Amigos os invito a unas

antes de referenciar la estancia de nuestro protagonista en Sudamerica para la medición del arco , que en vista del éxito del hilo, (¡menos mal!) no me resisto a ofrecer a quien quiera leerlo ya que no se ha contado detalladamente y es un capítulo importante de nuestra historia científica. (con mucho de aventura)
Jorge Juan zarpó de Cádiz en mayo de 1735 en compañía del Marqués de Villagarcía, que acababa de ser nombrado virrey del Perú, a bordo del navío
El Conquistador y en la fragata
Incendio lo hizo Antonio de Ulloa.
Llegaron el 7 de julio a Cartagena de Indias, pero hasta el 15 de noviembre no lo hicieron los académicos franceses, y juntos emprendieron la ruta por Guayaquil para arribar a Quito.
La medición del grado de meririano se prolongó desde 1736 a 1744 debido a las grandes dificultades que tuvieron que superar.
Allí se les conocía como
los caballeros del punto fijo porque el sistema seguido consistía en una serie de triangulaciones que requerían poner señales en puntos o bases elegidas, tanto en el llano como en las cumbres de 5000 metros de altura.
Las ciudades de Quito y Cuenca, situada tres grados más al sur de la primera, limitaron los extremos de la medición geométrica o triangulación; entre ambas, una doble cadena de montañas paralelas facilitaba la elección de vértices a una y otra parte del gran valle que las une.
Decidieron separarse en dos grupos, Godín con Juan;La Condamaine y Bouguer con Ulloa; ambos grupos efectuarían las medidas en sentido contrario, con el fin de comprobar su exactitud.
La medida empleada era la
toesa equivalente a 1,98 metros. Después de varias comprobaciones, había que complementar estas observaciones físicas con las astronómicas; además, el instrumental adolecía de graves defectos, por lo que hubo que repetir numerosas veces los cálculos, llegando a tener que construir Godín, Juan y el relojero Hugot, un instrumento de 20 pies de largo para facilitar las mediciones.
No fué fácil el trabajo y Ulloa lo describe en su "
Relación Histórica del Viaje a la América meridional... : "
Nuestra común residencia era dentro de la choza, así porque el exceso del frío y la violencia de los vientos, no permitían otra cosa, cuando porque de continuo estábamos envueltos en una nube tan espesa que no dejaba libertad a la vista....cuando se elevaban las nubes, todo era respirar su mayor densidad, experimentar una continua lluvia de gruesos copos de nieve o granizo, sufrir la violencia de los vientos y con ésta, vivir en continuo sobresalto, o de que arrancaran nuestra habitación y dieran con ella y con nosotros en el tan inmediato precipicio, o de que la carga de hielo y nieve, que se amontonaba en corto rato sobre ella, la venciese y nos dejase sepultados"....y se aterrorizaba el ánimo con el estrépito causado por los peñascos, que se desquiciaban, y hacían con su precipitación, y caída no sólo estremecer todo aquél picacho, si también llevar consigo cuantos tocaba en el discurso de la carrera..."
Además de participar con los franceses en las mediciones, por tres veces tuvieron que interrumpir su trabajo y andar el largo camino desde Quito a Guayaquil por orden del Virrey de Lima, para solucionar cuestiones relacionadas con la defensa marítima del Virreinato en sus costas y plazas, fortificándolas contra los ataques del almirante inglés Anson, y participando en la construcción y mando de las fragatas
Belén y Rosa del Comercio.
Su larga estancia estuvo también alterada con otros incidentes, como los habidos con el Presidente Araujo y Río en el retraso de sus pagas y entrega de los instrumentos, asunto que desencadenó una larga polémica que el Virrey Villagarcía procuró suavizar.
Pero la empresa mereció tales sacrificios porque partir de entonces, con el conocimiento exacto de la forma y magnitud de la Tierra, se podría cartografiar situando correctamente longitud y latitud.
Finalmente, después de los nueve durísimos años, decidieron regresar en navíos distintos, con el fin de asegurar que uno de los duplicados de las notas y cálculos llegara a su destino. Embarcaron en el puerto de El Callao sobre las fragatas francesas
Liz y
Deliberance.
Jorge Juan llegó a Brest con la
Liz y desde allí se dirigió a París para cambiar impresiones sobre su obra y contrastar algunas particularidades observadas por él y Godín en sus observaciones astronómicas, conociendo a los célebres astrónomos Marian, Clairaut y La Caille, autores de las fórmulas que tantas veces habían empleado.
Conoció a Reaumur, inventor del termómetro, y a otros célebres académicos que, en compañía de La Condamine y Bourguer, reintegrados a sus actividades, le votaron como miembro correspondiente de la
Royal Academie des Sciences. 
Sin embargo al llegar a Madrid ,como había muerto Felipe V, fué recibido con indiferencia en el despacho de Marina y en la Secretaría de Estado.


Jorge Juan estuvo tentado de pedir destino en su Orden de Malta, pero el general de la Armada, Pizarro, viejo amigo de Chile, les presentó al Marqués de la Ensenada, quien vió en él a la persona ideal para desarrollar su política naval y de armamentos.
A partir de entonces se inicia una etapa de trabajo fecunda y una relación de amistad con el Marqués, que duraría toda la vida y permanecería inalterable aún después de su caída.
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Fernando VI ,convencido por el Marqués , aceptó de buen grado la elección de éste y le nombró capitan de fragata,al igual que a Ulloa.
Se interesó por el informe Memorias secretas, o parte reservada de la misión que les llevó al Ecuador, por tratarse del estado político de aquellas provincias, redactadas con una madurez y espíritu liberal sorprendente por su juventud: ...siendo para instrucción secreta de los ministros, de aquellos que deben saberlos, y no para divertimento de los ociosos, ni objetos de detracción para los malévolos... Por otra parte Ensenada decidió publicar las Observaciones y los cuatro volúmenes de la Relación Histórica, comprendiendo que el trabajo de los dos jóvenes no estaría terminado hasta su pública presentación, que fue en 1748, en una tirada de 900 ejemplares, (la edición francesa de La Condamine no aparecerá hasta 1751 y que ,por cierto ,fué la mundialmente reconocida).
Las Observaciones de Jorge Juan suscitaron ciertos reparos, al aceptar éste por evidente el sistema de Copérnico, que todavía en Roma provocaba rechazo. 
Tuvo serios problemas
pero el jesuita padre Burriel defendió sus escritos, y para evitar la censura se acordó figurase en la segunda edición de 1773, un preámbulo de Jorge Juan titulado Estado de la Astronomía en Europa , para así suavizar la cosa. ¡qué España!.
Saludos
Andrés
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