Muchísimas gracias a todos por vuestras aportaciones al tema.
Ambdoswebs, no podría estar más de acuerdo con lo que dices.
Creo que durante las últimas decenias hemos confundido educación y escolarización, delegando toda la responsabilidad de la enseñanza (así como su contenido) sobre los ya cargados hombros de los profesores. Hasta tal punto que hoy en día suena imposible educar sin escuela.
La escuela dispensa conocimientos valiosos y - que no es poco - lo hace de manera ordenada, progresiva, reflexionada. Pero no quita que mucho se les puede enseñar a los críos fuera de este marco institucional.
Creo (como tu) que la experiencia de un viaje en barco ayuda a empreñarse de unos cuantos conceptos importantes. A parte de los que mencionas, añadiría el valor de la lentitud, de la paciencia, del disfrute de las cosas a su debido tiempo.
Al contrario de lo que nos propone/impone la sociedad del consumo en la cual vivimos, en el barco el destino no es inmediato. Estamos muy lejos del "mundo en un click" que nos venden. El destino, el objeto deseado requiere esfuerzo y paciencia. Se merece. Se gana, se conquista poco a poco. Creo que es bueno volver a este tipo de valores. A la virtud del "poco a poco".
En el barco, en el mar, las leyes son fáciles de entender. No imperan las contradicciones de la tierra. El orden de las cosas es comprensible y las respuestas, lógicas.
En el barco también aprendemos a valorar las cosas que hay. A la diferencia de nuestros hogares, en los barcos no se acumulan las chorradas inútiles. Tampoco se acumula la basura. Sólo se desecha lo mínimo. Las cosas que hay tienen su función y deben ser duraderas. Nada que ver que la religión del comprar, usar y tirar que nos vende la televisión...
En tierra, hay que luchar contra el sistema para hacer entender a los niños la validez de estas normas. En el mar, caen por su propio peso. Sobran las explicaciones. La realidad las impone.

