Una parte de mi experiencia (no se si en millas, pero si en años) me viene de la vela ligera donde por no tener no tenía ni compás. Recuerdo aún la cara de guasa que puso en una náutica madrileña, un dependiente muy puesto cuando le pedí una corredera para un cata pequeñito. ¿De cuantos pies dice el señor…? ¿De 15 pies? …No, de eso no tenemos… y le dio la risa floja y yo me quedé mosqueadísimo.
Bueno a lo que iba. Pues eso, que ahora en un barco “serio”, aparte de no mojarme el culo, estoy rodeado de instrumentos por todas partes y la cosa pierde frescura y gracia. Hoy, salí a navegar en esta fantástica bahía de Almería, y el anemómetro lo tenía estropeado. Ha sido un placer olvidarme de cuantos nudos decía el parte meteorológico, un placer no hacer caso de la pantallita que nos mete el miedo en el cuerpo cuando pega un subidón, un placer volver a sentir la velocidad del viento en el cogote, o saber como andaba la cosa por la espumilla de las olas o como ondeaba la banderola. Sentir en definitiva el barco sin fijarme para nada en la veleta o el anemómetro.
En fin, creo que no voy a arreglar el anemómetro o le voy a poner un desconectador. ¿Quién se apunta? Os aseguro que hoy he navegado mucho mas feliz. Ha sido una mañana gloriosa.
Buenas cervezas frías para los que han disfrutado hoy, y por los que esperan hacerlo mañana, o pasado, o ....


