13/11/2008
A las 06:30 oigo el teléfono de Jorge, que actúa de despertador. Nos ponemos en pié poco a poco, para no asustarnos a nosotros mismos de esa hora tan temprana… ¿habrán puesto el mar ya?.
Comprobado que así es, mientras desayuno, Alberto y Jorge se van a duchar. Ellos son de ducha mañanera y yo soy de vespertina. Terminados nuestros quehaceres, soltamos amarras y, a las 07:35, salimos de Cartagena. El día se anuncia espléndido.
Cuando quiero poner en marcha a nuestro amigo Henry, el piloto automático, resulta que se niega a funcionar. Parece ser un fallo en la toma de corriente. Desmonto en enchufe, lo repaso, lo vuelvo a montar y… Nada.

Vuelta a lo mismo y… NADA.

Juramentos en caldeo, arameo, aracago y tagalo no consiguen nada.

Vamos a la antigua, es decir, a la rueda.
Se levanta el viento. Aunque estaba anunciado un N de F4 a 5 (lo acabábamos de oír por el VHF) es un NW de F2 a 3. No importa. Nos viene bien porque llega del través (vamos al 240)
Poco después le doy otro achuchón a maese Henry, mientras Alberto se toma el turno de la primera siesta. Reacciona y se pone en marcha.

Moraleja: hay una cierta holgura en el enchufe. Habrá que apretarlo un poquejo para que no vuelva a suceder. ¡Otra cosa más a la lista interminable de las cosas a hacer!.
La mañana se desarrolla sin problemas. En viento cae, luego se levanta, vuelve a caer y, finalmente se establece en un F3 que nos lleva a una media de 6,5 nudos, con puntas de 7.
Cervecitas y tal mientras Alberto se despierta. A las 13:45 me pongo a hacer la comida, famous patatas and costillas. Vemos que, al ritmo que vamos, llegaremos a Garrucha prácticamente cuando estén listas para zampar. Alberto dice que haríamos de muy mala leche todo eso de amarrar, hacer la entrada, papeleos y tal y además, ¡que co*o! que hace hambre y, ya que estamos navegando, hay que zampar en el mar. Pues quitamos velas, ponemos motor a 1.500 rpm y… a zampar tranquilamente navegando a 2,5 nudos. Al acabar la comida estamos a 1,2 millas de Garrucha. Ahora si se pueden hacer las cosas de buenas maneras.
Llamo por VHF. Ni caso (pero es habitual, luego la cosa va bien). Me dirijo al muelle del gasoil y amarro. Al poco llega el marinero, me da la hoja de entrada (consideran el pantalán del gasoil como dos amarres para transeúntes y cobran). Charlamos un rato y nos vamos a echar la siesta.
Antes de echarme a dormir oigo: ¡buenas tardes!. Me asomo. Es un picoleto para preguntarme fecha de nacimiento (supongo que para felicitarme dentro de poco) y DNI (no los había puesto en la hoja de entrada). Se los doy de viva voz, me da las gracias y se pira. Fenómeno: no es el típico plasta.

Me voy a dormir o a intentarlo, como se verá más tarde.
A punto de cerrar los ojos me llama mi almiranta para ver que tal vamos (había dejado un tiempo prudencial para respetar mi hora de siesta). Le digo que muy bien y todas esas cosas. Hasta luego… ¡A dormir, por fin!.
Pues no. Treinta minutos más tarde me llama un amigo, antiguo compañero de travesías, desde Australia.

Charlamos un buen rato. Hasta otro día, buena suerte… ¡A dormir!.
Pues tampoco. A la media hora, nuestra cofrade Polen me llama para ver que tal la travesía de hoy. Nota algo raro, porque me pregunta: ¿te he despertado?. No. No. ¡Que va!.

Nos vemos mañana o pasado. Hasta luego… Se acabó. Ya dormiré por la noche (espero).
Mañana el resto.
