Re: convivencia en una travesia oceanica II
Y ahora, ..... mas.
COMIDA QUE LLEVAMOS
-Hay platos de muy fácil elaboración a bordo, como pastas o ensaladas, pues existen en el mercado la mayoría de sus componentes preparados o incluso cocinados, como cebolla y tomate frito, salsa para pastas, verduras troceadas y limpias. Esto simplifica muchísimo la confección del plato. Solamente hervir la pasta, añadir su salsa y algo de tu cosecha y como en casa.
-Los fiambres, salazones, encurtidos y frutos secos, resuelven muy bien el picoteo entre horas. ¡Qué bien entra un buen plato de jamón y queso, con una botella de crianza o mojama, con almendras a eso de media mañana! Y si además estás al solecito y en comedio del papeo, la chicharra del carrete “surre como una descosía” El clímax puede llegar a ser muy agradable. Las latas de conservas de pescado junto con las aceitunas, complementan espléndidamente estos raticos.
-Leche, galletas, café, magdalenas, mermeladas y otras bollerías son el apartado habitual en cualquier desayuno. Son un excelente aporte energético, necesario en este tipo de navegación, además de que nos permiten sentarnos, a primera hora del día, todos juntos, y como en el cartel de los toros, Dios mediante y si el tiempo no lo impide, que muchas veces lo impedía, dilatar la sobremesa desayunera, charlando sobre lo acontecido y de lo que está por acontecer, que en mitad del Atlántico es toda una sorpresa.
-Las sopas de sobre individual, son una formidable manera de solventar ese vacío en el estómago que, habitualmente te ocurre de madrugada, si estás de guardia. Son rápidas y fáciles de preparar, aún con mala mar, y si tienes la precaución (en nuestro caso no era precaución si no obligación) de enjuagar la taza nada más terminarla, porque de lo contrario, los restos de sopa se convierten en pegamento de los de dos componentes. Da mucho juego. Durante el día, el gazpacho envasado hace esta misma función muy bien.
-Los postres, mientras que duren, son por excelencia la fruta fresca. Su fundamental aporte vitamínico las hace que sea, de obligado cumplimiento, el llevarlas a bordo. Naranjas, manzanas y plátanos son las que aguantan, en este orden, siempre que estén al aire y sin golpearse, ósea en redes colgadas (ajos, cebollas y patatas también irán colgadas pero nunca en el salón) ¿Entendéis por qué? Hay que revisarlas a diario para separar, preventivamente, las que empiecen a ponerse mal. Los yogures y natillas de larga duración y sin frío para conservarlos, son un buen complemento. Por supuesto, la fruta en conserva siempre está ahí y resuelve mucho. La época habitual de cruce de este océano es muy próxima a la Navidad, por lo cual, un buen repertorio de dulces navideños, turrones, cordialicos y tortas de Pascua, no debe faltar en una mesa como Dios manda.
-El líquido elemento potable, eso si, porque de la otra agua, la que va debajo de la quilla, alrededor de la borda, que ocupa todo tu campo visual, mires para donde mires y que más veces de las que tú quisieras, te cae hasta por arriba. De esa agua se termina hasta los mismísimos. De agua embotellada es de lo que estamos hablando, se gastan normalmente dos litros por persona y día. Aunque puede parecer escaso el aporte hídrico normal en estas latitudes, se compensa sobradamente con otras bebidas hasta llegar a los tres litros diarios de liquidos. Es fácil de estibar y no está de más pasarse un poco en las previsiones. Para la preparación de comida se puede utilizar perfectamente el agua de la potabilizadora, que aunque gasta batería como si fuera pa una boda, treinta litros de agua diario, son imprescindibles para la comida y el aseo.
-El resto de bebidas supone la mayor parte del peso total de avituallamiento, por echar un cálculo 600 botes de cerveza, 100 botellas de vino, 50 botellas de licores, 250 botes de refresco, 40 bricks de leche, 60 bricks de zumo, alguna botella de cava para la Navidad y demás efemérides dignas de celebración, y como no, nuestra súper versátil bota de vino que animó más de una velada nocturna cuando veíamos, en el portátil, la peli que tocaba ese día, tomando el fresco en la bañera acompañados de un par de bolsas de pipas de las grandes, con el consiguiente mosqueo del patrón al ver a la mañana siguiente que había cáscaras hasta en el molinete de anclas.
-El pan quedó perfectamente resuelto y sin ningún problema de espacio y peso, con baguette precocinadas, envasadas al vacío por parejas que no tenían ningún tipo de conservación, y que con un golpe de horno quedaban crujientes y muy buenas, aprovechando el sobrante, si lo había, para tostadas. Dos baguettes por persona y días, hicieron un total de 500 unidades que entraron sobradamente en el pañol de proa. No se llegó a consumir esta cantidad, incluso en época de restricción de cerveza los últimos días, cuando cambiabas a algún compañero menos alcohólico que tu, tu baguette por su cerveza. Cierto es que el pan envasado, colines, rosquillas, pan de molde y pan de leche pueden paliar muy bien el tema del pan, aunque un bocata de sobrasada en un pan recién hecho es un merecido homenaje para las personas de buen corazón. En esta apartado se le puede dejar un lugar de honor a las pizzas preparadas. Que aunque necesitan refrigeración, ocupan poco y dan un juego increíble
-La carne bien envasada al vacío y refrigerada, es incluso un acierto para la primera semana, a la plancha, en barbacoa, con patatas asadas o cachelos, desatan los instintos más primarios del ser humano convirtiendo el comer, no en una necesidad sino en un placer, si a eso le añades un atardecer con el sol poniéndose por proa, reflejando tonos rojizos sobre las algodonosas nubes de los alisios, con un viento de ENE osea por popa, estable, con la intensidad justa para deslizar el barco elegantemente sobre las grandes pero agradecidas olas atlánticas, y bueno, si ningún puñetero chubasco lo fastidia, este placer gastronómico, claro está puede llegar a adquirir matices lujuriosos.
-Bueno, me he puesto un tanto prosaico con lo de la carne, pero lo del pescado es que roza el loco frenesí y desenfreno, porque aquí el gustazo es doble. La primera gozada. A la plancha, frito con ajicos, en escabeche, en lo que Paco es un maestro, y si mi punto de inspiración está acorde con las circunstancias y allí si que lo estaba, me dignaba a preparar un marmitako, pero hecho con ganas, dedicación y el buen hacer que me caracteriza, dicho sea de paso, que podría alcanzar la clasificación, merecidamente por supuesto, de manjar de dioses ya que en él se plasmaba la quinta esencia sensorial, donde se conjugaba diestramente lo humano con lo divino, imprimiendo un génesis creativo tan innovador y pionero que sorprendía por su amabilidad al paso por el paladar, como preciado trato en boca. Que yo en un acto de magnánima complacencia, que sin duda, me honra, complacía desinteresadamente a mis compañeros, aun a sabiendas que se hallaban a miles de años luz de poder apreciar lo estructurado, redondo, aterciopelado de esta soberbia creación. Y que tan afanosa y reiteradamente me suplicaban que les preparara esta suprema obra de arte culinaria.
¡Qué mejor recompensa para mí y mayor satisfacción para mi súper ego! El ver como cerraban los ojos, apasionadamente, para poder extasiarse aún más, con el deleite sensual de sus papilas gustativas y el exquisito aroma que emanaba de aquella supina realización. Que triste resulta y a la vez injusto que habiéndome dotado la madre naturaleza de tan soberbia eficacia para la elaborada, elegante y complicadísima ejecución de estas divinas creaciones, no haya sido generosa con mi persona como para regalarme, el poder apreciar los embriagadores matices aromáticos y la exquisitez manifiesta que le doy a mis platos de pescado, porque…. ¡me cago en la leche! no hay manera de que me guste el pescao. A pesar de todo esto a mi favor… ¡que no me gusta el pescao! Así que me tenia que conformar viendo lo que mis agraciados compis disfrutaban comiendo mis guisos y yo, pues seguía fingiendo humildad ante tan reiterados elogios, cuando me pasaban la mano tras la suculenta pitanza, reconozco que en el fondo me gustaba que me adularan, pero también reconozco que un porcentaje muy alto de tanta alabanza, era para darme vaselina, a ver si me daba un ataque de babeante egocentrismo y finalizaba la faraónica obra culinaria, fregando los cacharros, y los muy tediosos, aburridos y desagradables lo conseguían.
Aparte de mis apreciaciones personales, que en ningún momento pretendo que se note lo mas minino que me gusta un poco lo de la pesquera. La verdad es que se pesca mucho al curri, entre atunes y dorados cubrieron durante la mayor parte del viaje las necesidades, pues sacábamos uno o dos todos los días, hasta el punto de soltar algunas piezas todavía vivas porque no entraban ya en el frigorífico, era así de simple y así de maravilloso pescabas lo que precisabas y cuando lo necesitabas. Y porque como era la primera vez que pescábamos en el infinito Atlántico, por mucho que nos informamos y por muchos señuelos que nos prepararon, no teníamos el material adecuado.
Los huevos merecen un apartado aparte y mucho más en nuestro caso. Alimento tremendamente nutritivo, muy versátil a la hora de acoplarlo a infinidad de platos, sabrosísimo al paladar, y tan sencillo y a la vez tan variado de preparar. Pero con una vida útil a bordo bastante escueta, necesita refrigeración, ocupa bastante espacio, no por él sino por sus embalajes, y a la semana ya no te fías de su estado. Por eso recurrimos a la huevina, no a la hermana pequeña de la hueva, sino al huevo liofilizado que tiene mejor almacenaje que su congenere hidratado. Con una caducidad que te permite terminar la travesía comiendo tortilla de patatas, pero eso es, si esta bien conservado y este no fue nuestro caso, y bien que lo pagamos. Nos trajeron la huevina la noche antes de la partida, un grupo de amigos, que además de huevina traían unos solomillos de ternera esplendidos, dos jamones deshuesados perfectamente envasados al vacío, ¿Qué mas traían?..... Ah si, a mi mujer. Pues fue tal la emoción que sentí al ver a la persona con la que ante dios, el estado español y su madre me comprometí a convivir, que me olvidé por completo de donde deje la dichosa huevina, además como los primeros días de travesía regatera fueron tan placenteros y agradables, que no encendíamos las cocina por no ensuciarla (no había quien viviera a bordo gracias a un magnifico temporal de poniente). Pues el, aposteriori escabroso, tema de la huevina me paso totalmente desapercibido, osea pasé del tema. Y mira por donde cuando habíamos dejado las Canarias algunos cientos de millas por la popa. en el pañol de proa se percibía cierto tufillo que sin llegar a ser desagradable si que resultaba un tanto peculiar, yo se lo achacaba a unos chorizos frescos que iban colgados para que se secaran, hecho que no ocurrió porque no les dimos tiempo a que perdieran algo de agua.
- El resto de artículos para condimentar no tienen mayor problema, las especias no caducan y si están en sitio más o menos seco, junto a los fogones, siempre hay más temperatura y menos humedad. No tendrán pegas. La sal suele captar mucha humedad, por lo que de los saleros de agujeritos, hay que olvidarse. Un tarro hermético y a meter los deditos en la sal para todo, y con un poco de suerte, el que sazone se habrá lavado las manos después de sacarse un perdigón y sino pues ojos que no ven……. El azúcar va un poco de la misma historia. Lo mejor es un bote cerrado , porque además el puñetero, me refiero al azúcar, tiene una predilección especial para estar esturreada por el suelo Ya no recuerdo las cantidad de veces que se nos cayó el aaaaaaaasuca,. Los aceites, y digo los porque recomiendo uno para freír y otro para crudo De este último más, por ser el que más se gasta. Lo mejor, después de probar aceiteras de todas las clases y estibarlas en todos de sitios imaginables, es ponerlo en un bote con dos agujeros en la tapa. Oye, mano de santo.
- En lo referente a los medios, os podemos contar nuestra experiencia, que fue en función de los medios que tenía el barco. Osea, que nos vino dada y nos las apañamos de la siguiente manera: disponíamos de un horno microondas, pero que siempre funcionó como lo primero. Lo utilizamos para hornear pan y hacer pizzas. Entiendo que uno de butano servirá igual. Y hablando de butano, ¡cuanto le vamos a agradecer al patrón que nos pusiera el gas! Aunque era un coñazo el rollo de, abre la botella y cierra la botellita del gas, que, como es natural, iba en cubierta en un cofre, que, como es habitual en todos los cofres de todos los veleros, aquello era como un cajón de sastre, donde sabíamos que iba de todo, pero en el que nunca encontrábamos nada. Menos mal que como la botella de butanos es grandecica, y además tuvimos la suerte que van pintadas de naranja chillón, pues, como que la encontrábamos con facilidad. Lo cierto es que utilizamos mucho más el hornillo de gas que la vitroceramica. Nos evitábamos arrancar el generador y si lo arrancabas y te ponías a hornear, no podía el motorcito, también, con las planchas eléctricas. Así que nos acostumbramos al gas. Es limpio, silencioso y más rápido. Categóricamente lo que es imprescindible en los fogones, es un sistema para sujetar los cacharros, mientras están sobre el fuego, sin esto no se puede salir a la mar pensando en guisar a bordo. Además cuando no utilazas los hornillos, esta estiba te sirve para sujetar muchos utensilios de cocina, cuando estás preparando algo.
- Del menaje, lo mejor que se nos ocurrió fue utilizar la gran mayoría de platos y vasos de plástico desechable, son también fáciles de guardar, no ocupan demasiado sitio y, lo mejor es que no tienes que lavarlos. Está claro que para comidas calientes los platos no valen, pero, para el resto de lo que preparas, van de maravilla. Los vasos para todo, como el vidrio esta prohibido a bordo, por lo menos en esta tipo de travesías tan largas, porque tendría poca gracia que te pegaras un corte al pisar un cristalico y aunque no es una herida de guerra, aunque te suturen y te den cobertura antibiótica, el saber que no vas a tener asistencia hasta dentro de un par de semanas, pues agobia un poco. Además lo que si está claro y fastidia un montón, es perder a un tío para las guardias, durante casi toda la travesía. Así que vidrios los justos. Yo entiendo, porque soy el primero que estoy de acuerdo en eso, que un cubata no sabe igual en vaso de plástico, y que el Ribera de Duero reserva, que bebimos en Nochebuena es casi un sacrilegio tomarlo en la taza de los sopicaldos. Pero tanto con el vino como con los cubatas, te sientan mal los primeros tragos. Después te acostumbras. Ya te tomarás todos los que quieras, en vaso de tubo o en copa, cuando estés de crucero por Ibiza este verano. La vajilla de plástico resistente, la sacas solo los domingos o cuando tengáis invitados, que en mitad del océano vais a tener una vida social increíble. Los cubiertos de inox. van muy bien. Es lo que menos te importa lavar. Se dejan a remojo en agua salada, y después, un par de restregones y, como nuevos. Los de plástico terminan por echar olor. Lo del agua de lavar es “very important”. Mucho más de lo que te piensas. Si podéis instalar en el fregadero un grifo de agua salada, no lo dudéis. Aunque ese mes no te queden cuartos para comer. Oye, ¿ porqué será que el que mira el mundo a la náutica desde fuera, se piensa que los que navegamos estamos forrados ? Ha habido algún imbecil, pero éste si que tenía barco y, además, Precioso. De esos de madera; de los que tienes que tener un negocio de ferretería para poder llevarlo arreglaíco; que cuando he cuestionado el precio de alguna cosa relacionada con el barco, me ha dicho: “si no te puedes permitir tener un velero, dedícate a otra cosa”. ¿Qué le puede uno responder a un gilipollas así? Pues te callas y piensas que pobretico, bastante tiene con ser tan capullo. Luego te enteras que está peleado con todos los navegantes deportivos del hemisferio norte y, que en el sur pasan de él, y que su cubierta, de flamante teka, es la más meada en todos los puertos en donde atraca. Así que como dicen en mi tierra…. ¡déjalo mas se merese!. Pero bueno, estábamos en lo del agua para fregar. El ahorro que supone lavar con agua del mar, compensa con mucho, hasta que tengas que sacar un cubo y usarlo en el fregadero. O si la yupeee te lo permite, sacar los cacharros a popa y limpiarlos allá. A nosotros, la yupeee nos dio un resultado im-presiomante. Teníamos una bomba que nos mangueaba toda el agua salada que quisiéremos, y mira que le sacamos partido. Era muestra playa particular, nuestro solarium. Alli nos duchábamos. En ella hacíamos la fregaza, lavábamos la ropa, la enjuagábamos dejándola arrastrar en el mar por la popa. Nos servía de tendedero y de perfecta plataforma para pescar. Hasta teníamos una silla de combate; no para combatir desde ella con alguna buena pieza, sino por que hay que ver la lucha que tuvimos con la dichosa silla de la playa, que llevábamos para tomar el sol. Siempre estaba en medio, como los jueves.
Los cacharros de cocina es algo, entiendo yo, muy particular de cada tipo de travesía, del numero de tripulantes y de sus gustos, de la época del año y de las ganas que se tenga de empringarse en la cocina. Pero conviene pensar muy bien lo que vamos a necesitar, porque estos cachivaches tienen una malaostia para guardarlos que es la leche. O sea, solamente los estrictamente necesarios, entre los que incluiría un termo para café, y una tetera para calentar y servir agua.
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Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero. Qué le voy a hacer, si yo nací en el mediterráneo.
"A veces es mejor callar y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas". Groucho M.
Editado por sumeke en 12-11-2008 a las 00:51.
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