De La Rochelle a Mazagón, sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las 20.000.
Estimados cofrades, tras el caluroso verano, viene bien recordar algunas de las travesías, que durante él hemos realizado. Este año me ha tocado bajar el barco nuevo. Desde el astillero francés, hasta el puerto mas cercano a casa. Un viaje sin incidentes; un poco soso y anodino, pero es el que he hecho y no os puedo contar otro .
1ª Etapa: La Rochelle – A Pobra do Caramiñal
a) La Salida:
A las 18 horas del 24 de Junio de 2008, no encontramos saliendo por la bocana del puerto de Les Minimes, con los depósitos llenos, al igual que la nevera. El cofrade El Rezón y un servidor forman toda la tripulación abordo, pues un tercero en discordia, ha desertado tres días antes. Decía no poder esperar desde el Sábado hasta el Martes (cuando por delante, no se sabe el número de días que nos quedaban!). El Cantábrico le ha impresionado, de tal manera, que ha optado por acabar su viaje antes de empezarlo.
Las previsiones meteorológicas son buenas. Hoy el viento sopla del Noroeste, pero con poca fuerza (como en casi toda la travesía). Hemos mirado en la página Web de Windfinder.com, pero además contamos con la inestimable ayuda del cofrade Kaia , que bien por teléfono, bien a través del correo electrónico, nos tiene al día de lo que nos espera.
Para los próximos días, se prevé un cambio en la dirección del viento; pasará del cuadrante Nor-Oeste, al Nor-Este. Lo cual nos viene como anillo al dedo. Lo que no se intuye, es un cambio en su velocidad. Está previsto, para toda esta etapa, unos 10 Nk; los mismos que vamos a tener hasta Finisterre.
Con estos datos, nuestra salida a mar abierto es tranquila y relajada. Avanzamos un rato a motor, hasta dejar la zona del Puerto de Les Minimes y la Île de Ré, donde hay bastante tráfico.
Más adelante, nos aproamos al viento e izamos la mayor. Ochenta metros cuadrados de “trapo”, ascienden hasta lo mas alto del mástil, con la facilidad y presteza que le da el winche eléctrico. “Que diferencia con tener que subirla a mano” , exclama Manolo.
A continuación desenrollamos el génova, lo cazamos y vamos tomando rumbo. Primero debemos pasar al norte de la Île d’ Oléron y, acto seguido, poner proa a la costa española; sin mas pretensión, en cuanto al rumbo, que la de llevar uno que nos sea cómodo.
La noche se acerca y llevamos el viento aparente a unos 40º por estribor. El anemómetro nos marca, para éste, una velocidad de 8 a 10 Nk y el barco navega sobre los 5. Estupendo!.
Aprovechamos para darnos una ducha y comernos unos bocatas de jamón ibérico de bellota, con un poco de vino tinto (no recuerdo si de la Rioja o de la Rivera del Duero).
Relajado en la bañera, recuerdo lo leído en esta taberna al cofrade Urtzi, cuando nos contaba sus miedos ante la travesía del Atlántico. Por un momento, yo había pensado que un cosquilleo se me pasaría por el estómago, a medida que la noche avanzara. Pero no fue así, debía haber sido hambre, pero el jamón y el tinto se encargaron de acallarlo .
Aquí anochece muy tarde; los 46º N, aunque no lo parezcan, se dejan notar, tanto en horas de luz, como en la temperatura. Son cerca de las 23 horas y aun hay mucha claridad. El radar, que por la tarde había funcionado perfectamente, no quiere arrancar . Jamás hemos navegado con radar, por lo que no nos preocupa en exceso; más bien nos llama la curiosidad por ver que tal es. Manolo se “emperra” con él, pero lo único que consigue es un mareo y, a continuación, poner perdida la borda .
Cuando el sol cae, la oscuridad se hace absoluta, pues el cielo está nublado y, de momento, no se ve ni una estrella. Hacemos (bueno: hago!) la guardia desde el salón. En él, la vista es de, prácticamente, 360º y la mesa de cartas está orientada hacia proa, por lo que mientras miro el GPS y el Multidatos, aprovecho para echar una visual a mi alrededor, en busca de alguna luz, bien roja, bien verde, bien blanca. Pero solo es oscuridad lo que hay. Aparentemente nadie navega a nuestro alrededor.
Sobre las tres de la madrugada, salgo al “pescante” (así es como nosotros denominamos a la zona de la timonera, por su similitud con los de los “coches de caballo”) y una luz me deslumbra de manera suave. Al principio me quedo un poco desconcertado , pero luego detecto su causa: las nubes han desaparecido y dejan ver miles de estrellas. Me asombra la cantidad de luz que estas hacen llegar hasta nosotros; donde había una oscuridad total, ahora se deja ver el resplandor de las estrellas, que ilumina la superficie de la mar. No como una noche de Luna llena, pero si de una manera como nunca antes la había visto. La Polar, tan solitaria normalmente, se encuentra ahora rodeada por decenas de estrellas. ¡Que grande es esto del Universo! . Como para querer entenderlo en diez minutos.
Al alba, mi apreciado amigo Manolo, deja sus ronquidos para otro momento y se hace cargo de la nave. Ahora es a mí al que le toca descansar.
Continuará ...
En el puerto de les Minimes (La Rochelle), antes de zarpar.
Fiesta de la Musica (21-06-08, La Rochelle)
Esa noche, junto al Puerto de La Rochelle.
Unas a vuestra salud.
Saludos.
Editado por El Temido II en 28-09-2008 a las 04:42.
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