No le demos muchas vueltas. La situación responde al desequilibrio entre la oferta y la demanda de amarres. La demanda crece como corresponde a un crecimiento del poder adquisitivo de la clase media pero la oferta es incapaz de seguir ese ritmo fundamentalmente por la dificultad para obtener autorizaciones para nuevos puertos deportivos: no es "políticamente correcto" autorizar nuevos puertos y todos sabemos por qué.
Además, los puertos deportivos que tienen que costearse la obra de abrigo y solamente pueden explotar amarres, necesariamente éstos tienen que costar bastante dinero. Años atrás, para cubrir los costes de construcción, se podía pensar en repartirlos con la explotación de los amarres más superficie de tierra, que era lo que solía salvar el negocio. Pero hoy en día eso es incluso más "políticamente incorrecto". Y así es muy difícil que salgan los números.
Y en este escenario todo el que puede (políticos y especuladores, que se necesitan mutuamente) saca tajada.
Mendaña