Cuando nació el pequeñajo ya teníamos barquito en casa (bueno en el pantalán) y sólo pensar en que se podía caer al agua me entraban escalofríos. Empezé a preguntar y descubrí una piscina (privada por que la municipal menos de cuatro años nada

) que cogían niños desde 4 meses y ahí lo metí. Hoy con tres años y 6 meses ya está aprendiendo a nadar de espaldas, lo del crol ya lo ha pasado. La verdad es que me siento muy tranquilo, feliz y porqué no, orgulloso de haber tomado esa decisión.
Animo a cualquier padre a tomar este paso no se arrepentirá, aunque no tenga barco, es una experiencia muy bonita.