Pasamos toda la noche peleándonos con el barco en su empeño de irse de orzada con los 15-20 nudos que nos entraban por la aleta y la mar gorda que teníamos. De los 6 tripulantes sólo quedábamos en activo los cuatro tabernarios con lo que las guardias en esas condiciones se hacían duras. El proa lo llevábamos mareado desde la ceñida de la primera noche y el otro digamos que parecía rebajado de servicio: el cansancio supongo. Hacíamos guardia de dos durante tres horas. Tomari y Ventarrón se turnaban la caña en su guardia cada media hora con puntualidad británica, mientras Don Manué y un servidor lo hacíamos de forma más anárquica dependiendo del grado de agotamiento sobre todo mental. A ese ritmo, sin luna y navegando sólo con la electrónica y alguna estrella que nos servía de referencia era difícil aguantar la concentración más de una hora seguida. La velocidad y el rumbo eran buenos, aunque navegábamos premeditadamente un poco hacia el W del Waypoint de Punta Teno para evitar entrar pegados a Tenerife y de esa forma escaparnos de las frecuentes encalmadas que allí se producen.
Sin entender muy bien que estaba haciendo, poco antes de amanecer vemos aparecer por nuestro través un barco que se dirigía hacia nosotros en bordada contraria. Nos pasa por proa a escasa media milla y sigue su rumbo. Ya de día vemos que es el Stan, un potentísimo Seaquest prima 38 que iba como una moto. También nos aparece por nuestro través a babor el Guarapo, Farr 52, que iba sin spi hasta que se hizo bien de día, momento en que lo izaron y salieron disparados detrás del Stan.
Seguimos a lo nuestro y horror, el viento empieza a caer. Nos damos cuenta que los otros dos que van mas pegados a tierra siguen a la misma velocidad, mientras nosotros nos vamos quedando clavados. Empezamos a entender el bordo del Stan, por fuera no había viento, así que resignados y con humildad decidimos trasluchar hacia Marruecos aunque fuera a costa de perder todo lo que habíamos ganado en las últimas 24 horas. Ya en la Gomera vimos alguna captura de Regata Control y según parece llegamos a ir esa noche hasta terceros en real, tan sólo por detrás del Wor 60 y del Wally 60 que iban unas 10 horas por delante. Si consideramos que a esa altura de las regata nos tenían que dar unas 16-17 horas, íbamos primeros con una cómoda diferencia en compensado.
Aguantamos con el bordo hacia tierra hasta las 4 o 5 de la tarde, en que vemos aparecer en bordada contraria al Universidad de Huelva que había remontado mucho. Nos pasan por proa a escasos 100 metros, nos vemos las caras y nos saludamos efusivamente. Trasluchamos en su popa y cambiamos al spi pesado ya que el viento ya no bajaba de 20 nudos, un 0,9 con un año de vida. Las maniobras hacen que se nos vayan ligeramente hasta media milla, así que nos ponemos las pilas y empieza la carrera hacia Alaska, tras el portugués

. Al principio se nos siguen yendo, pero poco a poco, el Negro que va a la caña y don Manué con el spi empiezan a recortarles. En las planeadas nos acercábamos mucho, pero luego les tocaba a ellos y se nos iban otra vez. Así transcurrió lo que quedaba de día en un pique apasionante en medio del Atlántico. Ya oscureciendo cuando los teníamos a tiro, orzo, me separo de ellos y los paso por barlovento con mucho esfuerzo. El viento seguía subiendo y ya teníamos rachas de 25 nudos, pero el barco iba muy controlado y fino sin ninguna tendencia a irse de orzada. Una vez pasados los dejamos atrás rápidamente y empezamos una cabalgada bestial. La primera guardia la hacíamos Manolo y yo hasta la 1 de la mañana. En esas tres horas nos hicimos 30 millas.
Entro dentro antes del relevo para mirar el ordenador, rumbo y esas cosas antes de llamar a Ventarrón y Tomari. Se levantan y les cuento que el barco va muy bien y a toda leche y que ya habíamos perdido de vista las luces del Universidad. Nos las prometíamos muy felices. Salgo y en el cambio de coger la rueda, me viene una ola y me pilla aún en mala postura, así que se me va en pelín de arribada, corrijo rápidamente pero se desventa el spi y en ese momento nos viene una racha de 25 nudos, que lo infla súbitamente como un globo y literalmente ESTALLA, una verdadera explosión…
Nos quedamos Manolo y yo con cara de tontos, mientras el Negro y Tomari, salen del interior asustados por el ruido del estallido…
Luego acabo, voy a comer…