¿Hablar un barco? No, nunca, por ventura. De las palabras vienen los malentendidos, las broncas y los rencores. Con tu barco te compenetras, te entiendes, le confías tu seguridad y, a poco que lo valores y lo ames, él cuida de ti mucho mejor que tú de él. Compañero de ensoñaciones y fatigas: ¿Quién necesita palabras?
Es sólo mi opinión

