Discusión: Vendée Globe 2008-09
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El largo viaje de la Vendée Globe


Los navegantes solitarios se han convertido junto a los alpinistas en los últimos aventureros del deporte
FERNANDO CORDOBÉS - Madrid - 12/12/2008 08:00


La Vendée Globe, una regata a vela en solitario alrededor del mundo y sin escalas, despierta una admiración que va más allá del mero hecho deportivo. La carrera de los navegantes en uno de los entornos más hostiles del planeta y la capacidad de hacer soñar al público son quizá algunas de las razones que explican su popularidad.
"Me voy. Largo amarras. La vida es mía y la tomo por la mano para irnos por ahí. Dejo atrás todas las cosas que no me gustan (...) Me iré a pasear por donde me lleven el viento y las estrellas. Nada es demasiado grande". Julio Villar, un marino novato, escribió estas palabras hace más de 25 años, cuando después de un grave accidente en la montaña decidió embarcarse en un pequeño Mistral de ocho metros de eslora, sin radio ni motor y navegar sin un plan demasiado concreto. Su aventura concluyó casi cinco años después, tras dar la vuelta al mundo. Sus experiencias las plasmó en un libro titulado ¡Eh, Petrel! Cuaderno de un navegante solitario, publicado por la editorial Juventud. Es un relato inspirado, profundamente lírico, evocador. Es un canto de una belleza inigualable. Pero, ¿por qué hacer referencia a un libro que poco o nada tiene que ver con una regata como la Vendée Globe?
<H3>Moitessier dio media vuelta y se fue a la Polinesia cuando era líder de la Golden Globe</H3>
<H3>Experiencia mística</H3>Cuando Bernard Moitessier lideraba la primera vuelta al mundo en solitario, la Sunday Times Golden Globe, en 1968, y tenía la victoria al alcance de la mano, decidió dar media vuelta y poner rumbo a la Polinesia. Continuó navegando en solitario durante varios meses más y renunció a los honores y a la pompa que le hubiera supuesto ganar esa primera gran gesta de los mares. Para entenderlo hay que leer su libro El largo viaje. Lo que vivió fue una experiencia mística: un hombre solo en el mar, lejos del mundo. No quiso renunciar a ella por el beneficio de la fama, ni del dinero, ni de una aparente y efímera gloria. Con su decisión renunció a la victoria, pero se convirtió en el verdadero padre espiritual de los navegantes solitarios.
En la edición del año 2000 de la Vendée Globe, el francés Yves Parlier rompió el palo y tuvo que ingeniárselas él solo para reconstruirlo, levantarlo, aparejarlo y seguir navegando. Todo ello sin ser descalificado por la organización, que no permite atracar en puerto para reparar. Una tarea titánica, una epopeya que habría hundido en la desesperación a cualquiera, pero que a él, por lo visto, no le provocó demasiados problemas. Tardó un mes en poner a punto su barco y cuando concluyó siguió rumbo a puerto y alimentándose de algas y peces voladores.
<H3>Cada una de las historias de soledad y mar podría generar una novela de Conrad</H3>
Cada una de las historias de soledad y mar podrían ser el material narrativo de las mejores novelas de Conrad. Los navegantes solitarios son los últimos aventureros, comparables sólo a los grandes montañeros. Pero entre la navegación romántica de Julio Villar o la iniciática de Bernard Moitessier hasta la actual edición de la Vendée Globe hay un mundo de diferencia.
Hoy nadie se puede plantear participar en esta competición sin el soporte de los patrocinadores, sin un sólido equipo y un proyecto detrás que lo respalde. Actualmente hay que rentabilizar la inversión, que en algunos casos puede ascender a varios millones de euros. Justo lo contrario de lo que buscaba Moitessier y en las antípodas del viaje de Villar.
<H3>Condiciones miserables</H3><H3>Mike Golding explica que "cualquiera puede hacerlo. Es duro, pero no imposible"</H3>
Hay algo indescifrable en la Vendée Globe. Algo que se resiste a una explicación. "Lanzarse al océano hacia lo desconocido para vivir durante semanas en condiciones de vida miserables", como decía José Luis de Ugarte tras su participación en la edición de 1992 - 1993 en la que acabó sexto, no tiene lógica aparente.
Mike Golding, uno de los participantes con posibilidades de hacerse con la victoria este año al mando de su Ecover, lo tiene claro: "Lo que despierta tanta pasión es lo simple de la idea de la regata: un hombre solo en el mar. También es importante la pureza espiritual de sus participantes. Todos somos gente corriente. Nada excepcional. Y yo siempre digo que cualquiera puede hacerlo. Es duro lograrlo, es cierto. Pero no es una tarea imposible".
A pesar de los cambios vividos en las últimas décadas, en las regatas hay un matiz esencial que permanece inalterado, como señalaba Loïck Peyron, verdadero ídolo de los aficionados franceses, que tuvo que abandonar anteayer por rotura de mástil: "Antes, el principal problema de un marino era saber dónde estaba. No se puede olvidar que hasta hace cincuenta años todo era madera y algodón: barcos como la Santa María, con muy pocos cambios en su diseño en cientos de años. Y, de pronto, todo ha evolucionado de una manera inimaginable. Del sextante y un reloj, hemos evolucionado al GPS, ordenadores a bordo, carbono, etc... Pero todo eso no provoca las ganas de navegar".
<H3>"Esto no me aporta absolutamente nada. Sólo el placer de navegar" dice Shiraishi</H3>
Kojiuro Shiraishi, segundo en la última edición de la Velux Cinco Océanos, regata en solitario alrededor del mundo con escalas, no participa en esta edición de la Vendée Globe al no encontrar patrocinadores, pero no quiso perderse la salida. Tuvo que dar media vuelta para reparar por problemas de filtraciones de agua, ya pesar de perder tres días, ha volado con puntas de velocidad superiores a los 30 nudos y ya se encuentra en cuarta posición.
Shiraishi opina que la Vendée Globe tiene éxito por su capacidad de hacer soñar. Aunque se trata de una competición muy técnica, cara, sofisticada y casi inaccesible, al final lo que queda en la gente es la idea de partir hacia lo incierto. "¿Qué por qué hago esto?", se sorprende ante la pregunta. "Pues porque no me aporta absolutamente nada, aparte del placer de navegar. No sé por qué. No creo que haya que buscar una explicación a todo en la vida. Tengo la suerte de vivir de mi pasión, de hacer soñar a la gente, de que me paguen por ello, lo que tampoco está mal, y la suerte de dar la vuelta al mundo y colaborar en este proyecto con mucha gente agradable y apasionada. Luego está el mar, el cielo, las nubes". No suena mal.
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