Discusión: Os propongo un juego
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Predeterminado Re: Os propongo un juego

Capítulo II

El sol casi estaba en su cenit, mientras la tripulación se apremiaba con las labores de ajuste del velero, Panxut revisaba el motor con paciencia infinita y Embat adujaba los cabos con esmero. Le causó buena impresión la ordenada maniobra, de la embarcación, y así se lo hizo saber a Manuel que sonrió satisfecho, al tiempo que le indicaba con un simple gesto que diera un vistazo al sudoeste, donde unos oscuros y tenebrosos nubarrones se estaban estableciendo.

- Parece una tormenta tropical, explicó Manuel, pero debemos controlar que no se convierta en un huracán. Voy a bajar al tambucho a mirar el parte y si viene para acá, zarparemos inmediatamente para poner agua de por medio.


- Esta bien, por si acaso, comprobaré el fondeo- dijo Esteban

El barco parecía bien arraigado y el mar tranquilo poco más necesitaba, aunque desde luego no era un buen fondeo si se levantaba viento duro, era poco profundo y sin abrigo, pero de momento no necesitaba más atención.


Por uno minutos quedó a solas esto le daba la ocasión para escudriñar con más detenimiento el barco, aunque su avezado ojo ya le hablaba vida y milagros de su nuevo pupilo los barcos pasaban a ser casi personas para él, si decidía hacerse cargo de alguno, buen barco, según le había explicado Manuel, un Baltic Trader ketch, construido en Dinamarca para alguna pesquería en principio, tan robusto como para pelearse con los hielos de Islandia en invierno o los calamentos de redes cerca de las rocas aflorantes de los fiordos noruegos persiguiendo bacaladas. Luego seria adecentado, comprado en subasta por un particular y usado de morada flotante en algún canal de Amsterdam.

Lo que ignoraba era como había terminado en el Mediterráneo y en manos de Manuel, cocinero de buque de línea, como llegaría a saber mas tarde.

Tras esta primera toma de contacto decidió mirar hacia el puerto, quizás para ver lo que iba a dejar atrás tras tomar la decisión más arriesgada en lo que llevaba de año.

Su rostro, extraña mezcla de melancolía y cierto aire de seguridad y satisfacción por haberse embarcado en lo que podría ser una aventura sin precedentes, experimentó un brusco cambio seguido de la segregación de sudor frío mientras observaba cómo la grúa se llevaba el viejo coche que dejó mal aparcado por las prisas.

La rabia se apoderó momentáneamente de su estado de ánimo y no paró de gritar improperios referidos al conductor y su familia durante tres largos minutos. Con el sentimiento de impotencia, característico de estos casos; cogió el móvil, escaso de batería quiso hacer una última llamada digital a tierra. Es evidente que su ex mujer cuando escuchó esa petición de recoger el coche y pagar la pertinente multa, no prolongó la conversación más de lo necesario, permitiendo que la batería de nuestro protagonista mantuviera un nivel de carga suficiente como para hacer, en el futuro, una llamada más, la cual se convertiría en la más importante de su vida.



Manuel salió decidido del tambucho arreó unos fuertes mamporrazos a una campana de bronce.

- Preparados para zarpar!- gritó con todo el aliento que tenía.

- Todo el mundo a cubierta!

Y al momento Panxut, Embat y Comodoro se reunieron con ellos.


Esteban disimulaba su cojera aunque a cada paso que daba con el pie malo, notaba como si lo hundiera en el fango, por causa de la sangre empapada en los vendajes.

- Tenemos una tormenta tropical que se acerca; viene directa hacia aquí. No creo que se convierta en huracán, pero zarpamos inmediatamente porque dudo que el fondeo aguante unos vientos de Beaufort 8 y más allá. En el mar estaremos mas seguros, bueno, por lo menos Siete Mares estará más seguro.

- Pero yo no venía con vosotros, yo solo estaba repasando el motor- argumentó Comodoro.

- Por el momento no hay elección, el motor del auxiliar no funciona y a remo dudo que alcanzaras la costa. Además nos harán falta todos los brazos que podamos disponer- concluyó Manuel, sin admitir respuesta.

- ... y piernas!- pensó Esteban.

- Levad el ancla!

- Izad la Mayor con un rizo, zarpamos!

Sólo se oyó el sordo ruido de la cadena sobre el barbotén y el de la driza de la mayor bajo las poleas. La pesada ancla quedó a pique casi al momento, pendulando bajo la amura. Un último esfuerzo para estibarla junto al bauprés y todo listo para cortar el agua. Esteban ordenó izar el foque. -Dónde está el enrrollador? Preguntó inocente Panxut.

-En mi barco,- repuso el armador- mariconadas las justas!. El tono disgustó a todos, pero poco a poco iban a conocer el verdadero carácter del armador. Esteban ordenó la maniobra con precisión milimétrica, izaron el foque y mayor y tomaron rumbo SW.



Mientras la tripulación cumplía sus ordenes a la perfección, Esteban aprovechó para bajar a su cabina y ponerse el traje de aguas, la cabina era más bien estrecha y repleta de enseres inservibles, más parecía un cajón de sastre que el camarote del capitán, mientras se cambiaba de ropa para ponerse más cómodo, se observó en un viejo espejo atornillado a la pared, a sus casi cincuenta años aun se conservaba bien, era espigado y de hombros anchos, su cara alargada rematada con un mentón recto y duro, sus ojos grandes color avellana y una profunda cicatriz que nacía en la ceja izquierda y resbalaba por su mejilla hasta perderse entre una barba de varios días, le daban un aspecto entre descuidado e inquietante, se quedó pensativo por unos segundos recordando el porqué de la cicatriz, el sonido de una baliza retumbó en sus oídos devolviéndole a la realidad se embutió rápidamente en su traje de aguas y subió a cubierta cuando el Siete Mares se deslizaba raudo, al través, el arrecife sur.


Tan pronto como rebasaron el atolón, bordaron hacia el oeste. Esteban cogió la imponente rueda de madera de roble y sintió la potencia que le transmitía el barco.

El mar estaba formándose con una rapidez inusual y el viento aumentaba mientras las nubes negras se desplazaban a gran velocidad unas millas por delante de la proa descargando grandes y oscuras virgas cerca de la costa, Esteban arribó 30º a babor y mandó ajustar las velas recibiendo el viento por la aleta descargando la jarcia de presión, después de todo, parecía que no iba a ser para tanto.

El barco se deslizaba por las aguas azules salpicadas de espuma con gran potencia y estabilidad, apenas acusaba el oleaje y se impulsaba a diez nudos con suma facilidad, esas eran las sensaciones que necesitaba, si no fuera porque sudaba, primero pensó que era a causa de recomponer el rumbo con la rueda para acompasar el barco al paso de la ola, después pensó que era a causa del calor y el bochorno provocado por la humedad en el ambiente, hasta que cayó en la cuenta que sudaba, temía, por causa de la fiebre que le producía la herida que se había hecho en el pie, lamentó no haber seguido los consejos de la linda enfermera, pero como iba a descansar pudiendo embarcar en el Siete Mares.

Apenas media hora más tarde lo que parecía una tormenta tropical se quedó en un simple chubasco pasajero y Panxut decidió bajar a la sala de máquinas para continuar con los ajustes del motor.


Manuel despareció bajo la cubierta para volver a aparecer al cabo de unos minutos, portaba una gran bandeja y sobre ella un precioso atún, tres caracolas y una Langosta, y sonriendo le indicó que ya que todo estaba más calmado se retiraba a sus verdadero dominios: la gran cocina-bodega de a bordo, donde casi con habilidad musical, limpiaría prepararía el rancho del mediodía con lo que durante la noche habían pescado, junto a la bocana. Pronto el gran caldero bulliría al fuego de una antigua estufa.


A Manuel, cocinero de buena formación académica, escuela sindical de hostelería en su juventud, no le había resultado difícil entrar a trabajar para una Compañía de Navegación extranjera y embarcar como cocinero en los buques que le fueran asignando cada sucesiva temporada, Liners, Ferrys, Bulk carriers, Roll-Ons ... bien se podía sentir satisfecho de historia culinaria, al fin y a la postre por sus habilidades entre fogones le había llegado el Siete Mares, sonrío, volcándose en el delicioso suquet que estaba preparando.


Esteban dio ordenes de virar de nuevo buscando el puerto, el barco aun necesitaba ciertos retoques y avituallarlo para el viaje, el viento había bajado hasta unos perezosos seis nudos y el mar se calmaba por momentos, cedió la rueda a Embat y se dispuso a bajar a la cocina para intercambiar impresiones con Manuel.

Bajando la escala topó de frente con una preciosa muchacha que subía veloz hacía cubierta, se quedó mirándola sorprendido, no tendría más de 20 años, era delgada, pero bien formada, iba descalza, vestía unos pantalones ajustados, por debajo de la rodilla, y una camiseta blanca de tirantes que marcaban su sugerente silueta, se giró nerviosa y pudo verle la cara, unos hermosos ojos azules le observaron curiosos y por unos instantes le pareció ver que le sonreía, hasta que dándole la espalda se fue hasta el bauprés donde se sentó observando el horizonte.

Manuel que se había asomado hasta la puerta de la cocina, le sonrió, diciéndole.

-Es la grumete del barco, se llama Boemia, la conocí hace años, estaba sola y abandonada y desde entonces no se ha separado de mí, aunque nació tierra adentro lleva el mar en la sangre, de pequeña le quitaron la fantasía, la sonrisa, aunque te parezca un poco arisca, sólo necesita un poco de cariño y su parte de océano y brisa.

A todo el mundo le fantasea con que es hija de un verdadero pirata- sonrió Manuel- se siente feliz a bordo del Siete Mares y sueña con filibusteros, contrabandistas, bucaneros, pero de momento deberá conformarse con este viejo pirata y con el Siete Mares como Manuel.

Le gustaría vivir mil aventuras de tesoros, cañones, banderas y hasta sirenas, disfrutar en secreto de aventuras fantásticas, aunque desde luego no se puede quejar, a su edad ya ha navegado desde Ámsterdam, hasta Italia.

Sueña con su particular Ítaca, navegando a solas con hombre guapo, apasionado, pero eso sí- rió a carcajadas- que sepa resolver problemas cotidianos sobre mástiles, molinetes, tormentas...., como verás nada de mediocridades, ni ignorantes, vamos un auténtico pirata de los de antes.

Disculpa que no te hubiera hablado de ella antes, pero apenas tuve tiempo. Ah! Aprovecho para decirte que no te sorprendas si ves un viejo loro volar por la cubierta, es suyo, lo que le faltaba, parece la herencia de un viejo bucanero.


Mientras escuchaba a Manuel, Embat orzó unos grados a estribor.


Un par de horas después estaban todos sentados en la Taberna del Puerto, era su primer viaje y debía invitar a unas rondas a la tripulación., entre ron y ron los tripulantes empezaron a contar sus historias, algunas ciertas otras no tanto, el turno le llegó a Embat, se mesó los cabellos en la evocación, confiando que el poco tinte que le quedaba en su rala cabellera aguantase y contribuyese a esa apariencia algo menor, de edad indefinida de hombre curtido
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La vela hay que velarla, y si no, no largarla


"No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio.
Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio ..............




Jamboequipoderegatas

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