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Antiguo 01-09-2008, 09:19
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Crimilda Crimilda esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Cuento marinero ilustrado

Segundo correo electrónico remitido por nuestra protagonista a su cuñada.

Se marchó deprisa, sin volverse, dejándome aturdida por la sorpresa y la curiosidad. Ya sabes, Elena, lo que me va el misterio, por eso elegí la profesión que tengo, para descubrir el pasado. No obstante, al día siguiente ya le había olvidado, porque al preguntarle a Álvaro, cuando volvió de recoger sus cosas, quién era aquel amigo suyo respondió “Hace un siglo que no le veo, desde el bachillerato creo y no, no es de nuestra profesión; creo que hizo Filosofía, pero no me hagas mucho caso”. Nunca Jorge hubiese despertado mi interés si no fuera por todo lo que siguió después. Y, de todas formas, el interés que he tenido por él ha sido pura curiosidad, nunca he sentido otra cosa. Jamás habría vuelto a verle en circunstancias normales, pero aquel incidente, y lo que siguió, hizo que estuviera en ascuas desde que me llamó dos días después. Ya sabes, el misterio…

Me citó en una cafetería poco conocida de la calle X. Me pidió que no comentara con nadie esta entrevista, hasta que no hubiese hablado con él y pudiera explicarme el motivo de su turbación el día que le conocí. Volvió a repetirme que yo tenía la clave de lo que le pasaba. Nunca me arrepentiré bastante de haberle hecho caso. Debí comentar todo esto con Fran, pero en aquel momento no creí que tuviera importancia. De todas formas, no se lo dije porque, si recuerdas bien, esos días apenas nos vimos a causa de su trabajo y el mío. Yo pasaba la mayor parte del tiempo en las excavaciones y el andaba, de acá para allá, con su proyecto y con las compras para el bebé (ya sabes lo entusiasmado que estaba con el niño y como aprovechaba todo su tiempo libre) a las que arrastraba a tu madre o a tí. Sabes de sobra que nunca se me hubiese pasado por la cabeza engañar a tu hermano. Además, mi interés por Jorge no tenía nada que ver con una aventura amorosa. Jamás se me ocurrió semejante idea, pese a lo que piense tu hermano y alguno de sus amigos. Cuando termine de contarte todo lo que pasó, verás que fui victima de mi desbordada fantasía y de la extraña historia de ese hombre.

– Quiero que me entiendas bien –dijo en cuanto nos sentamos lo que te voy a contar no es el producto de una mente enferma. No se lo que pasa, y dudo que tenga explicación, pero si existe alguna sólo tú puedes aportar un poco de luz a este extraño suceso. Hace unas dos semanas fui al museo arqueológico con unos amigos y, cuando ya íbamos a marcharnos, atrajo mi atención una serie de objetos de la cultura ibérica. Me sentí tan atraído por una espada que, sin tener en cuenta la prohibición de tocarlos, la rocé con mis dedos. Inmediatamente sentí como si estuviera en otro lugar y en otro tiempo; me vi frente a una muralla de piedra en la que se apoyaba un guerrero joven, de larga cabellera negra, que llevaba en la mano la espada –la tenía extendida hacia mí- era de hierro de hoja curva con la empuñadura como damasquinada en plata y decorada con animales.

Debió de adivinar lo que pasaba en ese momento por mi cabeza porque sus ojos azules se entristecieron

– Si, se lo que estás pensando, que era una falcata como las otras que se exhibían en el museo, y mi imaginación hizo lo demás. Espera que termine y luego juzgarás. En la parte más ancha de la falcata reposaba un anillo de plata que yo cogí. En ese momento una de mis amigas tiró de mí susurrando nerviosa “¡Te has vuelto loco! ¡No se puede tocar; va a venir el guarda del museo y nos va a echar!” Y al tirar de mí el guerrero y el anillo desaparecieron.

– Y ¿qué pinto yo en todo esto? -pregunté impaciente.

– Espera que termine y lo comprenderás – las ahora añiles luces de sus pupilas centellearon un instante, mientras proseguía- Después de aquello he vuelto dos veces al museo, solo, y las dos veces al tocar el mismo objeto, pero no otros, he visto la muralla, el guerrero y el anillo. También por dos veces me han llamado la atención los guardas del museo; afortunadamente eran distintos, si no me temo que no me dejarían entrar más. Aquí es donde entras tú. El día que fui a la UNED, era para poder hablar con Álvaro sobre todo esto, pues como sabes es especialista en Historia Antigua y principalmente su especialidad son los pueblos celtíberos. Pero después de los saludos y los abrazos de rigor apareciste tú y no pude contarle nada. De todas formas en cuanto te di la mano supe que él no me solucionaría nada, pero tú quizás sí. Y es que en cuanto noté tu contacto el anillo apareció tan nítidamente ante mí, que con su visión sentí algo que no había sentido las otras veces: un terrible desconsuelo, como si algo horrible me hubiese pasado. Mira –rebuscó inquieto por sus bolsillos y me mostró un papel con un dibujo- este es el anillo del que te hablo.



PD. Te adjunto la foto del anillo real para que veas el parecido.



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Editado por Crimilda en 01-09-2008 a las 09:38.
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