Discusión: Vendée Globe 2008-09
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Predeterminado Re: Vendée Globe 2008-09

En primer lugar agradeceros a todos que en estos dias que he estado en tierras Colombianas me hayais tenido tan bien informada de todos los terribles acontecimientos ocurridos, una gozada tener aqui toda la información sin tener que andar de página en página. y en agradecimiento os dejo este árticulo que me ha gustado

El mar de los estragos

11.01.09 -
JULIÁN MÉNDEZ
| BILBAO


Los mares antárticos han demostrado este mes su fama de devoradores de hombres y barcos al diezmar la flota de la Vendée Globe









Yann Eliès tuvo que ser rescatado el 18 de diciembre por una fragata australiana al clavarse su velero en el seno de una ola y fracturarse el fémur derecho. / VENDÉE GLOBE



El barco de Stamm, en la bahía Desolación. / AFP


Es una amenaza constante, un lugar perverso», asegura sir Robin Knox-Johnston
«Las olas rugen como trenes cuando se te echan encima», dice Michel Desjoyeaux

Es una amenaza constante, un lugar miserable, despreciable, perverso». Sir Robin Knox-Johnston, el barbado gigantón inglés que fue el primer navegante en completar una vuelta al mundo en solitario en la regata Golden Globe (312 días a solas en el mar), arruga el ceño cada vez que habla de los mares antárticos. «Allí abajo no vale la táctica, gana el que más aguante, el que más sufra», comentó a este reportero en Getxo. «¿Mi recuerdo más intenso? Ver avanzar hacia mí una ola de 25 metros de altura y pensar 'dentro de un minuto puedes estar muerto'».
Eso es el Sur, el fondo de saco del mundo, un territorio indómito por el que sólo transitan algunos mercantes, un puñado de pescadores y esos chalados navegantes que participan ahora en la Vendée Globe. Ese mar salvaje abarca desde el Cabo de Buena Esperanza (34º 50' Sur) hasta el Cabo de Hornos (55º 58' Sur). En medio deben enfrentarse a otro mítico cabo, el de Leeuwin, en Australia. Bajo las quillas de los navegantes pasan dos océanos: el Índico y el Pacífico. «La vida en el Sur, durante tantas semanas, es verdaderamente miserable», explicaba el fallecido José Luis de Ugarte.
Allí abajo, explican los patrones, la navegación es un puro ejercicio de supervivencia. Los vientos se encajonan entre las gélidas tierras de la Antártida y los frentes cálidos más al Norte y giran durante miles de kilómetros sin obstáculo alguno. Igual que las olas, gigantes, piramidales y que, según los testimonios de navegantes como Michel Desjoyeaux, «rugen como trenes cuando se te echan encima».
Las fotografías muestran a los patrones con las narices y las frentes enrojecidas, embutidos en sus trajes polares y con gafas y pantallas de ventisca para evitar que el agua helada (como una manguera a presión) les dañe los ojos pitañosos por el salitre. Sus vidas, además, penden de un delgado hilo que puede quebrarse en cualquier momento, como ha demostrado esta semana el rescate 'in extremis' de Jean Le Cam por su compañero Vincent Riou. O la accidentada llegada de Bernard Stamm a la bahía Desolación, en las Kerguelen, donde su barco varó entre vociferantes leones marinos. O la rotura del Gitana Eigthy de Loïck Peyron.
Una ola cruzada, esos nuevos y frágiles mástiles-ala que sucumben al esfuerzo, una muralla de agua que barre la cubierta y arrastra al patrón por la borda como un pelele, un bloque de hielo a la deriva o un contenedor emboscado. Todo acecha a su alrededor mientras ellos planean sobre las olas a más de 40 kms. por hora. Durante esas semanas terribles los patrones apenas duermen. Sólo sueñan con acabar, capturados por el hechizo inexplicable de un mar que les atrae y les repele a la vez.
«Estoy rodeada de bloques de hielo y con una depresión encima. Llevo dos semanas sin dormir más de 90 minutos seguidos», explicaba esta semana por radio Samantha Davies, la patrona británica del Roxy. La ropa térmica que usan adquiere un insoportable olor a sudor y a encierro. El barco, que vuela sobre la superficie helada del mar, es una minúscula «caja flotante» en mitad de la extensión desolada. Su única compañía son los albatros, esos pájaros gigantes que, dicen, son las almas errantes de los marineros muertos. O sus propios compañeros, los únicos que pueden ayudarles en caso de emergencia.
Año tras año, no obstante, las condiciones de vida de los navegantes solitarios mejoran. Los hay que llevan hasta calefacción a bordo, otros gozan de 'escudos' móviles a popa para protegerse de los rociones helados, unos cuantos incorporan habitáculos que se mantienen horizontales pese a la escora del barco y los sistemas de predicción meteorológica y de localización de icebergs son cada vez más eficientes. Los nuevos pilotos automáticos les ayudan también cada vez más: El Paprec-Virbac de Jean Pierre Dick funcionaba con un pequeño ordenador que propone al patrón cuatro tipos distintos de gobierno para el barco: con menos de 15 nudos, de 15 a 25 nudos, con más de 25 nudos de viento y con más de 20 nudos y con el espí izado.
Odio al océano
La idea es evitar clavar el velero en el seno de una ola. Aunque no siempre eso es posible: El 18 de diciembre Yann Eliès se rompió el fémur derecho y se lesionó cuatro vértebras en una de esas colisiones brutales mientras preparaba una vela a proa. Fue rescatado por una fragata australiana. «Cuando uno es marino se piensa en la posibilidad de caer al agua y en la muerte. Hay que pensar en ello porque es la única manera de evitar un riesgo fatídico», señala Eliès mientras se repone en un centro de rehabilitación costero. El marino recuerda que «las dos últimas ediciones, particularmente clementes, nos han hecho olvidar que la Vendée Globe es una regata muy dura, tanto que la mar puede arrebatarte la vida». En su opinión, los abandonos en cascada (sólo continúan en regata doce de los treinta patrones que tomaron la salida), puede conllevar «una retirada de patrocinadores» y provocar reformas en la regata.
Eliès reconoce que el odio fue una de las causas de su accidente. «Estaba muy tocado por el abandono de mi colega Bernard Stamm. Dos días antes del accidente escribí un mail en el que decía que quería vengarme del Océano Índico para vengar a mi amigo Stamm. Pero cuando uno desafía a los elementos, mira lo que pasa...», asegura Eliès desde el hospital donde deberá estar inmovilizado seis meses. Para acabar de poner las cosas en su sitio, recordar que mientras el primer clasificado, Michel Desjoyeaux, asciende el Atlántico, frente a las costas argentinas, el último patrón, Raphaël Dinelli, está 6.400 millas por detrás, en Nueva Zelanda.
A cambio, el Sur ha sido capaz de ofrecer algunos de los más hermosos relatos de solidaridad humana que se han escrito nunca. Como el rescate de Isabelle Autissier por Giovanni Soldini en la tercera etapa de la Around Alone de 1998. Soldini recibió el aviso de socorro y dio media vuelta para enfrentarse durante 135 millas a un temporal que desbarató su barco. Pero sólo él podía evitar la muerte de Isabelle. La encontró en mitad de la nada. También en la primera edición de la Vendée Globe el marino Philippe Poupon fue rescatado por Loïck Peyron en los 47º Sur cuando su barco se tumbó sobre un costado y fue incapaz de adrizarse con 5.400 kilos de plomo en la quilla. Era diciembre de 1989 y los navegantes solitarios eran entonces unos quijotes envenenados por un reto imposible, unos auténticos inconscientes.
También Tony Bullimore fue salvado in extremis por la Armada australiana en la edición 1996-1997, después de volcar y permanecer en el agua, al borde de la hipotermia. En la regata Velux 5 Oceans que partió de Bilbao, Mike Golding protagonizó un arriesgado rescate de su compañero Alex Thomson. Sometido a un terrible esfuerzo, su barco rompió el palo. Algo parecido a lo que han vivido esta semana Vincent Riou y Jean Le Cam a 200 millas del Cabo de Hornos.
Cada año, el mar de los estragos se cobra su precio. En tensión, heroísmo y miedo.
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el primer beso siempre se da con la mirada

Editado por Fareraa en 12-01-2009 a las 14:38.
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