Re: Para Miahpaih con hielo y cariño
...y como esto -además de foro náutico- es una taberna, y además de caballeros y damas, sigo con el mismo capítulo de la opus citata, en donde se avisa de los peligros del vodka -particularmente del vodka ruso-.
Avisadas quedan vuestras mercedes.
"El vodka incoloro de los rusos es un alcohol ambiguo y prácticamente bifronte, como el rostro de Jano o la naturaleza espiritual de la hipocresía.
(…) Yo he visto gente que tras una noche de tremenda locuacidad y soltura en el tratamiento y guía de las diferentes conversaciones, variopintas por el estímulo del vodka, se ha quedado petrificada a la hora de pretender levantarse de la mesa. Petrificada y con la mirada fija en el vacío, como dispuesta a encaminarse al retrete o a la cama o a Tombuctú, pero detenida por el dedo incoercible del espíritu del vodka. Y esto en personas respetables y de sesera muy bien puesta.
Y es que el espíritu del vodka se desploma sobre sus elegidos sin dar el mínimo aviso. Parece que se trata de un espíritu festivo y cordial, polemizante y chistoso, pero nada más lejos de la realidad. Cuando decide actuar, lo hace a modo, sin sujetarse a modales ni a cuidados de ningún tipo. Actúa como la blitzkrieg alcohólica y no hay posibilidad alguna de eludir el cuerpo a sus feroces designios.
(…) se han dado casos de personas que al recobrarse de una borrachera de vodka han amanecido hablando lenguas que antes ignoraban, incluso lenguas muertas, como el caso de un profesor de matemáticas astrofísicas en Berkeley, que estando de vacaciones en Estambul se echó al coleto docena y media de botellines de vodka Stolisnaya. Se quedó petrificado cuando intentaba abrir el decimonoveno botellín, y hubo que envolverlo en una manta –sin que fuera posible alterar la imagen estatuaria que componía- y llevarlo su hotel corriendo graves riesgos, pues Turquía se encontraba a la sazón bajo la ley marcial.
El muchacho tardó cuarenta y ocho horas en recuperarse, y cuando lo hizo se le pusieron unos ojos como platos y comenzó a hablar en una lengua extrañísima que ninguno de los que le atendíamos acertamos a explicar ni, mucho menos, a entender. Emitía unos sonidos inarticulados, crujientes y cuchicheantes, pero en absoluto exentos de una extraña armonía. Y por las señas y ademanes quje hacía el citado cuando hablaba, refiriéndose con ellos a las personas y objetos que le caían más cercanos, era posible pensar que aquella lengua que todos desconocíamos no debía de carecer, para él, de una cierta coherencia. No se trataba de inglés, ni francés, ni de cualquier otra lengua romance o anglosajona, ni era turco, persa o yiddish, ni swahili, ni bable, ni afrikáans (que es el idioma que hablan los holandeses de Ciudad del Cabo, en el África del Sur) ni lunfardo…
Era una cosa extrañísima. (…)
Uno de los que asistíamos a aquel enloquecimiento recordó que tenía un amigo en la Universidad de Ankara, en la que pasaba por ser un reconocido lingüista y experto en filología. (…) Al principio el filólogo se limitó a atender al fenómeno con los brazos cruzados y las manos hundidas en las axilas. Después se sentó en un sillón, cerró los ojos y colocó las manos tras sus orejas, a manera de soplillos. Al poco rato dio un salto jabonado de delfín. Quedó plantado en medio de la habitación y como temblando.
Cuando habló, lo hizo con un hilillo de voz. Según él, lo que hablaba nuestro amigo de Berkeley no era otra cosa que griego arcaico, justamente el idioma en que se había compuesto y recitado La Ilíada, un idioma que ningún contemporáneo había podido oir por no haber sido posible reconstruir sus claves fonéticas. Es decir, aquel sujeto estaba hablando en una de las lenguas muertas más muertas de todas.
¿Qué hacer ante aquella tesitura? (…) Hubo quien sugirió la posibilidad de pasearle por las universidades más famosas y los centros eruditos mejor dotados del planeta, cobrando una fortuna por su exhibición, pero no nos pusimos de acuerdo en cuanto al reparto de los hipotéticos beneficios y, además, comenzaba a resultarnos un poco pesada su vehemente elocuencia.
La solución vino como caída del cielo. Alguien puso a enfriar un par de cajas de vodka Stolisnaya. Si es cierto que un clavo saca otro clavo, aquél iba a ser el clavo más crucial de nuestra vida. (…) En esta ocasión llegó a trasegarse la veintena. Y volvió a quedar petrificado.
Dio señales de vida setenta y dos horas más tarde. Abrió los ojos y al vernos a todos alrededor de su cama y mirándole como si se tratara del mismísimo hombre elefante, no se le ocurrió otra cosa que espetarnos un What´s the fucking matter with you? (que en castellano significa algo así como ¿Qué cojones hacéis ahí?) que desplazó toda nuestra consternación. Se había curado.
De manera que hay que andarse con mucho ojo en toda relación con el vodka ruso."
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El Capitán no es el Capitán
el Capitán es el mar. (Jesús Lizano)
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