Es un libro fantástico, didáctico y con moraleja, pues deja claro que la insistencia de un hombre en una empresa, muchas veces tira por tierra los conocimientos de grandes sabios.
Recomiendo la visita en Londres del observatorio de Greenwich, que tras haber estado dirigido por los principales y más renombrados astronomos ingleses, rinde un especial homenaje al humilde rejolero Harrison que resolvió para siempre el problema del traslado de la Longitud.

