente no le gustan los catamaranes. El le pregunta si no va a comer y Ella le contesta que mejor seguir como está, sin más puntualizaciones. Ella intuye que El ha advertido su lucha, pero respeta que Ella no de explicaciones.
La tarde cae…preciosa…
El da una hora estimada de llegada a Cartagena, a las 8 de la mañana del día siguiente y Ella se autoinfunde confianza pensando que a esa hora estará no marinizada sino catamarinizada, porque le echa la culpa al dichoso arácnido y pregunta acerca de las guardias nocturnas. El tiene todo previsto, como era previsible y establece las guardias a dos. Ella asiente con la explicación y le pide que le enseñe cómo funciona el radar. La explicación es sencilla, gráfica y clarísima y El le da las indicaciones de las cosas a tener en cuenta, y pronuncia la que sin duda será la palabra mágica: pateras… Las pateras, afirma, se desplazan sin luces para no ser detectadas. Si ves en el radar un barco a tantas millas, puede que veas a su vez pequeños rastros cerca; desaparecen si son olas, pero pueden ser detectadas si son pateras , desgajadas de un buque “nodriza”.

Empieza la guardia y hace frío.










Ella no ha comido nada en todo el día, ya que durante la cena ha mantenido su ayuno y la humedad cala…pero ha sido la palabra patera la que ocupa ahora su mente…pateras…ufff…a oscuras, en el frío de la noche, sin lo más elemental…Enormes medusas que fosforecen en la estela, delfines silenciosos que pasan como balas y la noche, envolviéndolo todo…y Ella, afanándose frente al radar buscando pateras indetectables…
El Timonel, que comparte guardia, comparte también la inquietud cada vez que un mercante, un barco de pasajeros, aparece. Analizan las luces, viene o va, se acerca o se aleja y la guardia transcurre intensa y es entonces, tras aproximadamente dos horas cuando ella comprueba que la ola interior está remitiendo y siente un profundo cansancio y un enorme vacío en el estómago. No dice nada pero tiene frío, un frío interno y el Timonel le dice que ya queda muy poco rato para el cambio de guardia y que se vaya a descansar, que él se encuentra perfectamente despierto. Ella insiste en quedarse pero el Timonel insiste en que queda poco y ella no se resiste. El camarote la acoge a oscuras y cae como un peso muerto, envuelta en la manta habiendo puesto el despertador para volver a cubierta cuatro horas después…

Su sueño se encuentra lleno de pateras, enormes arácnidos cabeceantes, atunes gigantes y estrellas cuando el despertador suena y abre los ojos sintiendo que¡ la ola interior ha desaparecido! Hambre, el hambre ocupa ahora su lugar , y sale a la cubierta, emite un uenos días medio dormida y se lanza a la cafetera. Se divisa ya la costa cartagenera y el Mar de Alborán , silencioso, oscuro, como su tsunami, han desaparecido…
Entran en Cartagena y ella comenta que hay un sitio estupendo para desayunar chocolate con churros tras repostar. El Barco de un cofrade, el Barón, les recibe desde su pantalán camino de la gasolinera con una Sonrisa escrita en su popa








y ella piensa que hace un día precioso, que la vida es preciosa, que el chocolate va a estar de muerte, que navegar es maravilloso y que el enorme arácnido blanco, les ha llevado a su primer destino. –Me reconciliaré con este chisme, --piensa; es cuestión de cogerle el punto…
El la observa sonriente y sin cruzar palabra, sin hacer mención alguna, ambos saben que todo va bien, cuando El Timonel, sonriente, declara que es una idea maravillosa desayunar churritos calientes y le brinda una mano caballerosa a Ella, para franquear su salto al pantalán.




Continuará…
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