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Predeterminado Re: Colón, la estima y esas cosas que tanto nos gustan

Hola a todos

He estado de viaje y me perdí este magnífico hilo, y me dije : mala suerte el hilo desgraciadamente murió; pero le he estado dando vueltas a la cabeza y no puedo dejar pasar el papel tan irrelevante que se le ha dado a los marineros de mi tierra ya que se ha encumbrando a Colón como un científico y casi un sabio navegante y al resto una chusma que le acompañaba .

Pues esa chusma primordialmente eran marineros de Palos, sí esas mismas gentes de Huelva que estuvieron en la expedicion Magallanes-Elcano o en la extraordinaria expedición de Solís al Río de la Plata que 1515 saldría de Lepe y que casi nadie conoce pero que fué un desafío del hombre y los barcos contra la naturaleza salvaje.

Los marineros de Palos destacaban del resto porque las actividades marítimas fueron una auténtica necesidad de subsistencia. Esta realidad les empujó a ejercer, junto con los del Puerto de Santa María, un claro predominio en las navegaciones atlántico-africanas ya que sólo estas dos villas organizaran, durante la guerra peninsular, armadas particulares para ir a Guinea.
Los palermos poseyeron una experiencia y una superior capacidad para las navegaciones atlánticas que muchos autores no dudan en afirmar. Tal pericia de la marinería palerma se demostró, muy especialmente, en la competencia que siempre mantuvieron con los excelentes navegantes portugueses.

Bueno pues se estableció Palos como puerto de partida y los Reyes le dieron a Colón la Paragmática para apoderarse de las naves y reclutar marineros.
Eligió las naves ; pero ¿que hacía Colón en Palos con este papel real :

Sabedes que nos habemos mandado a Christobal Colon que con tres carabelas vaya a ciertas partes de la mar oceana como nro. capitan (...) por ende nos vos mandamos a todos e a cada uno de vos en vros. logares e jurisdicciones que cada quel dicho Christobal Colon hobiere menester....
Archivo Gral. de Indias Signatura: PATRONATO, 295, N.4.

Pues nada.
Para tratar de comprender mejor este endiablado asunto habrá que remontarse a lo sucedido meses antes, cuando Colón, que para entonces ya había firmado las controvertidas Capitulaciones de Santa Fe con los Reyes Católicos, se dispuso a enrolar tripulantes para su descabellada aventura marítima. Todo sucedió el día 23 de mayo de 1492, que cayó en miércoles. El Almirante se dirigió caminando a la iglesia de San Jorge de Palos de la Moguer (Huelva) acompañado por el fraile franciscano Juan Pérez.
Una vez allí, el escribano Francisco Fernández leyó la Real Provisión de 30 de abril dictada por los reyes Isabel y Fernando en la que se daba cuenta del nombramiento de Colón como capitán de una armada a la que Palos debía contribuir cediendo carabelas ("aderezadas e puestas a punto") en cumplimiento de una condena anterior a la que el pueblo había sido sometido y que establecía que habría de prestar tales servicios cuando la realeza se lo requiriera. Sin embargo, eso no obligaba a los marineros a embarcarse en aquella aventura.

Y no lo hicieron. El desconocido Colón no inspiraba confianza, y mucho menos el incierto destino de aquellas naves: irían, les dijeron, "a ciertas partes de la Mar Océana". Colón no tuvo suerte y sólo logró alistar para su proyecto a un puñado de delincuentes, de los que se dice que les eximieron del cumplimiento de su pena. Sin embargo, el negro panorama cambió cuando entró en escena un marino y armador nacido en la localidad onubense cuyo nombre era Martín Alonso Pinzón.

El tal Martín no era un pelanas .Todos los testigos de los Pleitos coinciden en que, de no haber ido Martín Alonso en la expedición, ningún marino de la comarca hubiese acompañado al genovés (o lo que sea ,que ahora es lo de menos), al menos por propia voluntad. La empresa de Descubrimiento se nos presenta, pues, con dos líderes indiscutibles: el líder «oficial» de la Corona y el líder natural de la marinería local.

Pero este líder onubense en ese momento estaba en Roma ¿Qué hacía el marino en esta ciudad? Unos textos hablan de que llevó hasta allí un cargamento de sardinas; otros sostienen que había transportado un regalo de los reyes al papa Inocencio VIII: una carabela llamada Condesa.
Pero lo más sorprendente es que todos los testimonios coinciden en que Alonso Pinzón visitó la Biblioteca Vaticana. Esa inquietud intelectual ¿resulta lógica en un marino onubense de la época? Una declaración de un tal Antón Fernández Colmenero que se encuentra en el Archivo de Indias explica qué se traía entre manos: "Oyó dezir destas escrituras (las que al parecer trajo de Roma Pinzón) contenidas en esta pregunta al mismo Martín Alonso quél avía traydo el traslado de Roma, e se las oyó leer al dicho Martín Alonso, e que lo que sabe esto por queste testigo vino de Roma con el dicho Martín Alonso".
Pero Pedro Alonso Ambrosio se pronunció al respecto con mucha mayor claridad en su declaración durante los Pleitos al asegurar que Martín Alonso había traído de Roma "la ynstruyçión de la navegación". Es decir, según estos testigos, obtuvo en Roma, en la Biblioteca Vaticana, algunos mapas o cartas de navegación que fueron claves para materializar lo que se ha venido a llamar el Descubrimiento. Y tal vez no fueron decisivas en lo que a Colón toca, puesto que éste sabía con certeza en qué consistía su proyecto.
No en vano en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492) los monarcas le concedieron títulos y prebendas "por lo que había descubierto" y no por lo que esperaba descubrir. Pero sí lo fueron en la decisión de acompañarlo que adoptó Pinzón. Así, el 23 de junio, tras regresar de Roma, Pinzón y Colón iniciaron la tarea de reclutar marinos para aquella loca aventura. Y los marineros locales se decidieron porque era Pinzón quien conducía la empresa.
Y también los barcos , ya que desechó los que había elegido Colón.

Tambien se ha hablado de las diferencias sociales de la época y no había quien le tosiera a un Almirante y es verdad porque la máxima autoridad en un navío del siglo XVI era el capitán general, pero cuando se trataba de una flota, grande o pequeña, entonces el almirante era el jefe supremo. Mientras el capitán era autorizado por el Consejo de Indias, la autoridad del almirante provenía del propio rey.
En el caso de Colón, dado que para entonces sólo había otro almirante, se tuvo que llegar a un acuerdo excepcional, como quedó registrado en las Capitulaciones Santafesinas de abril de 1492, acuerdo que además fue refrendado con la doble firma del rey y la reina. A partir de ese 30 de abril, Cristóbal empezó a llamarse Don Cristóbal, Almirante de la Mar Océana ad perpetuam y virrey de cuanta tierra firme o isla se hallara, recibiendo el diezmo de cuanto se sacara de las nuevas tierras, el octavo de los negocios que se hicieran y hasta sería juez en los litigios que ocurrieran por esa causa. Mayor suma de autoridad ciertamente no había tenido nadie hasta entonces en España.

Como almirante de la flotilla, Colón tenía privilegios desusados, al punto de ser el único que tenía camarote en La Santa María. Los demás debían acomodarse en las bodegas o, si les placía, yacer arrinconados al lado del castillo de popa. La tripulación debía dormir sobre cubierta en las noches serenas, pero en las tempestuosas, si acaso podían buscar abrigo bajo las velas.
Los capitanes de las dos carabelas, Vicente Yáñez Pinzón, de La Niña, y Martín Alonso Pinzón, de La Pinta, debían subordinarse a Colón, pero bien sabemos hoy que el ascendiente sobre los tripulantes que tenía Martín Alonso, sus conocimientos náuticos, el llevar él mismo la delantera, e incluso algunos mapas, hizo que más de una vez fueran suyas las iniciativas. Fue él quien de hecho forzó a Colón para proseguir el viaje en altamar cuando le faltaban las fuerzas, fue él quien aseguró que se habían pasado de Cipango y quien, en consecuencia, llegó primero a Haití, fue él quien llegó primero a España, en el tornaviaje, muy dispuesto por cierto a demandar a Colón ante los reyes.
Ser capitán de nave española en el siglo XVI no era, precisamente, cargo para "lobo de mar", sino que se otorgaba como graciosa concesión a personas de buena posición social, firmeza de carácter y don de mando. A su lado, los maestres eran los conocedores del mar y los verdaderos técnicos en la ciencia y arte de marear. De Colón fue maestre el cosmógrafo Juan de la Cosa, de quien tenemos el que muchos consideran como el primer mapa de América. La Cosa murió en Cartagena durante un combate con los caribes. De Vicente Yáñez Pinzón fue maestre Juan Niño, precisamente uno de los dueños de la carabela que llevaba su nombre, y de Martín Alonso Pinzón fue maestre su hermano Francisco Martín, artista en largar velas y hacer nudos. En fin, los pilotos, encargados de cuidar el rumbo, fueron Peralonso Niño, Sancho Ruiz de Gama y Cristóbal García Xarmiento, todos onubenses, esa chusma...
Y no se ha reparado en el hecho de que las rigurosas jerarquías de corte militar que normaban los viajes descubridores tuvieron cierta flexibilidad en esta famosa primera navegación al Nuevo Mundo, pues constituían una verdadera hermandad de vecinos y familiares. Los Pinzón, los Niño y los Arrea, los Medel y los Quintero sumaban la cuarta parte de todos. Tenerlos contentos era cuestión de familia, y ello explica también la importancia de Martín Alonso.

Colón le dijo a Martín : "Señor Martín Alonso Pinçón, vamos a este viage que, si salimos con él y Dios nos descubre tierras, yo os prometo por la Corona Real de partir con vos como un hermano".
Per el clima de buenas relaciones entre Martín Alonso y Colón acabará cuando el primero se adelanta con la Pinta, llegando antes a la Española. Este hecho se ha interpretado a menudo como una deserción, pero ¿hubiera desertado Martín Alonso sin llevarse a sus hermanos?, y si desertó, ¿por qué regresó posteriormente? El propio Colón había alabado las cualidades marineras de la Pinta, e igualmente sabemos que Martín Alonso iba a la cabeza de la flotilla, por capitanear la nave más veloz, cuando el Almirante decidió cambiar el rumbo. Sea como fuere, el incidente indignó a Colón. A partir de aquí las diferencias entre ambos se hacen manifiestas. Colón se muestra excesivamente celoso en la reivindicación de su gloria y sus prerrogativas, mientras la autoridad efectiva y cotidiana de Pinzón había ido creciendo entre la tripulación con la resolución de cada problema. Cuando Colón decide regresar, los Pinzón le manifestaron que deseaban seguir explorando. Colón consideró esta actitud como insubordinación y amenazó con la horca al palermo, respondiéndole éste: «... eso meresco yo por averos puesto en la honra que os he puesto». Morales Padrón comenta al respecto: «Hay una tremenda nota de amargura y elegancia en esas palabras, con las cuales Martín Alonso recuerda al ya Almirante que no ha muchos días no era sino un don nadie, sin prestigio ni dinero, mendicante en Palos y Moguer, algo que sólo la participación de Martín Alonso fue capaz de lograr».
En realidad estos roces eran inevitables. El palermo había ido reafirmando su valía a lo largo del viaje. Y a Colón debió sorprenderle su capacidad de decisión y sus dotes de mando, que le iban relegando en el liderazgo efectivo de la expedición. Así, el genovés, que al comienzo de su diario calificaba a Pinzón de «persona sforçada y de buen ingenio», debió mirarlo, después de las primeras fricciones, con cierto recelo. Aún hubo más, pues Martín Alonso aseguró al Almirante que irían a España «y oyrnos han por justiçia», por lo que debía sentirse respaldado por algunos hechos que desconocemos. Tal vez por ello, Hernán Pérez Mateos, primo de Pinzón, declaró que Colón no se había reunido con su primo a la vuelta «porque le había miedo ...no se sabe por qué causa».

Sea como fuere lo cierto es que el día en que tomó posesión de San Salvador, 12 de octubre, Colón ofrece 5.000 maravedíes a Martín en reconocimiento de la coautoría del hecho y, por tanto, de la recompensa de 10.000 maravedíes ofrecida por la reina Isabel a pesar de lo agarrado que era, toda vez que Colón aseguró haber sido él en persona quien avistara una lucecilla a eso de las dos de la mañana para despojar al judío converso Juan Rodríguez Bermej, llamado Rodrigo de Triana, del premio de diez mil maravedís y un jubón de seda a quien primero viera tierra; pero fue este hombre quien gritó desde el palo mayor de La Pinta (no desde la Santa María): «Waana Hen-I» (¡He ahí tierra!), de modo que lo entendieron sólo Colón y Torrés, el judío.

También se ha tachado de mal navegante en el tornaviaje pero lo cierto es que la navegación fué tranquila hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. (otra cosa hubiera pasado si hubiera vivido)
Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores..

¡Bueno pues me he quedado tranquilo! Gracias por los que me han leído hasta aquí.
Lo de la estima ya me lo perdí...

Saludos Andrés
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rom (20-11-2008), rookie (23-11-2008)