06/09/2008
Llegamos ayer a Aguadulce. El Kacao nos saluda desde su amarre. Parece que nos hemos echado de menos mutuamente.

Es curioso pero cada vez que pasa un tiempo sin ir a mi barco, al encontrarme de nuevo con él, siento como si volviese a ver a un viejo amigo.

Casi podría decir que me sonríe.
Romanticismos aparte, nos encontramos con un poniente bastante duro que me hace sospechar que vamos a tener que esperar en puerto para hacer una travesía sin prisas, cómodamente. Nadie nos espera en ningún puerto en una fecha determinada. Nuestra cofrade Polen nos espera en puerto y aparece con unas cervezas fresquitas que nos sientan de maravilla, además de aprovisionarnos con una serie de exquisiteces dignas del mejor club del gurmet. Esta Polen es la generosidad viviente.


Charlamos un rato y cenamos unas tapas en “La Cantina”, donde se puede encontrar normalmente un buen pescado. Después de la cena nos vamos al Cachalote a tomar unas copichuelas.

Un buen rato de charleta en la bañera y a dormir.
A la mañana siguiente nos levantamos sintiendo que el viento ha arreciado.

Tampoco hoy nos vamos. No obstante hacemos la compra para la travesía y nos dedicamos a estibar, arranchar un poco el barco y charlar tranquilamente. Comemos. Siesta monstruosa que se ve interrumpida por nuestro cofrade Pámpano y su esposa, con los que, medio dormido, tengo un rato de charla en el pantalán.

Quedamos para mañana en Roquetas. Alberto quiere conocer por dentro el Sureño, magnífico motovelero de nuestro cofrade.
Más charleta mientras el viento sigue. El anemómetro no funciona, pero mi experiencia me hace notar que hay rachas que superan F6 en puerto. Fuera debe llegar a F7 indudablemente.
Por la noche el viento cae totalmente. Cenamos unos tallarines y vemos una película; “la tragedia de la Bounty”, de Clark Gable y Charles Laugton. Es en blanco y negro. A dormir. A ver si mañana el señor Eolo nos permite iniciar nuestra travesía…