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Predeterminado Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV




Normalmente después de las oraciones de la mañana se desayunaba frugalmente : un trozo de la galleta marinera, afortunadamente integral, cocida dos veces para retrasar su fermentación tal como hemos hablado, unos ajos, un trozo de queso y alguna sardina asada.

Los veteranos se rieron de veras, quizás con malsano alborozo, cuando Alonso le dió un mordisco al viscocho que le costó un diente y que probablemente tenía mal asentado por no haber ablandado suficientemente con agua de mar su ración .
Ablandar con agua de mar era también un método afortunado pues añadía a la dieta cloruro sódico, tan necesario para el tremendo esfuerzo de sus tareas habituales.

En situaciones excepcionales les daban pan blanco, ese pan estaba ya lleno de gusanos y con aspecto verdoso pero a pesar de ello, los marineros lo preferían a los viscochos ; sin embargo los administradores decían que el viscocho enjugaba más las humedades.
Posiblemente la razón estribase en la avaricia de estos administradores ya que una ración de pan blanco costaba más a pesar de que era de 11 onzas y la de vizcocho 26.

Durante el resto de la mañana se realizaban las tareas habituales, tal como mantener las cubiertas limpias fregandolas con arena y agua de mar, reparaban las velas una vez que se hubiese evaporado el rocío , repasaban nudos, garruchas y mantenían embreada la jarcia firme, templaban la de labor, las velas cosidas y parcheadas, hacían cabos nuevos con restos de los viejos, en fín revisaban y reparaban todos los elementos por lo que no había un momento libre.

Los turnos de cuatro horas que exigía la atención al barco lo conocían todos de memoria y se respetaban. Las tres , las siete y las once marcaban el equilibrio del navío.

La tarea de manejar las velas era muy dura, y requería una máxima coordinación, por ello las tripulaciones entonaban canciones rítmicas mientras izaban, amarraban y empujaban la barra del cabrestante.

Cada tarea tenía su propio ritmo, que se compaginaba con la fuerza empleada. Uno era un ritmo de marcha , empleado para para girar alrededor del cabrestante o moverse para recoger anclas.
Otro era un ritmo más lento , para trabajos que exigían un pausa y pasar un cabo de mano en mano.
Otros trabajos necesitaban un ritmo de dos tiempos. Se empleaba para tareas pesadas, como izar velas, o subir pertrechos de peso.
Cantar estos ritmos se llamaba salomar y es heredera de una larga tradición marinera.

Se clasificaban tres especies de salomar : halar a la leva , leva o marchar halando del cabo, barra de cabrestante etc. y mano entre mano, que es halar a pie firme alargando alternativamente los brazos.

La saloma es apropiada a cada caso. En el primero es música de marcha, y los pies se mueven acompasadamente, el segundo es más lento, y marca el movimiento uniforme de las manos, y en el tercero hay que señalar dos tiempos : preparación y acción.

Primero entonaba un solista y luego repetían los demás a coro.

Alonso se desgañitaba mientras halaba para levar el papahigo :

"Bu izá - O Dios ayuta noi
O que somo - ben servir
O la fede - mantenir
O la fede - de cristiano
O malmeta - l o pagano
Sconfondi - i sarrabin"

mientras el contramaestre gritaba :

"¡Gonzalo!¡Dejad las chafaldetas! ¡Empalomadle la boneta! ¡Lope!¡y ahora a descapillar la mesana!"

En el listado de tripulantes que Alonso le vió a Maestre había aprendices con el nombre de pajes o grumetes,recordaba bien su salario.

Los pajes eran niños de 6 a 14 años, que embarcaban a menudo para escapar de la pobreza o por situaciones de orfandad; se encargaban de las tareas más domésticas (ayuda en cocina, camareros del capitán ... etc ), siendo los últimos en el escalafón del barco, lo que suponía a menudo una situación de abuso ya que a veces estaban sólo por la comida ¡ y qué comida!

Los grumetes eran aprendices de 15 a 20 años, que se encargaban de las tareas más arduas, peligrosas,desagradabes trabajando más que los marineros a pesar de no cobrar lo mismo. Además, el de guardia, cada media hora (cada vuelta de ampolleta) era el encargado de cantar la hora, acompañada de un Pater y un Ave María.

Alonso se encontraba en una situación de privilegio puesto que estaba ejerciendo de marinero sin haber tenido una preparación anterior. Esto era mal visto por el resto de tripulantes y más sabiendo que era para ellos un bergante que sabía leer;pero dada la amistad con Pablo a punto de ser contramaestre para más tarde ser piloto y capitán, que tenía amplia experiencia de haber cruzado varias veces el océano , aceptado y respetado , fué reconocido por todos no sin antes esforzarse hasta la extenuación para conseguirlo.

Para el trabajo ,y para todo lo demás ya que la equipación era escasa, se solía llevar camiseta de lana, blusa, tal vez capa corta, calzas, un capuz o cogulla y un bonete rojo de lana con vueltas azules, tal vez el único distintivo claro de marinero.
Todos los elementos de lana que cuando se mojaban,lo que era habitual pues el agua atravesaba de banda a banda la cubierta en cuanto había algo de viento, eran dificil de secar ya que por motivos de seguridad el único fuego que se encendía era el fogón.
Era una caja metálica y rectangular con tres lados y abierta por la parte superior,la parte interior estaba forrada de ladrillos de barro con un fondo de arena sobre la que se colocaba la leña.
El fogón estaba situado a pié del castillo de proa , por lo que en caso de mal tiempo no se comía caliente.
La provisión de leña y carbón era un elemento muy importante abordo,ocupaba mucho sitio y requería estar seco.
Había un pañol dedicado exclusivamente a la leña, y en el Ntra. Sra. de las Angustias estaba situado debajo del pañol del contramaestre.

Se decía que un galeón de la Carrera de las Indias, requería por cada hombre 850 kilos de la capacidad del barco.

Alonso esta deseando contarle todas estos detalles a su primo Pero, con el que había navegado muchas veces en la pequeña fusta de su padre, por su río Tinto, y que no concebía que en un barco hubiera cocina y se pudiese comer el frumenty o la olla podrida que su madre preparaba.

La única comida verdadera y caliente que se comía a bordo era la del mediodía. (salvo cuando el bizcocho se encontraba en mal estado y agusanado y en ese caso los restos llamados mazamorra se cocinaban como sopa por la noche, como comentamos)

No existían cocineros profesionales; algunos marineros viejos designados por la tripulación y ayudados por pajes o grumetes, elaboraban como podían, si los vaivenes del barco lo permitían, guisos con cuanto hubiera disponible en los enormes calderos de cobre, de un peso entre 40 ó 45 libras, colocados sobre unos trébedes en el fogón, que descansaba en cubierta como hemos comentado.

A esta agua hirvierdo,ya corrompida, se le iba añadiendo lo que el despensero disponía.

Al principio no era mala pues constaba de carne, verduras y frutas,bacalao , pero se acababan pronto y empezaban las legumbres para terminar la singladura con una sempiterna dieta de tasajo .(carne salada)

Todas las provisiones de carne estaban saladas, pues de otra forma no se hubiesen conservado bien en un clima cálido y normalmente estaban en proceso de descomposición, si no es que estaba completamente podrida, y aunque no lo estuviese, todas las vitaminas de la carne fresca se habían destruido . El cocido no podía se más salado.

En ocasiones especiales, se preparaba la menestra ordinariala compuesta con habas, judías o lentejas y a veces la llamada menestra fina, con arroz o garbanzos.

También había gran alborozo cuando se pescaba algo.

Cada cual recibía su ración de viscocho y de rancho en una escudilla de barro o en un plato de madera; una cuchara de madera con la navaja personal era la cubertería y completaban la vajilla la jarra de vino.

El vino era el único componente del menú capaz de hacer olvidar la dureza de la vida en el barco y porque el agua, como hemos dicho, después de guardarse durante semanas en viejos barriles, terminaba por corromperse, haciendo que tuviera mal sabor y peor olor.

La hora del rancho era un momento bullicioso, salpicado de bromas y chanzas de buen y mal gusto.
Se formaban corrillos de amigos o paisanos donde se ofrecían mutuamente su propia comida porque era práctica habitual en tierra compartir las copas y recipientes donde se bebía, esta práctica era muy común en los banquetes y era considerado un privilegio de gran etiqueta, así como partir el pan o remover en la fuente central de carne ubicado en el centro de la mesa para ofrecer un pedazo al comensal vecino.


Claro que los oficiales o pasajeros de postín comían aparte y tenían su propia despensa de animales vivos para combatir la espantosa comida del rancho marinero.

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<i><b>N<font size=2>ihil novum sub sole</font></b></i>

Editado por anboro en 08-01-2009 a las 21:31.
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