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Antiguo 10-12-2008, 00:22
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TOLETUM TOLETUM esta desconectado
Corsario
 
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Predeterminado Re: Los mejores extractos de libros náuticos

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Originalmente publicado por TOLETUM Ver mensaje
Hola cofrades, me imagino que libros de náutica leemos todos y la verdad, hay algunos extractos que por el tono humorístico, por el momento de tensión o por cualquier otro motivo son realmente apasionantes, creo que sería muy interesante aportar cada uno algún extracto que nos ha gustado especialmete y compartirlo con los cofrades, yo voy con el primero, que es un poco largo pero muy divertido, (libro: a bordo de las grandes regatas oceanicas del siglo XX de Pipe Sarmiento):

Este es el relato de un participante de la Ostar de 1980:

"... participar en la Transat nada tiene de romantico o divertido. Es más, en mi caso fue un reto personal, yo diría que estúpido, para ahorrarme el regreso a casa en un barco De línea. Cuando me apunté, loco de mí, no cai en la trascendencia del hecho: cruzar el océano atlántico en solitario para ganar mi puerto en la costa este americana, y de esa manera no tener que vender mi barco en Europa, donde se pagaban mal. O la alternativa de embarcarlo en un carguero, que era carísimo y fuera de mis posibilidades.

Por eso, y sólo por eso decidí inscribirme, pensando que, con ello, sería la organización y los otros participantes los que me ayudarían a ganar la otra orilla del charco. Craso error el mío. A partir de que cruzas la línea de salida estas completamente sólo, y así hasta América !vaya fiesta! Pero por qué había naVegado hasta aquí, se preguntarán muchos: pues porque venir hacia Europa es mucho más fácil. Esperas al verano, pones las velas para recibir un viento de popa, y unos días depués se encuentra uno en las Azores. Luego en Galicia, España y por lo tanto las costas Europeas se abren ante uno y su barco. Así de fácil. Bueno, unas veces más movidito que otras, pero siempre caminando y gozando en la relativa seguridad de la bañera.

Pero pegarte una jodida ceñida de más de cuarenta días, sólo se le ocurre a un imbécil o a un militar acostumbrado a vagar por lo desiertos con unas botas enormes y el peso de las armas sobre sus hombros, como fue el caso del idiota que inventó esta prueba, el tal coronel Hasler.


" Hubo momentos en los que decidí volver por el sur, vía las islas Canarias, pero luego hay que remontar también la zona del cabo Hateras hasta mi pueblo, cerca de Boston, así que lo que ganaba por un lado lo perdía por otro.

Durante la salida miré las caras de todos cuantos me rodeaban, unos tipos duros como salidos de un dibujo holandés Sanders. Cada cual me parecía mejor y con más pinta de marino. Algunos escupían por la borda como para afianzar lo que yo pensaba de ellos. Otros, tenían unas miradas tan fijas y consistentes, que me dije para mí: igual es necesario ser un poco bobo y pensar poco para soportar este martirio por pura diversión. O carecer de imaginación, si acaso, pues aguantar días enteros contra un viento diabólico no da para fallar, y entonces te hundes; el resultado es aterrador, y el produzto de multiplicar esfuerzo por metros avanzados hacia casa, totalmente injusto, bobo y desalentador. Por qué navegarían estos tipos en solitario tanto tiempo, no dejaba de preguntármelo; yo, de haber podido, habría embarcado a 10 o 12 amigos conmigo, sobre todo a una legión de señoritas que movían banderitas en un yate inmenso como diciendo: idiotas, mirar lo que os perdeis por haceros los machitos en esos misarables barcos llenos de moho y oliendo a humedad. Quizás, me dije, y ésta podía ser otra razón, lo hacían porque no tenían más remedio ya que no había nadie que los aguntase, ni sus familias siquiera. !Ah, esa sí que era toda una razón! Y en parte me dieron pena.

Yo puse mi radio muy fuerte para escuchar en francés, lengua que no hablo, una tertulia que, según me parecía, hablaban de economía, aunque a mi daba lo mismo, yo sólo quería sentir la compañía de unas voces, hablasen lo que hablasen.

El tiempo para la salida se terminaba y todos los profesionales de esto me miraban con desaire, se conoce que por mi poca pinta de lobo de mar. No tenía uno de esos trajes de agua colorados o amarillos, yo sólo llevaba mi vieja gabardina de cuando estuve en el ejército, ya un poco desgastada, con unas mangas que había tenido que cortar con unas tijeras a la altura del codo para que no se enredasen en los chigres y unas botas de agua que había comprado en la ferretería de mi pueblo antes de salir para este lado, y que para más sufrimiento me quedaban grandes, y cuando llovía, le entraba un chorrito de agua muy desagradable, y que con el tiempo solía convertirse en una alberca.

Mis gafas se empañaban a cada instante, además de darme un aspecto de profesor de literatura; pero si me las quitaba no veía nada y podía abodar a alguien. Juro que intenté navegar sin ellas en la salida, pero por muy poco colisiono con varias embarcaciones. Y aunque también lo intenté para parecer mejor marino, lo de escupir por la borda no me dio buen resultado; el escupitajo siempre volvía contra mí.



LUEGO SIGO QUE HAY QUE ACOSTAR NIÑA . FALTA LO MEJOR
Bueno, veo que este hilo no tiene demasiado interés, pero lo que se empieza se acaba, así que voy a seguir con el relato:

"....el escupitajo siempre se volvía contra mí. Por lo que imité lo que hacía un tipo de pelo blanco, pero con aspecto de rudo hombre de mar, cuyo nombre de barco no pude distinguir, y me puse a seguirle por toda la bahía. Aquel si que tenía pinta de marino. Corria como un mono de proa a popa del barco ajustando cosas. Yo me decía; con todo el tiempo que tenemos hasta llegar a America, para que voy a cansarme ya desde el principio; por eso no le imité demasiado. Pero aquel tipo debía ser de los buenos, pues seguía corriendo de lado a otro del barco mientras subía y bajaba velas como un poseido del diablo. Sólo con mirarle, me cansaba !joder que agotador ser buen marino¡ me decía en voz alta.

Ante la perspectiva de una navegación interminable, y como había demasiados barcos dándome pasadas por todos los lados, y con las gafas empañadas no veía demasiado bien, decidí poner el velero al pairo y bajar a la cámara para hacerme unas alubias mientras hacía un poco de tiempo para que se descongestionase la mar que tenía delante de mis narices.

Los otros participantes me miraban un tanto extrañados, pero como ya he dicho que no tengo pinta de lobo de mar, lo que hacía les debió parecer lo más lógico para un tipo de mi aspecto terráqueo. Por la radio escuché decir a alguien: mira ese imbécil, navega para el otro lado; pero yo a lo mio; lo verdaderamente importante era que las alubias no se pegasen y que el chorizo que les había puesto, poco por cierto por carecer de fondos para comprar mayor cantidad, no saltase del puchero debido al mal estado del cardan de mi modesta cocina de gas. Hubo un momento en el que un velero repleto de gente se acercó casi hasta mi amura de babor guiados, creo, por el maravilloso olor que salía por el tambucho de mi nave. ¡Joder¡ Mira ese tío, lleva número, luego debe de ir en la regata, y está cocinando el muy cachondo, oí gritar, pero que iba a hacer ante esa legión de duros marinos que acobardaban mis bordos y me hacían sentirme un gondolero veneciano.

Al rato había más barcos a mi alrededor que tras los favoritos que seguían saltando del palo a la bañera y de la bañera al palo. Me hubiera gustado invitarles, pero sólo había preparado una modesta ración de unas seis mil alubias, las otras seiscientas mil que vienen en una bolsa de papel debía guardarlas para el martirio que tenía por delante; llegar a mi casa navegado contra el viento dominante. Y ¿se puede hacer algo más estúpido".

En fin, otra forma de ver las regatas. Rondas para todos
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Genovevo (10-12-2008)