

Después de romper el timón, tirarte por la borda, izarte otra vez con la línea de vida, quedarte sin palo, luego sin motor... ahora el temible Neptuno te persigue con olas gigantes a popa!
Ayyyyy Polen!!!!! Qué le habrás hecho tú al dios del mar!!!!!!!


Bueno... pero entre todas aquellas desventuras, ésta sin duda es la más divertida, siempre que tengas la fuerza suficiente para controlar el timón. Creo que una de las inmensas ventajas de la caña sobre la rueda, es que la caña es mucho más intuitiva y que te "dicta" en cierta manera lo que hay que hacer. Creo que lo ideal es tirar la caña hacia tí (sentada tú a barlovento, claro), lo justo para controlar la orzada, pero sin pasarte para no trasluchar sin querer (lo que te faltaba ahora: el botavarazo en el cogote!) y para mantener un cierto ángulo con relación a la dirección de las olas.
Si corres en la misma direcctión que la ola, es más fácil clavar la proa en el seno, pero si mantienes este pequeño ángulo, tocas el seno de la ola con la amura y no con la roda.
Para evitar el peligro de que las olas rompan en el barco, a mi me dijeron un truco: el de amarrar un cabo de una cornamusa a otra de manera a formar un bucle a popa del barco. Este bucle (además de frenar el barco si se embala) hace que las olas rompan sobre el cabo y no sobre el espejo de popa. De hecho, las olas rompen sobre el primer obstáculo que se encuentran.... no sé si funciona, no lo he probado nunca.
Pero, por lo demás y mientras la situación sea manejable: !!!! A DISFRUTAR!!!! que surfear las olas es una de las mejores cosas que nos puede pasar... Venga! Que arda la corredera!!!


