Muchos humanos escogen el camino de una espiritualidad determinada y dejan de comer carne para no ser cómplices de semejantes espectáculos.
Otros pueblos, como los inuit, respetuosos con la naturaleza hostil en la que viven, realizan ciertas ceremonias previas a la matanza en las que dan las gracias al animal porque su carne les dará vida. Pero el resultado también es sangriento:
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El hombre, sometido a la influencia del odio, puede engendrar horrores como el de Srebrenica contra su misma especie.
Debemos lamentar el asesinato cruel de los animales, pero creo que debemos moderar nuestros sentimientos. Los japoneses no son más hijos de puta que cualquier otro pueblo. Comen y cazan de un modo distinto. Eso es todo.