Fuiste una rosa que al marchitar dejó una espina.
Primero me ofreciste lo más dulce de tu vida,
Después vino la espina y como despedida
Me ofreciste el amargo licor de tu cantina.
Me cubriste con tu luto aquella amanecida.
Tú, que para mi habías sido brisa marina.
Dejaste el rcuerdo de la caricia cansina
En el amanecer del dia de tu partida.
Apagaste mi luz cuando llegaba a ser día.
De un sólo plumazo, tachaste el alma mía.
Aún me pregunto porqué, ¿qué de mi te encendía?
¿Porqué te marchaste cuando aún te lamía?
Aquél amanecer de mi más amargo día
Si por tí hubíera dado esta vida mía.

