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Antiguo 06-11-2008, 21:38
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: ¿Y por que nos gustan los faros? y cuales

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Originalmente publicado por Estela Mir Ver mensaje
Perdón, se me ha colado la foto de Castro Urdiales
¡¡Soy una "zote" con el ordenador
Jajajaja hola tocaya de pata palo, ¿ te refieres a este faro?


Y hablando de San Antonio me ha venido alamemoria este otro faro con una gran historia



Y dado que los adivinadores de faros ya no pasan por aqui, te pongo algo que he pillado por ahi sobre él

Mucho camino hay que andar para llegar al Cabo de San Antonio, en la occidental provincia de Pinar del Río, donde funciona, desde el 27 de febrero de 1850, el faro que guía a los barcos que cruzan los mares próximos a Cuba.
El faro de San Antonio, en lo que muchos llaman "la puntita de Pinar" integra, junto al entorno que lo acoge, un sitio fabuloso de leyendas y mitos creados a lo largo de siglos, desde que el español Don Sebastián de Ocampo, a mediados de enero de 1509 avistó el lugar, hecho que determinó la insularidad de Cuba, pues el descubridor Cristóbal Colón, el primero de lo vio en 1494, no le dio la vuelta y pensó que Cuba formaba parte de un continente.
Al colonizador de México, el también español Hernán Cortés se le debe el nombre de la bahía y de la punta del cabo, pues en sus andanzas, cuando se dirigía por primera vez a la tierra de los aztecas, carenó una de sus naves en la actual albufera de Cortés, nombrada así en su honor, al igual que las otras partes del territorio.
Aún cuando en 1587 comenzó a poblarse la zona con algunos colonos peninsulares, lo cierto es que piratas, corsarios y aventureros de todo tipo utilizaran sus costas para pasar las tormentas, reparar sus naves y desde sus escondites, vigilar las naves que iban cargadas de riquezas desde el continente suramericano hacia España.
Para aquellos barcos, el cabo de San Antonio era un punto obligado de referencia, e incluso la voz popular dice que allí enterraron parte de aquellos tesoros para no entregárselos a la Corona y después volver por ellos.
A esta pléyade de bandidos se unieron los llamados raqueros, que saqueaban los buques que naufragaban en la zona. Incluso se cuenta que estos individuos montaban faroles encendidos en animales, y hacían creer a los barcos que se podían navegar por aquellos rumbos, cuando en realidad iban hacia un naufragio seguro.
Aquella situación, que se prolongó durante muchos años, hizo que en 1771 el intendente del Ejército, Manuel Altarriba, comunicara a sus superiores la necesidad de abrir un camino hacia el Cabo para construir allí un puesto de vigía y alejar a los filibusteros y contrabandistas, muy comunes en la zona.
Sólo en 1843 la Junta de Fomento aceptó la construcción de varios faros, entre ellos el de San Antonio, que no pudo concretarse por falta de fondos.
Correspondió al Capitán General Federico Roncali -con su apellido se designó al primer faro de San Antonio- decidir la construcción de aquel elemento de guía para la navegación, tan importante en el extremo insular.
El faro, aun sin terminar, se inauguró el 27 de febrero de 1850, cuando la torre medía 82 pies y seis pulgadas, pero solo apoyado por fogatas. Meses después, se haría conocer en el mayor esplendor.
Según descripciones de la época, la torre era de sillería troncónica, salvo las bóvedas de los pisos de las cinco habitaciones de servicio en que está dividida la torre, sin contar el de la linterna. A la puerta de entrada, situada a 34 pies del suelo, se ascendía por una escalera, a fin de evitar los asaltos de los delincuentes de la época.
La luz que proyectaba el fanal y aparato abarcaban 31,44 metros sobre el nivel del mar, con una óptica de segundo orden de Fresnell, construida en Francia. Cada medio minuto, la luz se expandía a 29,9 millas y un alcance geográfico de 16 millas. Al principio funcionó con aceite de oliva refinado.
En un anuncio publicado en La Gaceta de La Habana se informó a la población que desde el día 15 de septiembre de 1850 se encontraba en funciones la torre del Cabo de San Antonio, bajo el nombre de Faro de Roncali, y su primer torrero Julian N. Lago.
Muchas historias se narran sobre el servicio que este faro ofreció a los insurgentes cubanos durante la guerra de independencia, pues por él se guiaban para el traslado de sus armas y tropas.
Modernos equipos, mayores comodidades para los torreros y sus familiares: muchos cambios ha sufrido el Cabo de San Antonio y su faro, dotado en la actualidad de los medios de seguridad para la navegación. Las mujeres y hombres que viven en el área disfrutan de las comodidades de la vida moderna, no falta una carretera para llegar hasta el inhóspito lugar, ni tampoco el médico. La protección para el torrero y sus parientes está garantizada. Y el añejo faro, ahora, como antes, brinda a los marineros de todos los continentes una guardia segura para llegar a su destino.
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