Ver mensaje
  #16  
Antiguo 09-01-2009, 19:20
Avatar de socarron
socarron socarron esta desconectado
Pirata
 
Registrado: 14-03-2007
Edad: 50
Mensajes: 167
Agradecimientos que ha otorgado: 164
Recibió 149 Agradecimientos en 51 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Re: Travesía Puerto de Santa María- Mazarrón

Sigamos...
Creo que me quedé al través de Tarifa...justo antes de que comenzara uno de los momentos más bonitos de mi aún corta vida de navegante.

El día se fue borrando a medida que nos adentrábamos en las aguas del "estrecho". La corriente nos favorecía y el viento seguía empujándonos suavemente por la aleta. Cenamos un exquisito arroz con carne y curri (muy inglés-indio, que para eso era Jon el cocinero) y comenzó el espectáculo: al menos una decena de delfines grandes como nunca los vi en el Mediterraneo empezaron a jugar con la ola que generaba el barco. El espectáculo fue fascinante porque a la siempre bella visita de los delfines debíamos sumar el mágico efecto que produce la fluorescencia del agua en algunos mares cuando ya se ha puesto el Sol. Más que delfines, parecían estrellas fugaces gigantes, estrellas fugaces surcando el mar y acompañándonos en nuestra navegación. Es fantástico poder apreciar el rastro de luz que dejan, y poder así conocer un poco mejor su trayectoria, sus giros, subidas, bajados... en fin, sus juegos. Qué bichos tan bonicos!!!!

El espectáculo acabó para nosotros cuando decidimos enrollar un poco de génova porque el viento parece que subía y preferíamos mantener una navegación cómoda. Malditos enrolladores.
Todos los veleros los llevan. Y siempre me ha parecido que debía ser una cosa muy cómoda, eso de tirar de un cabito y recoger tu vela, o hacerla más pequeña o más grande. Sin embargo, siempre me parecieron "paratos" complejos. Igual es que yo soy muy simple. Lo cierto es que el CachiBache no lo tiene. Y me apaño de maravilla engarruchando génovas, foques o lo que haga falta. Y si hay mar, me engancho mi arnés y me creo el más bravo pirata de la mar tirando de velas allá en mi proa .
Pero seamos realistas. También me gusta la comodidad del invento. Así que el Sigma tenía un flamante Furlex 200 y no le hice ascos.
Lo que pasa es que el cacharro se atrancó. Y hasta hoy sigue atrancado. Pero esa es otra historia para contarla en otro sitio, a ver si encuentro consejo. Sigamos con lo nuestro:
Un génova engarruchado baja mucho más rápido que uno relingado dentro del perfil del enrollador. Parece lógico, pero hay que enfrentarse a ello. Sin embargo, y por fortuna para el barco y para toda la tripulación, la vela bajó y fue aferrada en la borda, junto a los candeleros. "¡Cómo toda la vida se hizo!", decía yo para mis adentros.

Terminar de cruzar el estrecho de noche, dejando Algeciras y Gibraltar por babor y la costa marroquí por estribor, también es un bonito espectáculo, sobre todo si le unes los cientos de luces de los mercantes y ferrys que salen hacia el Atlántico y entran al Mediterraneo a todas horas. Además, el espectáculo también sirvió para recordar un poco como se interpretan las luces de navegación más raras (que las vimos, vaya sí las vimos).
Salvo por el incidente del enrollador, el estrecho nos trató de maravilla y se despidió de nosotros como un caballero. Las guardias pasaron entretenidas tomando demoras constantes a las distintas luces que poblaban el mar.

Amaneció gris y lluvioso, pero poco a poco mejoró un poco y decidimos izar de nuevo nuestro génova relingándolo por dentro del perfil de su inútil enrollador. El día transcurrió agradable, con algo de frio y alguna llovizna, pero con una buena brisa que seguía impulsándonos, ahora en popa cerrada, y acercándonos cada vez más a nuestro destino.

La navegación en popa tiene sus peligros, sobre todo si hay un poco de mar que también te entra por la popa. Todos lo sabemos. Y tomamos nuestras medidas. En el caso de nuestro Sigma, Jon había instalado un inteligente cabo que hacía las veces de contra para la botavara, de modo que evitara una trasluchada involuntaria. Digo inteligente porque me pareció sencillo y eficaz: un cabo sujeto a la botavara por un grillete va a una polea enganchada en la regala con otro grillete, y de ahí a un winche del spinaker, en la bañera, de modo que puedes darle algo de tensión. El invento funciona de maravilla todo el día. Pero cuando estamos terminando nuestra cena, más o menos frente a Almerimar, una racha más fuerte de lo normal nos alcanza y quiere hacer trasluchar la vela. En ese momento gobierna el piloto automático, que, evidentemente, mantiene su rumbo. El invento para evitar trasluchadas funciona tan bien como ha funcionado todo el día. Pero la racha no cesa, sino que se intensifica, y el grillete que sujeta la polea a la regala revienta... con el miedo que eso da .

Violentísima trasluchada al canto, cena dispersa por toda la bañera, acojone general. "Dios, si nos pilla la cabeza nos la planta en los invernaderos, con los tomaticos", pensamos todos.
Por fortuna no ha pasado nada. Solo hemos roto un grillete y nos hemos dado un susto. El grillete que no aguantó, sorprendentemente, apareció al día siguiente dentro de uno de mis zapatos, que estaban dentro de la cabina , justo a la bajada de las escaleras. Pensé para mi, "joder, otra cosa que nos podía haber saltado un ojo si nos pilla en su vuelo".

No ha pasado nada pero tenemos que aprender. Quizá el sistema para evitar trasluchadas no es tan bueno. O sí, y gracias a él estuvimos prevenidos y la botavara no nos golpeó. Y el grillete se rompió pero no se rompió nada más... No sé, no sé. En el mar, cuando pasan desgracias, siempre pasan porque un montón de pequeñas circunstancias, que por si solas no son peligrosas, se juntan y... ya tenemos la "ensalá". Pienso en nuestra relajación general por la cena, en el piloto automático, en la poca previsión de que aquella racha, que se convirtió en cambio de viento, pudiera llegar...
Después del susto tomamos un rizo a la mayor y arriamos nuestro génova no enrollable. Seguimos navegando por un par de horas solo con la mayor y el viento en popa, pero con unos sorprendentes 5 nudos de velocidad en el GPS.
Lo cierto es que frente a la bahía de Almería el viento arreció bastante (no tenemos datos muy exactos, os recuerdo que perdimos la veleta el primer día de navegación) y pensé (era mi guardía) que debía despertar al resto de la tripulación para tomar un rizo más a la mayor. Me daba pánico volver a tener una trasluchada imprevista con la gente durmiento abajo. Así que Vero, mi compañera de guardía (y un "peaso" marinera que no veas), despertó a Jon y al primer oficial. Les puse al tanto con respecto a la subida de la intensidad del viento y el capitán, prudente y considerando nuestro cansancio, decidió arriar toda la vela y navegar a motor.

Desde aquí hasta Mazarrón no hay mucha aventura marinera que contar ya. El run run del motor nos acompañó fiel y fiable hasta el final del viaje.

Aunque no queda ya mucha aventura, sí queda una bella navegación nocturna frente al Cabo de Gata: sorpende que haya un trozo de costa en el Mediterraneo con tan poquitas luces. Qué gustazo. En este viaje no hemos visto el Cabo de Gata. Pero nos lo hemos imaginado. Y eso aumenta nuestras ganas por navegarlo.
También queda un bonito amanecer. Y un recibimiento muy especial, frente al Cabo Cope.
Paco, el jefe de nuestro puerto, nuestro maestro, y sobre todo, nuestro amigo, zarpó bien temprano con el CachiBache, por petición mia, para salir a nuestro encuentro. Y nos encontramos.

Y los dos barcos se acercaron, través con través, y Paco nos dio una botella bien fría de Cava, para darle la bienvenida al "Por si acaso" a nuestras aguas, a nuestra bahía, a nuestro mundo. Y aquí el Sigma empezó a hacerse nuestro de verdad. Y Jon, discreto, atento e inteligente, comprendió que su trabajo había terminado. Y se fue a descansar abajo, para dejarnos tomar propiedad de su barco. Y durante una hora navegamos bordo con bordo, en demanda de nuestro puerto. Los dos barcos más bellos de la bahía. Los dos barcos más locos de Mazarrón.

En el puerto, mis sobrinos me esperaban junto a sus padres. Y justo cuando etraban los dos barcos por la bocana... ¡¡¡fuegos artificiales!!!!

Bueno, vale, quizá exagero un poco.
Era un petardo.
Pero era genial, de esos que lanzan destellos brillantes al cielo.
Idea exclusiva de mi sobrino José Antonio, con el que tengo un pacto: cuando sea mayor los dos compraremos un barco y surcaremos los mares. Pero esta será otra historia. Y espero que la taberna siga abierta y nos acoja para compartirla con todos vosotros.

Amigos de la Taberna, en Mazarrón tenéis, de momento, dos fantásticos veleros. Y unos armadores con falta de tripulación. No os digo más.

Salud y mar.
__________________
Citar y responder