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Antiguo 09-10-2008, 04:49
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: convivencia en una travesia oceanica II

Con esto acabo el tema del avituallamiento.

Esto me sale en negrita al copiar y no se porque

Una buena proposición por parte del gran chuto, fue el que utilizáramos los típicos trapicos de cocina; esos que antes se regalaban, en paquetes de media docena, a las mozas casaderas para el ajuar y, hoy, en los Todo a Cien, te los dan a mansalva. Son muy prácticos, si solamente se utilizan para secarse las manos. Si los guarreamos, dadas las dificultades para lavar, debemos de tirarlos enseguida. Por eso funcionan mejor los rollos de papel de cocina, en plan industrial, siempre y cuando, eso sí, seamos capaces de colocarlos de forma que se desenrollen cómodamente, y que en los balances no se conviertan en un arma de guerra acechante y traidora, que deliberadamente ataca sin piedad cuando, estás oyendo, por diezmilésima vez, de Barry Whithe, mientras cortas el pan, justo enfrente de donde va colgada, y es capaz de romperte la trompa. Vale para todo: limpia, fija y da esplendor. Además de que secar, es antideslizante; te puedes sonar los mocos; sirve como limpia-morros alternativo. En fin, casi casi, se puede hacer de todo. Es como las señoras cuando tienen que usar esas cositas con alas “esos días”. Con él te sientes seguro; te sientes cómodo; te sientes bien. Lo cierto es que son muy, muy, útiles a bordo.

Sobre la superficie de trabajo de la cocina, es recomendable colocar, para que las cosas no se resbalen, recortes de una especie de material de plástico esponjoso y agujereado, muy maleable, de venta en cualquier ferretería y que da un resultado genial. De este mismo material, se pueden cortar a medida, unos manteles para la mesa del salón y de la bañera. No tienen la alcurnia suficiente para ponerlos cuando invitas a cenar a la señora Marquesa, pero en las latitudes en las que se navega, hay pocos Grandes de España. Aquí lo único grande aparte del océano, que no es grande, sino, inmenso el jodío, son los tíos que se atreven a cruzarlo. ¡Con un par!, desafiando a los elementos y aguantando al compañero de guardia. Así pues, sobre el mantelico de agujeros, los platos no se caen, se limpia muy bien y da un toque cutre al salón.

ya se ha quitado lo de la negrita, cosas de la informatica

Hay que llevar un cierto control de lo que se va consumiendo. Si por un “suponeee”, has tenido el acierto de ir anotando, cuando metías los víveres a bordo, donde está cada cosa, si la ansiedad y el estrés del momento te lo permitieron, te ayudará mucho para controlar lo consumido. Nosotros conseguimos un plano del barco, (sinó lo dibujáis) y en él se fue reflejando donde se guarda cada cosa; en que cantidad y sus caducidades. Luego, ya en la mar, intentas más o menos, ir restando cada día lo que se gasta; suele dar muy buen resultado y te ayudará bastante a confeccionar platos, el saber, en función de lo que quede, que es lo que más te interesa gastar y que debes dejar para una posible fiesta improvisada. Que las habrá. Parece complicado y que te robará mucho tiempo; pero no, y además, tiempo te sobra para todo.

El comer bien durante una situación prolongada, que puntualmente puede llegar a ser físicamente dura. Y tensa y angustiosa, a veces, a nivel psicológico, es fundamental. Recuerdo un domingo negro, pero en todos los sentidos. El cielo cerrado de nubes negra;, lloviznando; con una mar de costado de ola grande e impersonal incomodísima; el ambiente húmedo de varios días, sin poder secar nada, por no poder abrir los portillos; cansados de aguantar maretones. Fue el único día que no levantamos la mesa del salón; que bajábamos todas las noches para hacerlo cama. Todos dormitaban donde podían. Entrabas de guardia de mala gana, poniéndote un traje de agua mojado; y las caras no eran precisamente de felicidad. Hasta que se me hincharon las narices y, haciendo de tripas corazón, porque no me apetecía absolutamente nada, me las apañé para preparar unas albóndigas en salsa, que si bien no apetecían mucho, al menos estaban calientes, bastante buenas, y el trajín de prepararlos, harto complicado, por cierto, por los insufribles balances, sirvió para que el ambiente se relajara, y comenzaran las risas, las bromas y el buen rollito.¿y en nochebuena? Pues Paco se lío la manta a la cabeza y se preparo el solico toda la cena, que si no llega a ser por el cenamos sopa de sobre y con suerte embutido, porque había morriña y pocas ganas de hacer nada. Como es natural después de cenar como reyes y engullir 4 botellas de rioja reserva, alguna de cava, café, coñac y los puros de todas las bodas a las que me invitaron en el último año. El ambiente cambió radicalmente, y no cuento como terminó por respeto al decoro y a las buenas costumbres. Esto es necesario, con el estómago saciado y además de lo que te gusta, todo es mucho más llevadero. Tras una buena comida y un par de botellas de vino, el tomarte tranquilamente el café y el fumarte un par de cigarros, sentado en la mesa, todavía sin recoger. Haciendo bolitas con la molla del pan que ha sobrado, y tirandoselas al comensal de enfrente. A la vez a que se te pega al antebrazo la cucharilla del flan de tu compa de al lado. Al mismo tiempo que observas ensimismado con que maestría, comparable a la de un maestro de esgrima, utilizan los palillos algunos de los tripulantes, eso si tapándose la boca. Mientras se oye en cubierta un esplendido booorrrruaaaaaahhhh seguido de un ¡perdón, pero este no vale para el concurso porque, no me lo habéis cronometrado!. Y así con este saber estar en la mesa (que se describe mas ampliamente en el capitulo: como hacer el energúmeno en una mesa fisna y delicaa. del libro: usos, costumbres y otras animaladas, para navegantes hartos de tanta agua). El prolongar la charla distendida, amena y muy constructiva de la sobremesa, es una terapia “cojonuda”. En este marco, se comentaban los problemas, aciertos, errores y cosas sin hacer, de todo lo referente al barco y a sus tripulantes. Si había algo que no te parecía bien, o alguien había hecho algo con lo que no estabas de acuerdo, o si al contrario, no había hecho lo que le correspondía, sin decir quien, pero si el qué, se lanzaba al aire una protesta y os aseguro que la recibía a quién iba dirigida. Esto nos fue muy bien, y nos ayudó en las relaciones personales. Alrededor de una mesa, y con sensación de plenitud, las cosas se ven con una óptica distinta y casi siempre optimista.

Debemos andar muy “al loro” con las vitaminas, fruta fresca, leche y zumos con vitaminas añadidas, solventan bien el aporte de vit. C. La cerveza, por suerte para algunos, aportaba mucha vit. B, aunque si esta anodina e insípida bebida, tuviera las mismas vitaminas que un espiche del 9, también la hubiéramos tenido que racionar, para que durara hasta el fin de la travesía. Hay que incidir mucho en el consumo de vitamina A, por la excesiva exposición al sol, puesto que mas de uno se puso de un tono encarnadito ligon de playa, y esto tiene como contraindicación, el sobrecalentamiento cerebral, también denominado en nuestra región, estaa con loo sesoo recisioo, con el consiguiente prolapso de meninges por los agujeritos de la nariz. Las proteínas no supongan ningún problema, pues al contrario de las vitaminas, no les afectan el estar envasadas en conserva para tener todo su valor nutritivo, también es cierto que gracias a mi inigualable pericia y al tesón de Paco en el asunto de la pesquera, los aportes proteicos estaban asegurados, incluso de más. Algunos tuvimos que tomar pastillitas para que no nos subiera mucho el ácido úrico, aunque otros tomaban pastillitas pa poder ir sultesicos, pues peoo pa elloo. Aunque la cuestión sanitaria es un capitulo aparte y gracias a dios, tremendamente escueto, en lo referente a actuaciones, pero consejitos y recomendaciones si que conviene comentar, a tenor de las hipocondrías paranoias y pequeños accidentes ocurridos a bordo, pero ya lo haré mas adelante. Los carbohidratos, son auténticos maretones, por usar el argot mariñeiro, calóricos. Lo que en nuestra dieta habitual y a nuestra edad, miramos con lupa, en mitad del océano lo podemos consumir a pajera abierta. El sempiterno movimiento, las continuas maniobras de las velas, el regular la temperatura tras un chubasco o al ponerte ropa húmeda, son actividades de un importante gasto energético, pero que se contrarresta mas que suficiente, con la zanpada a bollería de por la mañana, con los bocatas de pan recién horneado o con los frutos secos del aperitivo y de todo eso íbamos sobrados, ¿quien no se va comer un platanco de espagueti con salsa al estilo Fernand du Chateau?, que no es otra cosa que la salsa boloñesa de bote, pero tratada con cariño y con el toque personal del que suscribe, es imposible, el no probar un plato de pasta así, si la mar esta buena, es un falta contra la moral y las buenas costumbres. Con las grasas si que no hay problema, el aceite casi diario de las ensaladas, el embutido, los frutos secos, el pecado tanto fresco como en conserva, la leche, las carnes, aunque pocas en esta ocasión y muy a mi pesar. En casi todo teníamos la cantidad adecuada del elemento que le hace a los alimentos el estar tan sabrosos. Y de una forma sana, por que apenas si usábamos los fritos, primero por seguridad al cocinar, una quemadura de aceite se las trae, segundo por el tufazo que se lía en el barco a aceite requemao, y con lo del gatico ya tuvimos bastante. Ahora, de un chorrito de la aceitera, había pocas cosas sobre la mesa que se escaparan.

Tampoco hay que rebanarse los sesos con tablas de aportes calóricos. Aunque el ejercicio físico, es grande el cuerpo te va pidiendo lo que necesita acorde con su gasto, solo hay que estar un poquico pendiente de si alguno no come hasta donde debe. Por comida de coco o por que de por si, come menos que un pajarito y obligarle a papear
El cruzar el Atlántico no está reñido con la buena mesa. Con un poco de ganas, idea, un mínimo asesoramiento y un poco del menos común de los sentidos, se puede gozar, sin privarte de nada, de una cocina en condiciones y de una alimentación sana. Y uno esta ahí para que esa necesidad se convierta en una satisfacción. Sin importarle el trabajo. Sin importarle las penurias, que a veces las había. Sin importarle las críticas, que en este caso hubo pocas y todas constructivas. Solo le importaba y creo que lo consiguió, hacer bien su cometido, intentar crear buen ambiente, afianzar amigos y disfrutar de ese tesoro tan poco valorado que es la amistad.
Porque entre otras cosas, como dice uno de los muchos cocineros que salen por la tele, “el buen alimento mejora el entendimiento”.

BUEN PROVECHO
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Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero. Qué le voy a hacer, si yo nací en el mediterráneo.

"A veces es mejor callar y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas". Groucho M.

Editado por sumeke en 12-11-2008 a las 00:51.
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