Enhorabuena por el post, Farera.
Me he encontrado con él bastante tarde, a pesar de que veo que lleva unos días abierto.
Exquisito texto, dicho sea de paso también. Agradecería leerte más. Especialmente porque yo también siento algo especial hacia los faros. Aunque no puedo ponerle nombre y apellidos a lo que siento. Debe ser mi innata dificultad de manejarme con los textos más intimistas.
Pero has formulado una pregunta, e intentaré responderte lo mejor que pueda.
Yo creo que los navegantes de recreo, especialmente los que hacemos travesías de mayor o menor distancia, vemos los faros de un modo muy particular. En mi caso las sensaciones tienen muchas caras, como si el faro fuese un prisma de seguridades, belleza, tradición, peligro y adrenalina.
Desde el mar, las referencias no son las personas ni siquiera las ciudades o los pueblos. La referencia inequívoca es siempre el faro. Es nuestro ancla en la carta náutica, la confirmación de nuestra derrota, la garantía de nuestra seguridad y el rumbo al seguro abrigo del puerto.
El faro nos une en el tiempo con los marinos que durante siglos transitaron por esas aguas. Vieron esa msma luz, en ese mismo lugar. Tomaron las mismas demoras, calcularon las mismas posiciones. Lamento ahora que los faros estén deshabitados, pero a veces me gusta pensar que detrás de ese destello, hay un tipo de piel curtida, que con una gorra de paño y una pipa encendida cuida de mí, manteniendo la luz encendida. Un compañero.
No sé por qué en esta vida, la belleza y el peligro (y a veces la muerte) están tan estrechamente unidos. Quizá ese binomio es algo que también hace a los faros especiales. La belleza de los acantilados y parajes donde fueron construidos es sólo equiparable con el peligro que esconden sus rocas y sus bajíos. De hecho, en las travesías que he tenido la oportunidad de hacer, casi todas las fotografías a bordo tomadas de la costa son faros. No sé qué otra cosa puede ser tan interesante.
Su simplicidad es genial. Quiero decir, no la simplicidad técnica dell dispositivo electrónico que bla, bla, bla... no. Me refiero a la natural simplicidad de la idea del faro. Incluso en lo más profundo de su concepto. El simbolismo de la luz, del destello como fuente de iluminación y de conocimiento, el haz de luz que se muestra, salvador, a todos los navegantes por igual. Desde el mayor petrolero a la más humilde patera.
¿Sabes que en las piedras del faro de Penedo de Saudade, la Duquesa de Caminhas lloraba la muerte de su esposo ejecutado por el Rey?, ¿Sabes que donde está construido el faro de Isla Berlenga, unos monjes dedicaban sus vidas a mantener encendidas las fogatas que, en noches de tormenta, orientaban a los marinos? ¿Sabes que la costa Atlántica de Portugal era conocida por los marinos ingleses del XVII como "La Costa Negra" hasta que los monjes portugueses la iluminaron con sus hogueras?.
Los faros nos unen también con el pasado y con la historia.
En fin, que sin haber vivido mi vida al lado del mar, siento ese gusanillo extraño cada vez que estoy al lado de un faro en tierra, o cada vez que puedo ver su luz desde la bañera en una guardia.
Lo que no he hecho, es darme un revolconcillo en un faro... ¡ esto hay que probarlo !.
Un Saludo y gracias, Farera.
Ha sido un verdadero placer.
Ahora te dedico unas fotillos, como es preceptivo.

El Faro de San Vicente, desde Ponta Sagres.

El mismo faro, con la tripu desde el mar.

El Faro de Cabo Carvoeiro (Peniche, Portugal), 5 o 6 millas al W están las Berlengas.

Mala foto, al fondo el Castillo de Sancti Petri con su faro.
Tengo muchas más, pero no sé dónde. Ya encontraré.

Rog