
24-09-2008, 22:11
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Hermana de la costa
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Re: Viajar con niños, muy bien, pero... y la escuela???
3ª parte: límites y dificultades de este tipo de enseñanza Los fascículos del CNED son unos soportes excelentes que ayudan bien a los padres (ellos son los repetidores). Nosotros, que no somos profesores, nos hemos sorprendido de lo increíblemente rápido que Natalie aprendió a leer y a escribir en unos meses (pasión de padres). Con Gibé, no lo habíamos notado tanto ya que no hicimos ese trabajo nosotros.
En la escuela, el programa se estira a lo largo de mucho tiempo y el profesor debe adaptarse al ritmo de los niños más lentos.
A bordo, el programa es mucho más concentrado: se estudia durante 7 ó 8 meses al año, de 3h30 a 4 horas diarias y el programa que se estudia es más amplio.
Problemas a bordo:
La escuela a bordo es una obligación que fastidia tanto a los niños como a sus padres. Cuando impera la obligación, se crean estrés y nerviosismo… El tono subió a veces, hubo lágrimas y caras largas. A bordo, los padres ya no pueden delegar toda la responsabilidad de la educación escolar a los profesores. Tienen que espabilarse solos. Por lo tanto, a veces hay que someter a los niños. Es difícil ser a veces papa o mama-colega, a veces papa o mama-profe (doy algún truco más adelante).
Problemas a la vuelta:
Para los niños pequeños:
Los niños estaban siempre entre los primeros a la vuelta (siempre que los pudiéramos ayudar), ya que solían tener más de un trimestre de adelanto sobre los demás. Pero en la escuela, el ritmo es más lento y pierden concentración, ya no trabajan tanto y los resultados empeoran bastante a partir del final del primer curso.
Para los mayores:
Al reintegrarse en el último curso de BUP, sección científica, Gibé tuvo muchos problemas ya que nosotros (los padres) nos sentíamos completamente superados por su programa. Al no poder ayudarle, le dejas más solo… y ya no se comprueba tanto la adquisición de los conocimientos…
Controlamos la calidad de los deberes corregidos, pero si el alumno tiene una mente bien estructurada, si es capaz de resolver problemas, de avanzar reflexionando a partir de los documentos disponibles (libros, fascículos), realiza entonces un buen trabajo, pero sin hacer el esfuerzo de aprender…
Un fenómeno que constatamos a menudo: al empezar un nuevo capítulo o tema, Gibé estaba muy contento, ya que entendía lo que explicaban en la primera sesión (era todo nuevo). A partir de la tercera sesión (diez días después por ejemplo) ya no entendía porque no había aprendido (y por lo tanto memorizado) el principio que es útil para entender todo lo demás.
Resultado: unas lagunas enormes en conocimientos de base memorizados. Gibé empezó el último curso con unas notas medias de 5/20. Consiguió su bachillerato porque nuestros hijos están acostumbrados a estudiar por si mismos, para si mismos y se encargan de si mismos mejor que sus compañeros que no han conocido otra cosa que la formación balizada de la escuela… y la verdad es que las calculadoras memorizan muchas cosas hoy en día en lugar del alumno.
Los límites del sistema dependen de cada uno.
Hay críos de barcos como críos de cuidad a los cuales no les gusta estudiar. Con estos niños, debe ser muy difícil. Conocimos a un chaval que daba la vuelta al mundo con su padre y que abandonó los estudios con 14 años… pero sabía desmontar y montar por completo el motor diesel del barco.
Los límites dependen también de la competencia de los padres. Nosotros éramos incapaces de ayudar a Gibé en mates, física y química en su último curso.
Para nuestra familia, el nivel de 4º de ESO era el límite razonable. Lo superamos un poco y no nos fue mal. Tenemos la suerte de contar con unos hijos valientes (lo decimos por primera vez, al leer el artículo se podrán contentos).
Los trucos que os pueden ayudar:
No hay que dudar en solicitar las competencias encontradas en los barcos de al lado: ingleses, españoles… para las lenguas, ingenieros para alguna lección de física, etc… Mucha gente lo hará con suma gentileza.
Los niños pequeños (e incluso los mayores) deben aceptar que durante la mañana, somos los profes y ya no los padres. Durante mucho tiempo, empezaba la clase diciendo: “Hola, soy el señor Fulano, profesor de…” y me ponía una gorra (que nunca llevo) para cambiar de personaje.
Al principio de cada curso, el CNED da al alumno un dossier para explicarle cómo debe trabajar. Hay que leerlo y seguir los consejos que da.
A lo largo del curso, aconsejamos a los padres que se lean la lección antes de que los niños empiecen con las preguntas. No hay que fiarse demasiado de nuestros “recuerdos escolares”. Las cosas han cambiado mucho y ya no se presentan de la misma manera…
Navegando en conserva con un amigo durante todo un curso escolar, hicimos coincidir los horarios de clase en los dos barcos. En cada barco, se podía decir: “ Mira a los otros, ya están trabajando, no podéis ir hasta que no hayáis acabado, cuando ellos estén de recreo, etc…” Al ver que sus amigos estaban estudiando, se evitaban algunas discusiones de familia.
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