Hace algunos años, por los azares de la vida, me encontraba surcando en extraña compañía los lejanos mares del sur

, esos mares de las leyendas de bucaneros y esclavos huidos tras amotinarse en sus barcos negreros.
Uno de los navegantes, sucesor sin duda de alguno de aquellos esclavos y heredero convencido de todas las creencias de la Isla Reunión, antigua Bourbon, se me quedó mirando larga y pausadamente, y, sin esperarlo yo, me dijo "a ti te han hecho vudú".
Como os lo cuento, me quedé helada. Me explicó los motivos que le habían llevado a verlo y os aseguro que resultaba de lo más convincente. Tanto es así que se ofreció a darme un remedio infalible contra el mal de ojo.
Al desembarcar y mientras intentaba reponerme del susto haciendo honores a la bebida tradicional de la isla, el Rhum Arrangé, mezcla de ron con otras cosas, pero sobre todo ron

, el curioso brujo me trajo una pequeña estatuilla llena de poderes, explicando que debía colocarla en la entrada de mi casa, sobre un tapete rojo y hacerle todos los días una ofrenda de flores o velas. Ni que decir tiene que me dió más miedo la estatua que el dudoso vudú del que era la hipotética víctima. Por si acaso, sigue en una caja en el garaje...