Al final, cuando me decidí a entrar ... el gorila de las patas flacas no estaba.
En su lugar había un sudamericano bajito, sin cuello, muy oscuro y con mucha dentadura (me dedico una sonrisa desconcertante, como si supiera a lo que iba ...)
Me asuste, saque el monedero, los cuatro euros ... y ya la tengo en casa ...
Me he reído un rato.
Ese humor se merece una pagina fija ...
(y a mi me tendrían de lector fijo tambien ...)
A tu salud


