Será porque, como dice mi mujer, Serrat ha puesto música y letra a nuestras vidas. Será porque tiene una canción para cada pequeño momento.
Para la muchacha que sube cada día en nuestro tranvía; para aquella con la que nos daban las 10 en el último rellano de la escalera; para el perro desagradecido que se escapa del cariño porque "hay tantas calles, tanto sol y tantas perras sin marido"; para los días de nostalgia en los que, sin motivo, parece que llueve sobre nuestro corazón; para la imagen ojerosa que nos mira desde el espejo el día después de una juerga; para los pueblos calcinados por el sol donde nacieron nuestros padres.
Y, claro está, porque Mediterráneo es el mejor himno que jamás ha escrito un latino.
A mi también se me eriza el vello. Y a medida que me hago mayor, incluso se me humedecen los ojos con frecuencia. Tengo que dosificarlo.