
02-01-2009, 20:57
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Corsario
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Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
 
El marinero,al que llamaremos Alonso, quizá asombrado por este despliegue, antes de embarcar había tenido que demostrar a la Casa de Contratación que era castellano y cristiano viejo (no reconvertido) y lo había tenido que demostrar ,como todos, con documentos y más tarde confesándose y recibiendo los Sacramentos antes de zarpar.
De todas formas la totalidad de embarcados deben pasar por este tamiz ya que los pasajeros también seleccionados por la C.C. debián tener una reputación intachable y probados sentimientos religiosos excluyendo a los conversos y musulmanes e imponiéndose severas penas por embarcar sin autorización.
Alonso estaba contento porque había encontrado un buen lugar para estibar su baúl o arca particular. Durante muchos meses era su único rincón auténticamente íntimo a bordo: el reducido espacio ocupado por su caja; porque para dormir había que buscar una zona llana en las cubiertas para allí tender el colchoncillo (saco relleno de paja), arropado con la manta y deseando no estorbar porque si había que hacer durante la noche alguna maniobra cercana sería inmediatamente despertado sin contemplaciones y debía buscar otro lugar para dormir.Por eso durante la noche los problemas de espacio se acrecentaban, debido a que tumbado se ocupaba mas espacio que de pie y los buenos sitios a veces se defienden echando mano a la faltriquera , donde se tiene la navaja.
Menos mal que un tercio de la tripulación tiene que hacer las guardias y eso dejaba siempre algunos huecos libres.
No me resisto a poneros el consejo al "delicado" pasajero:
"Es saludable consejo que el curioso o delicado pasajero se provea de algún colchoncillo terciado, de una sabana doblada, de una manta pequeña y no más de una almohada; que pensar nadie de llevar al barco cama grande y entera será dar a unos que mofar y a otros que reír, porque de día no hay donde la guardar y mucho menos de noche donde la tender... es saludable consejo que a la hora de embarcarse importune al capitán... para que... le admitan en alguna cámara... porque si en esto es descuidado y perezoso, téngase por dicho y condenado en que no hallará de día a do(nde) se asentar y muchos menos de noche a do(nde) se acostar"
El barco, remolcado, tenía a los marineros acodados contemplando las riveras del río y escuchando la algarabía de voces de los pequeños botes
que los acompañaban.
No se veía al capitán ,quizás estuviera en su cámara repasando documentos a presentar en Sanlúcar.
Debía estar en posesión de la carta de pilotaje o de marear que naturalmente la expedía la C.C. previo examen. (El que desease ser piloto tenía que acreditar haber navegado seis años a las Indias y haber estado en Tierra Firme,Nueva España,las islas españolas y Cuba.) quizás merecedor este tema de un nuevo hilo pero esa es otra historia... 
Los navíos bajaban lentamente por el Guadalquivir hacia Sanlúcar de Barrameda, donde se hacía la tercera y última visita, cuyo objetivo exclusivo era averiguar si los buques cumplían las condiciones de navegabilidad requeridas , si no se habían embarcado más fardos de los autorizados como ya hemos dicho y si habían pagado todos los impuestos.
(Los impuestos eran la verdadera razón de ser del monopolio, y la causa por la cual el sistema se prolongó tantos años. Se cobraba infinidad de ellos. El principal era el de Avería: La voz avería es un vocablo de origen árabe que significa mercancías estropeadas aunque en realidad lo que cubría eran los gastos de los convoyes u otras flotas mantenidas para la defensa de la navegación de las Indias. los funcionarios de la Casa de la Contratación calculaban el costo mínimo de la protección. El cálculo se hacía tanto para los viajes de ida como para los de vuelta.
Otro era el almojarifazgo: que también es una palabra de origen árabe, era un impuesto ad valorem de las mercancías que entraban o salían de España; equivalía a los actuales derechos de aduanas.
También se gravaba con la alcabala: otra voz de origen árabe, era un gravamen que se fijaba sobre el precio de las cosas vendidas, y en el caso de permuta, sobre el valor de los productos intercambiados.
Además de estos impuestos estaban los de visitas, registro, palmeo, tonelaje,San Telmo,tasa del Hospital de San Juan de Dios , de San Lázaro, de la Inquisición... etc., en resumen que los impuestos representaban entre el 20% y el 30% del capital invertido y que para hacer un viaje remunerable, la diferencia de precios entre España y América debía ser de un 200% como mínimo.)   
Total que entre las reparaciones ordenadas por la C.C., el embarque de los fardos, los registros y el cobro de impuestos demoraban mucho la salida para América,por lo que nuestro Alonso llevaba un año esperando embarcarse.
Hasta otra entrega  
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