Navegué muchos años en un Puma 27, fue el barco que nos enseñó a navegar y regatear. Creo que la filisofía del diseño era completamente distinta a la del 29, nos venían muy vien los vientos ligeritos y las popas, ya que la forma del casco es muy distinta al Puma 29.
Cuando había mar ya era otra cosa, en ceñida se nos llevaba la ola, pero como en todo esto de navegar, las manos y el estado de las velas cuentan un montón, y nosotros no teníamos experiencia. Aun así lo pasamos de miedo.
Cuando veo un puma navegando a todo trapo siempre pienso que esos barcos llegarán al día del juicio. Habría que hacerles un homenaje.
