Como es costumbre dejo el enlace de la 3ª crónica y algunas reflexiones y planes
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Si algunas conclusiones he sacado de las experiencias de la gente que he llevado a bordo es que todos los momentos han sido especiales, incluso la cancelación de la 2ª anunciándome un embarazo.
Ahora son muchos los recuerdos que puedo saborear desde la mesa de este gris despacho. Las risas, los chistes, las bromas, los silencios, la paz. Fastidia, mucho, volver a tierra. Fastidia no poder volver a atrás, a esos momentos en los que mientras desde la bañera ves a tu compañero dormir como un niño en la litera, y más allá a proa, ves la noche oscura. Y el silencio tan melodioso de la mar, las olas contra el casco, las drizas, las caricias del viento a la vela. Y vuelves la vista a popa y ves asomar el sol tras el cabo. Y la paz, un extraño sosiego te embarga…
Navegar con alguien puede ser un placer o una pesadilla. Hasta ahora puedo sentirme afortunada. Me quedo con unas miradas unas expresiones, unos momentos imposibles de explicar. Siempre he creído que para conocer a alguien, al menos la esencia de alguien, que al fin y al cabo es lo que realmente vale, solo has de convivir en un pequeño barco en medio de la mar siquiera unos días. Cuando acaba ese tiempo hay 3 sensaciones que pueden producirse (al menos en mi persona): ganas de llegar a casa, satisfacción pero indiferente, es decir un compañero más o marchar con una relajación total y con una sonrisa tan grande como henchido el corazón. Satisfacción en el mayor sentido de la palabra.
Y piensas: sí, he conocido a una gran persona. Me da igual su pasado, me da igual que pueda portarse como un hijo de puta por la vida. Pero ya no me dará igual su futuro, pues solo le desearé lo mejor. He visto su esencia y sé que hay debajo de ese pellejo. Eso me vale. Eso es una de las grandezas de navegar. Que lo superficial se queda fuera, que lo que importa queda dentro. Ojalá muchas personas pensaran como yo, ojalá se trabaran muchas amistades de por vida gracias a esos momentos especiales.
A mi último tripu le dije que no es fácil la convivencia en un 23 pies, ni que sean 3 días, es un espacio muy pequeño, con apenas comodidades, por las noches en la guardia pasas frio, sueño… Me respondió que ahí se ve la auténtica camaradería. Ojalá esta se mantuviera para siempre.
He decidido tomarme 10 días antes de que acabe el año. Diez días en la mar. Tal vez ir hasta Málaga, a visitar a mi queridísimo amigo Yuyu. Mientras llega diciembre, fecha probable, la LSB sigue en pie y mi agradecimiento a los que me han acompañado intacto