Re: La maldición de la defensa errante. Relato de una regata maldita
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Salvo un agujero espacio temporal para echar un sueñecito no ha pasado nada así que sigo con el relato pero antes...
Boquerón en escabeche
si es marca Chemamoreno,
segurísimo está bueno.
Esa marca es que es la leche.
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-¿Llevas la navaja?-pregunté
-No- contestó Juanfran, el proa cofrade Aproa que no estaba en la proa sino en la bañera.
Me contorsioné para alcanzar mi navaja del interior del barco. Tanteé con la mano en la pequeña estantería en la entrada de la cabina y ¡oh, sorpresa! Allí estaba la navaja y además cerrada, por lo que no perdí ningún dedo en la maniobra, que, tal como pintaba ya el día, no era poco.
Cortamos la escota junto al as de guía que la aferraba al puño del génova. La génova cambió violentamente de banda con un estruendo que acalló momentaneamente la desagradable risotada que brotaba del cofre. Cazamos escota y mantuvimos un rumbo de ceñida durante unos minutos para asegurarnos de pasar la baliza, que a estas alturas se había alejado bastante del Alcedo. Mientras tanto nos esforzamos en deshacer el nudo güinchegordiano, lo que al final conseguimos. Volvimos a fijar la escota de babor al génova y el Alcedo volvió a su efímera casi normalidad.
-¡Viramos! - Vuelta a cambiar de bordo para tomar la primera baliza de barlovento. La maniobra fue de nuevo correcta y desesperantemente pedagógica.
-¡Venga a la proa! - grité.
La persona casi humana , abatida y dolorida a la que iba dirigida la orden me miró con una expresión extraña entre lastimera y de odio profundo y antiguo, la madre de las miradas de odio antiguo y la nieta de las miradas lastimeras. Un escalofrio volvió a sacudir mi vieja y cansada columna vertebral y acompaño al sentimiento mezcla de miedo y ternura que me produjo tal mirada. Metí mi mano izquierda, aún intacta, en el bolsillo y me aseguré de que me había devuelto ya la navaja, lo que me tranquilizó algo.
Llegamos a la baliza con veinte nudos de aparente y preparados para izar el spi.
-¡Coge tú la caña!- grité a Cristina una vez el Alcedo se dirigía a la segunda baliza de barlovento.
Con los luctuosos sucesos acaecidos se me había olvidado decir que este sábado estaban programadas dos pruebas. Cada prueba consistiría en dos vueltas a un baston barlovento sotavento.
En este momento estábamos con el viento entre la aleta y el través de estribor, en la primera baliza de barlovento, encarando la segunda baliza y a punto de izar el asimétrico.
-¿Estamos listos?
-¡Estamos listos!
-¡Izamos!- grité, a la vez que empecé a izar frenéticamente el spi.
Sorprendentemente el asimétrico llego al tope y con un pequeño cazado de escota se hinchó y empezó a portar.
-¡Enrollamos génova!
Tomamos la segunda baliza y caímos un poco más hasta llevar el viento entre la popa y la aleta de estribor. Una vez trimado todo y con el Alcedo a siete nudos pudimos analizar la situación con algo de tranquilidad. Los sonidos eran los habituales de una empopada a siete nudos, nada provenía del interior del barco. Sentimos una sensación de soledad profunda que más que una sensación era una realidad. ¡Estábamos solos! ¿Habrían desalojado el mar por aviso de bomba y no nos habíamos enterado? ¡Qué horror! Afinando un poco más la vista logramos a distinguir el resto de la flota alla a lo lejos.
-¡No lo estamos haciendo muy bien, no!
-¡Pos va a ser que no!
-No, no, ¿no?
-No.
-¡Trasluchamos!-grité una vez que la tripulación estaba en sus puestos. Solté la escota, cambié el rumbo, Cristina se encargó de la mayor y Juanfran de cazar la escota. Trasluchada perfecta, ¡uff!
El Alcedo se empezó a cruzar con barcos que ya habían completado la primera vuelta y venían ciñendo amurados a estribor.
A una velocidad de entre siete y ocho nudos con alguna punta de nueve surfeando la ola nos dirijíamos hacia la baliza de sotavento.
-¡Bueno! Parece que ya todo va bien y ya se ha acabado el gafe.-osé comentar .
-¡¡Jajajajajaaaaaaa, jaaaaaajaaaaajaaaa!!
Se nos heló la sangre en las venas al oir de nuevo la siniestra carcajada golpeándo nuestros oídos desde el fondo del Alcedo.
-¡Jodeeeer!
-¡Vamos a repasar la maniobra de arriado del spi!- comenté a la tripulación.
Poco a poco fuimos repartiendo tareas para la maniobra de arriado. Nuestra tripulación navega junta muy de tarde en tarde y el entrenamiento suele ser siempre "en vivo".
LLego el momento.
-¡Sacamos génova!
-¡Arriamos!
-¡Recoge de abajo!, ¡Bien!
-¡Larga más driza!
-¡Voy!
-¿Estamos ?
-¡Estamos!
Sólo en la bañera, contento con la maniobra y más contento aún con que no se hubieran cumplido los negros augurios, empecé a tomar la baliza a la vez que iba cazando mayor para disponer al Alcedo para el rumbo de ceñida.
-¡¡Joooooder!! ¡¿Qué coño pasa? - grité.
-¿Qué pasa? - preguntaron a su vez desde la proa.
-¡Cagüentó!! ¡¡Rejozkovarnitroña¡¡ (en este punto retomo el Uzbeko pués lo que salía de mi boca me podría costar una excomunión y diez años de carcel)
-¡La escota, la escota se ha enganchado en el timón!
-¡Amos no jodas!- gritan incrédulos desde la proa.
-¡¡Jodo y además trskzzurroñotrojonbai y machaprejta!!- grito crédulo desde la bañera.
La escota del asimétrico se ha enganchado en la pala del timón impidiendo a ésta moverse. El Alcedo va ganando sotavento ante la sorpresa del barco del comité.
Las carcajadas salían estruendosas del cofre. También creíamos oirlas en el barco del comité.
¡¡Sajardarruta, redioskatraña sarduzz sarduzz!! - todo acompañado de patadas a la bañera y rechinar de dientes.
-¿continuará?
-Quizá
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Editado por chemamoreno en 18-09-2008 a las 12:12.
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