Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
Querido Anboro,¿es ésta tu fuente de inspiración?,¿sabes lo que es el derecho de cita?,¿y el derecho de propiedad intelectual?. 
Para las guardias se establecían turnos de cuatro horas que solían cambiarse a las tres, siete y once horas. Había un marinero encargado de avisar la hora, que, como ya hemos dicho, controlaba por medio de un reloj de arena. Añadía a su aviso una letanía religiosa conocida por todos. De esta manera, al amanecer, el marinero que había tenido el turno desde las tres de la madrugada, al dar la vuelta al reloj decía:
"Bendita se la luz y la Santa Veracruz
y el Señor de la Verdad y la Santa Trinidad.
Bendita sea el alma y el señor que nos la manda,
bendito sea el día y el Señor que nos lo envía. "
Después rezaba un Padrenuestro y un Avemaría, para finalizar con este saludo:
"Dios nos dé los buenos días; buen viaje, buen pasajetenga haga la nao, señor capitán y maestre y buena compaña, amén. Así faza buen viaje, faza, muy buenos días dé Dios avuestras mercedes, señor de popa y proa." Cada día el timonel indicaba el rumbo al piloto de guardia, que la comunicaba a su vez al nuevo timonel. Siempre había un vigía en popa y otro en proa; los marineros que habían acabado su guardia anotaban sus cálculos de velocidad y distancia recorrida en una pizarra.
Los marineros después de lavarse la cara y manos con agua de mar, ponían en buenas condiciones la poca ropa que llevaban y con la cual dormían en diversos rincones de la cubierta tapados por esteras. Algunos tenían hamacas. El capitán dormía en su pequeño camarote.
Carpinteros y Calafates (V) eran los encargados de desalojar la abundante agua de mar que se había introducido durante la noche. Los marineros guardaban en un baúl que, no siempre era individual, su escaso equipaje: camiseta de lana, blusa y calzas. Rara vez se bañaban, con lo cual el olor que desprendían era, a veces, insoportable. Con la llegada de un temporal la cosa cambiaba y también las dificultades, pues habla que mantener la ropa mojada habida cuenta de que a bordo el fuego era una amenaza: sólo se encendía para poder cocinar en el fogón.
Se defecaba y orinaba sobre la mar. Para ello los marineros se sujetaban con cuerdas o del propio navío, o bién el barco disponía de una tabla que pendía sobre las olas, a modo de retrete portátil replegable, al que solían denominar "los jardines"
La alimentación tenía una fuerte base de salazones; esto provocaba sed y constituía un enorme problema, ya que el agua potable que se llevaba era escasa.
Por la tarde el piloto o capitán hacían llegar, a través del contramaestre, órdenes que los marineros debían de cumplir con prontitud y monotonía. A cada operación que debían de ejecutar, se unía una canción que un marinero entonaba y el resto repetía a coro. Una de ella, en un mal italiano, decía: Bu izáo Dio ayuta noi-ben serviro la fede-manteniro la fede-de cristianoo malmeta-lo pajarosconfondi-i sarrabin
La comida caliente era la del mediodía y solían hacerla los marineros viejos ayudados por algún grumete, haciendo guisos con lo que hubiera disponible en enormes calderos colocados en unos hierros. Podían emplear vino, aceite, ajos, tocino, bacalao o sardinas en salazón, tasajo o carne sabida, y bizcocho duro o galletas de harina de trigo almacenado en la parte más seca del barco. Los oficiales comían aparte y tenían su propia despensa. Los marineros combatían el aburrimiento pescando, cantaban canciones, tocaban instrumentos musicales: flauta, dulzaina, etc... Algunos jugaban a escondidas -los juegos de azar estaban prohibidos a bordo- a los naipes o a los dados. Siempre había quien narraba fabulosas aventuras imaginadas, leída o recordadas de algún libro de caballería.
Aquellos marineros eran valientes, expertos y audaces, y disputaban a las tempestades la salvación de sus buques. No hablaban los marineros más que de las personas ausentes, de los objetos de su cariño, padres, hijos, hermanos, esposas y prometidas; recordaban las funciones del pueblo donde nacieron, la festividad del santo patrono, la velada o verbena donde en alegres corrillos, se bailaba al son de los cantos populares y de la animada guitarra; soñaban con la elevada torre de la iglesia de su aldea, cuyas campanas volteaban en unión de otros revoltosos compañeros, ~ mezclándose a tan sencillas memorias el natural tentar de no volver a gozar de aquellos placeres.5
Además de la lista de actividades indicadas, los marineros organizaban pequeñas competiciones bién entre ellos o con animales (cerdos y conejos).
Cuando había tempestades o peligro, la guardia despertaba a todos los tripulantes. A las siete, al iniciarse la segunda guardia o primera de la noche, el contramaestre apagaba el fogón y el grumete de turno daba vuelta al reloj de arena y entonaba:
"Bendita la hora en que Dios nació
San Juan que le bautizó
la guardia es tomada - la ampolla muele
buen viaje haremos - si Dios quiere."
La voz del grumete sonaba cada media hora:
"Una va pasada- y en dos nos muele más molerá – si Dios querrá a mi Dios pidamos —que buen viaje hagamos y a la que es madre de Dios - y abogada nuestra que nos libre de agua - de bomba http://www.gobiernodecanarias.org/ed...modhisci11.htm
Decepcionados saludos.  
Eirín.
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