Hola Vanlc,
Ya tengo un FB de 5cv. Pero con mala mar el FB no vale, y para hacer travesias largas no te da ninguna seguridad. Estoy pensando en equipar el first class para travesias oceanicas. El motor intravorda no es primordial. Pero ya que tengo un motor de 18cv casi nuevo me gustaría aprovecharlo.
Respecto a mi naufragio, intente dar la vuelta al continente africano, en un velero que me dio muchos problemas sobre todo el timon.LLegue a la costa de Mauritania con un timon de fortuna que me fabrique con la puerta de entrada del velero. En Mauritania me hicieron un nuevo timon de hierro. Cuando estaba entrando casi al puerto de Dakar. Me di cuenta que el velero no me respondía el timón estaba torcido como una banana, despues de 4 dias de ceñida El motor no funcionaba. La primera ola me llevo al primer bajo, y luego las demas olas hicieron el resto. Naufrague en la isla de Yoff Dakar.
Aqui os pongo un Articulo de prensa para mas información y otro video de Youtube.
< «El viaje acaba de empezar». Así de explícito y contundente se mostró José Pablo Arriaga tras el naufragio de su velero ‘Markina’, el pasado sábado a la entrada del puerto de Dakar, en Senegal. «Mi objetivo era buscar el equilibrio entre el hombre y la naturaleza y seguiré con el proyecto. El barco era un medio de transporte y, aunque me ha dado mucha pena perderlo, ahora emplearé otras alternativas para desplazarme», destacó.
Desde el inicio de la travesía, el pasado 31 de julio, el velero fue una constante fuente de preocupaciones para Arriaga. Las entradas de agua por diferentes puntos del casco, la rotura de timones y del motor, le dieron continuos quebraderos de cabeza durante los cerca de dos meses que ha durado su singladura náutica.
«En lugar de darme libertad, me ha atado porque he estado siempre pendiente de él. Cuando no se rompía alguna de las piezas, tenía que cuidar que no me robaran o que los bajos no tocaran el fondo», manifestó.
Numerosos problemas
Las principales dificultades las atravesó en las etapas largas de varias jornadas. La travesía que le llevó desde Las Palmas hasta Mauritania fue la más dura. «Mi destino inicial era Cabo Verde, pero tuve que cambiar de planes. Llevaba dos timones que se rompieron y tuve que fabricar otro con algunas partes del barco, aunque tampoco respondía de forma adecuada. Con la llegada de los vientos del Sahara se terminó de estropear y estuve una noche a la deriva. El motor tampoco funcionó», relató.
Al final, unos pescadores lo remolcaron hasta el puerto de Nouadhibou. Allí invirtió varios días para reparar la nave, de la que extrajo cerca de 600 litros de agua, colocó un timón de hierro de un centímetro de grosor y arregló el motor. «Tuve que sortear algunos problemas propios de este tipo de países, como algunos intentos de soborno», añadió.
La que a la postre fue su última etapa desde Mauritania hasta Senegal comenzó bien. Tras la reposición de los desperfectos, el velero navegó sin problemas durante la primera jornada, pero en la segunda detectó que no respondía y comprobó que el timón se había doblado «como un plátano». Con una cuña de madera lo enderezó y siguió el viaje.
«El mar estaba en calma y, por primera vez desde que comencé, pude disfrutar de la brisa caliente; fue una gozada», describió. Al cuarto día, el GPS y las cartas de navegación indicaban que estaba cerca de Dakar.
«Al aproximarme a tierra el viento aumentó. Era una zona de rocas y comprobé que el barco no respondía porque el timón volvió a fallar. Traté de arrancar el motor, pero tampoco funcionó», señaló.
Dos bengalas
Ante esta situación, enfiló hacia el puerto de Dakar con las velas, pero resultó imposible llegar. La fuerza del viento, las olas y la falta de medios para gobernar el ‘Markina’ hicieron que el velero terminara contra una zona de rocas.
«Fue una pena. Veía el puerto a lo lejos, pero no pude llegar. El barco se agujereó con los golpes, lancé una llamada de socorro por radio y saqué las bengalas de emergencia. De catorce sólo me funcionaron dos», añadió.
Posteriormente, extrajo los utensilios más importantes del interior del barco, mientras un grupo de pescadores con una embarcación de madera acudió a su ayuda. La última página del cuaderno de bitácora del ‘Markina’ se escribió a las 3.30 horas de la madrugada del sábado al domingo pasado en la isla de Yoff.
«En ningún momento vi mi vida en peligro, porque sabía que de una forma u otra saldría de allí. Tras ayudarme, me llevaron a su casa, me ofrecieron algo caliente y me dieron ropa limpia para poder cambiarme. Eran cerca de las cinco y media de la mañana», destacó.
Al día siguiente, volvió al lugar del naufragio y comprobó el estado en el que había quedado el ‘Markina’. «Estaba destrozado y era irrecuperable», relató.
Escultura
Con la ayuda de los pescadores recogió otra parte de sus pertenencias y algunas piezas de lo que quedaba del barco entre las rocas. «El lunes pasado celebré una pequeña fiesta con ellos como agradecimiento a toda la ayuda que me han prestado, porque algunos se han jugado la vida para recuperar parte de mis cosas», destacó.
La pérdida de su medio de transporte, sin embargo, no ha trastocado sus planes iniciales. Arriaga apuesta por continuar su periplo para buscar el equilibrio entre el hombre y la naturaleza y para conocer otras culturas que le enriquezcan. «Voy a permanecer aquí con los pescadores durante algún tiempo para conocer sus tradiciones, porque tienen una forma de vida muy rica. También tengo pensado realizar una escultura con los restos del barco, que se quedará aquí en Dakar», prosiguió.

Posteriormente, tratará de enrolarse como tripulante en algún buque que arribe a puerto y que vaya en dirección hacia el sur del continente. «El viaje acaba de empezar. El ‘Markina’ ha sembrado una semilla en África y ahora hay que esperar a que salga una flor», concluyó con optimismo «y buen estado de ánimo».
Fuente: JUAN PABLO MARTÍN.
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