Tras la larga sobremesa nos fuimos, pues los de la cantina los pobres estaban ya deseosos de cerrar para descansar un poco. Y como en la comida el vino fue abundante y arrastrábamos sueño echamos una siestecita para reponernos. Después nos liamos a cambiar bujías. Bueno, las puso. Mi compañero es todo un currante… En ese rato nos visitaron 2 cofrades más, Tanit, que casi siempre llega hasta mi pantalán con su barco, y el cofrade ABBA, que es uno de esos afortunados que sale habitualmente a navegar siempre acompañado de su encantadora mujer. Más charlas y… ¡¡¡aún no habíamos comprado!!
En Carrefour compramos picoteo que no nos obligara a encender fogones: tablas de ibericos, patés y quesos, y alguna cosilla más. Tenemos los mismos gustos así que no hubo problema, le encanta el queso, tooodos los quesos. La idea era llegar, estibarlo todo y salir esa misma noche pero cuando estábamos de regreso en puerto el viento soplaba muy fuerte, nos enredamos a hablar y al final nos quedamos dormidos. ¡Otro día perdido! Bueno, perdido no, en absoluto, que esos ratos de puerto son muy valiosos, te permiten navegar en las almas de otras personas, ver su modo de ver la vida, etc.
Al día siguiente madrugamos, de nuevo ducha y un desayuno frente a la mar nos cargó de energía. La mañana se presentaba espléndida, con una brisa ideal para navegar. Así que dispuestos a ello arrancamos motor y lo de siempre: el cabronazo dice que no arranca. Fue ahí cuando descubrimos que las nuevas bujías no servían, eran muy parecidas pero no las mismas. Yo empecé a cabrearme, ¡¡joder!! ¿es que siempre tiene que pasar algo que me impida salir? Siempre que me han mirao el motor dicen que está bien, pero funciona cuando quiere. Tras varios intentos, mi compañero me dio grandes lecciones de templanza, que me serenaron bastante. Abrimos unas cervezas y nos fumamos un par de cigarros. Nuevo intento y… arrancó a la primera. ¡¡Siempre hace lo mismo el muy jodío!!
El mundo cobró de nuevo una luminosidad especial. Salíamos ¡por fin a navegar! El cosquilleo en la tripa previo a soltar amarras, la emoción y las ganas y el mono, el mono desde hacía semanas de mecerme entre las olas. Puesto que mi compañero no ha navegado apenas, lo suyo es volar, le propuse salir para que se hiciera al barco, dar una vueltecita, un bañito y regresar para comer. Descansar y hacernos a la mar por la tarde, para navegar por la noche, ya que la navegación nocturna es algo muy especial.
Así hicimos, al poco de salir el viento comenzó a caer, nos dimos un baño, el agua cristalina, y de vuelta a puerto fuimos de nuevo a la cantina para dar cuenta de un arroz con bogavante. El bogavante no pudo ser, no tenían, pero nos hizo una enorme paella mixta que estaba de escándalo, y como preludio nos sirvió unas gambas al pil pil. Mal no comimos, este finde me iba a costar un mes de ayuno completo.
Cabezadita en la bañera, café y…. como se nota que los días son más cortos, salimos cuando el sol ya había caído. Antes repostamos, y llevé un par de garrafas de gasolina de sobra, pues en Almería o tenemos calma chicha o levantera, raro es el término medio. Para variar, nada más pasar la bocana el motor se paró. A mi me empezó a dar el acelero…. ¡¡¡ya estamos liados otra vez!!! El motor arrancó enseguida, como siempre, es uno de los típicos fallos a los que me tiene acostumbrada, unque lo han revisado y dicen que está bien. Lo que pasa es que cada vez tengo menos paciencia con estas cosillas. Nuevamente el compañero me dio una magistral lección de cómo no alterarse y tomarse las cosas con filosofía. Este hombre es la leche, en serio
El viento no nos acompañaba, llegamos a la altura de Almería en plena línea de paso de Ferrys sin viento (como siempre que paso por ahí) y una vez en el centro de Almería empezó a meterse una brisa que fue un aumento regalándonos una noche genial, en la que poder navegar a vela. A pesar de que las luces de costa matan un poco el panorama, al haber poca luna, y ser una noche oscura, sobre nuestras cabezas un tapiz de estrellas impresionante nos hizo soñar aún más. La pena es que no sé como fotografiar un manto de estrellas con la mierda cámara que tengo
Ya, ya sé que ir a proa por la noche y con alguien sin experiencia a bordo es un delito pero.... ¿y el placer que da ver desde el balcón de proa como tu barco surca los mares?
Mi compañero se puso a la caña, y aunque me dijo que no tenía experiencia en vela me sorprendió. Se hizo enseguida a ella, mostró un instinto especial para gobernar, probaba por él mismo, investigaba y… llevaba el barco mejor que yo. Su rostro mostraba expresiones que me recordaron a mi 1ª salida nocturna, en la que me acompañó piratacojo. El semblante de mi compañero mostraba esa mezcla de serenidad y bienestar, como si estuviera en comunión con el medio. Sí, este chico tiene un don, presiento que va a ser un buen navegante.
Y sigo... que falta el medio recate y desenlace...
