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Antiguo 22-09-2008, 12:50
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Predeterminado Re: La maldición de la defensa errante. Relato de una regata maldita

Bueno, tras el intenso fin de semana de navegación con regata, traslados y estreno copioso de la famosa metralleta de Atarip, pasaré a relatar el final del relato de la maldición de la defensa.
Espero que la intoxicación de salitre y rayos UV no me impida poder contar de una forma inteligible lo que vivimos aquel fatídico día, pero antes un poco de publicidad.

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(con musiquita salsera)

¡Boquerón, qué rico el boquerón!
¡Boquerón, qué rico el boquerón!

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(con música de clavelitos)
Boquerones, boquerones, boquerones de mi corazón.
Yo te traigo en vinagre y escabeche rico boqueron.
Si algún día boquerones no pudiera poderte traer
no te creas que ya no te quiero, es que se los comió mi mujer.
Tararirori, tararirori
Tarariroriroriroriroriroriroriiiiii.
Tararirori, tararirori
Tararirorirorirorirorirorirori.
Chin pun.


Boquerones Chemamoreno la mejor calidad del mercado.

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I. De como pudo ser...

-¡Rediskatraña sarduzz!¡Reduzz sardakañigo! ¡¡Aurriiiiiibaszarroña!
-¡Jojojojo!¡Jajajaja!
Las carcajadas que brotaban del cofre eran cada vez más altas. Los improperios excomulgantes también.
-¡Arriamos!
-¡Izamos!
El spi seguía hecho un ocho o más bien un ocho millones ochocientos ochenta y ocho mil ochocientos ochenta y ocho.
-Nada, no va-decía Juanfran.
-Tranquilos- decía Cristina.
-¡Reduzz sardakañigo! ¡¡Aurriiiiiibaszarroña!- decía yo.
Lanzando al viento la driza de spi, alejándome del piano y en el centro de la bañera miré al cielo y exclamé.
-¡Rediskatraña sarduzz!¡Reduzz sardakañigo! ¡¡Aurriiiiiibaszarroña! ¡Sarduzz viriginpoña tornejaznako!
En este momento y desde una nube negra, que se había formado en el cielo a sotavento del Alcedo Martes, acompañado de un brutal estruendo que acalló las carcajadas y los abruptos exabruptos, surgió un fogonazo cegador acompañado de un intensísimo olor a ozono. Las velas del Alcedo Martes se vaporizaron, la tripulación saltó por los aires impregnada de un fresco y estimulante olor a ozono y la obra muerta del Alcedo Martes estalló en mil pedazos en este sábado trece de septiembre de dos mil ocho. Se hizo la oscuridad y asi permaneció por no sé cuanto tiempo.
Cuando recobré la conciencia estaba a bordo de una extraña embarcación. El olor a ozono, última sensación que recordaba, había desaparecido y sido sustituida por un olor mezcla de gas oil, salitre, sudor y miedo. Tardé unos largos instantes en analizar la situación. No podía creérmelo. Siempre había pensado en que algún día me cruzaría con una patera al borde del naufragio y tendría que socorrerlos y embarcarles en el Alcedo. Nunca en mis pensamientos había imaginado la situación contraria, que fuera una patera la me salvase la vida.
Cuando me acompañó el ánimo para incorporarme, agradecí a aquellas personas el haberme recogido del mar y eché un vistazo al horizonte.
-Esta costa la conozco-me dije.
Estábamos frente a Cabo Tiñoso al lado de casa.
Uno de los pasajeros o tripulantes, no sé, señalaba con el dedo y advertía al resto.
Allá a lo lejos un destello blanco flotando en el mar entre la patera o cayuco, no sé muy bien la diferencia, y la costa. A medida que nos acercábamos a la costa la mancha blanca se iba percibiendo de una forma más nítida.
-¡Reduzz, la defensa!
Uno de los magrebís empuñó un salabre con la intención de recogerla.
-¡Noooooooo!- grité-¡Ni hablar, ni se os ocurra!
Todos se volvieron hacia mi sin entender una palabra de lo que decía y dando por hecho que mi estancia en el mar me había afectado las facultades mentales. Nos acercamos aún más a la defensa y el hombre del salabre hizo amago de aprestarse a recogerla.
-¡Noooooo! ¡Nooooo! ¡Nooooo!-gritaba mientras hacía aspavientos con los brazos y agitaba la cabeza de un lado a otro. Los magrebís me miraban con una mezcla de asombro y conmiseración, se miraban entre ellos señalándose la sien con el dedo índice.
No valió de nada mis advertencias. La defensa fue izada a bordo a la vez que yo saltaba por la borda al grito de "¡Labeis cagao! ¡Qenospase ná!" .
Me dispuse a nadar las tres millas escasas que me alejaban de las solitarias calas del Bolete. Tras varias horas de natación a distintos estilos llegué por fin extenuado a la cala Salitrona, donde me esperaban para detenerme cuatro guardias civiles, que se dirigían a mí en lo que supongo sería un árabe chapurreao. Tras identificarme y tratar de convencerles, sin mucho éxito, de que no era un ilegal me introdujeron en un todoterreno y me llevaron al cuartelillo de Mazarrón.
Una vez convencidos de mi identidad me explicaron que habían detectado una embarcación que se dirigía con unas veintitantas personas hacia Cabo Tiñoso y se habían puesto en marcha desde mar y tierra para detener a los ilegales. La embarcación no había vuelto a dar señales de vida y lo único que había llegado a tierra era yo con un aspecto lamentable. Pregunté ansioso sobre el destino del resto de la tripulación del Alcedo y me contaron que un carguero ruso había llamado por radio para decir que habían recogido un náufrago que no cesaba de repetir "¡que te calles coño, que te calles!" y cosas incoherentes sobre un escarabajo en una defensa y que pensaban dejarlo en la próxima escala si antes no lo tiraban por la borda, pues la tripulación le estaba cogiendo miedo. Una mujer que se identifico como Cristina, tripulante del Alcedo Martes, fue encontrada por un velero participante en la regata que llevaba un spi negro cuervo de luto. También debía estar muy afectada pues se negó a subir a bordo y llegó a nado al puerto de Cartagena.
Feliz porque la tripulación hubiese sobrevivido volví a casa con el firme propósito de no volver a recoger nada del mar y traducir a un lenguaje más difícil de entender que el Uzbeko mis excomulgantes vociferaciones. ¿Quizás el navajo?

Sacabó.


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I I. De como fue

-¡Rediskatraña sarduzz!¡Reduzz sardakañigo! ¡¡Aurriiiiiibaszarroña!
-¡Jojojojo!¡Jajajaja!
Las carcajadas que brotaban del cofre eran cada vez más altas. Los improperios excomulgantes también.
-¡Arriamos!
-¡Izamos!
El spi seguía hecho un ocho o más bien un ocho millones ochocientos ochenta y ocho mil ochocientos ochenta y ocho.
-Nada, no va-decía Juanfran.
-Tranquilos- decía Cristina.
-¡Reduzz sardakañigo! ¡¡Aurriiiiiibaszarroña!- decía yo.
Lanzando al viento la driza de spi, alejándome del piano y en el centro de la bañera miré al cielo y exclamé.
-¡Rediskatraña sarduzz!¡Reduzz sardakañigo! ¡¡Aurriiiiiibaszarroña! ¡Sarduzz viriginpoña tornejaznako!
-¡Que te calles coño!!- a dúo y en estéreo.
-¡Arriamos y al tambucho!-ordené resignado-¡Sacamos génova!
Con el viento por la aleta el Alcedo que había visto como le pasaban todos los barcos se dirigía a línea de meta sin vela de portantes.
A la caña, sin emitir ni un sonido, con cara de que te acaban de robar la pensión de jubilación iba pegando algún que otro puñetazo a la caña (uno de los cuales fallé y casi me parto la muñeca).
Una trasluchada, aleta de babor y entramos por línea de meta. ¡Al menos no nos habíamos hundido en regata, algo es algo!
Con las velas sin arriar y el motor a tope nos dirigimos a puerto donde nos estaba esperando atracado al otro lado del pantalán un barco con aparejo extrañísimo. Dos palos sin stayes ni obenques ni obenquillos. Uno a proa y otro donde se supone va el palo mayor cada uno de ellos con una percha que por estar envuelta en una funda granate no se si era algo parecido a botavaras o a perchas de vela latina. El nombre del barco no podré olvidarlo nunca y junto a él un escarabajo dibujado en tonos ocres y granates. Un escalofrío nos erizó los pelos del cogote, el barco se llamaba "Sarduzz Jaja".

También sacabó.


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Tengo más finales pero me los guardo. Si me acuerdo pondré una foto del barco "Sarduzz Jaja"
Unas cañas con boquerones a los que habéis llegado hasta aquí.


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"Manzana in corpore zano" Yomismo

"Mesana in corpore sano" Asociación de Amigos del Ketch

"Mar sana y vivan las ranas" Un descerebrao que pasaba por aquí.


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Editado por chemamoreno en 23-09-2008 a las 10:49.
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