Sí, te ries por no llorar.
Toda su obra, poesía, ensayos, novelas, hablan de pobreza, del desengaño (por la corrupción, los vicios, la maldad), de las falsas aparencias, de la levedad del tiempo...
¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza
en esta vida frágil y liviana?
Los dos embustes de la vida humana,
desde la cuna, son honra y riqueza.
El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,
en horas fugitivas la devana;
y, en errado anhelar, siempre tirana,
la Fortuna fatiga su flaqueza.
Vive muerte callada y divertida
la vida misma; la salud es guerra
de su proprio alimento combatida. ¡Oh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:
que en tierra teme que caerá la vida,
y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!
Urtzi, tenemos barcos más veloces y potentes, pájaros de hierro que surcan los cielos raudos, carrozas de mil caballos con aire acondicionado, hasta magníficas salas quirúrgicas donde te cambian el corazón... pero el hombre ha cambiado muy poco desde Quevedo. Al menos, en sentimientos... y dolor.

