A todo el mundo le llega su reconversión y tarde o temprano, los pequeños puertos pesqueros se convertirán en deportivos con nulo impacto ambiental, más bonitos y agradables que los que se hacen nuevos, en el corazón de las villas marineras y, por tanto, generando los ingresos habituales del turismo.
Es ley de vida, el esquilme de caladeros acabará sustituyendo la extracción por las piscifactorías, como ya ocurrió hace mucho con la ganadería terrestre y ahí quedarán los puertos pesqueros convertidos en deportivos. En Francia hay muchos y en España se empieza a hacer, en Galicia, por ejemplo.
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