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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: ¿Y por que nos gustan los faros? y cuales

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Originalmente publicado por 33´ Ver mensaje
Fareraa por si no lo conoces, mira el destino del NANTUCKET

http://www.ack.net/Lightship121406.html

Lo cierto y aunque te parezca mentira mi nivel de ingles no alacanza para legar a entender al final que es del barco, si se haconvertido en restaurante , si por un euro se visita, ya ves un lio, lo que si que me ha quedado claro es que lo de sus famosas cestas ha quedado para la empresa en tierra
Los faros que querían ser barcos (III)

Categoria: Historias de barcosNavegante

La historia de las cestas de Nantucket

Como decíamos ayer...

Desde 1700 hasta el siglo XIX, Nantucket fue un lugar de vital importancia gracias a su industria ballenera. Tierra de cuáqueros, mar de ballenas, Herman Melville inmortalizó la isla en la novela que dio vida, y muerte, a la obsesión del Capitán Ahab por el monstruo marino, Moby Dick. Aunque, a pesar del odio del Capitán por el ilustre cetáceo, Nantucket tiene mucho que agradecer a éste gigante del mar. «La Tierra Lejana», o «Nantucket» para los oriundos indios de la isla, los wampanoag, se enriqueció con el combustible que se obtenía de las ballenas y que resultó ser imprescindible para la iluminación de la Europa de entonces.


Los bajíos del sur de Nantucket, 35 millas al sur de la isla, eran de gran interés para el transporte costero según la historia de la navegación de Nueva Inglaterra. La travesía a través de las rutas marítimas entre Boston y Nueva York, y la pesca de ballenas, crearon una cantidad enorme de tráfico, estimándose en más de 500 los barcos que atravesaban esos bajíos cada 24 horas, con el riesgo de convertir esa área en un lugar de riesgo de naufragio y un cementerio para los barcos.
Después de numerosas peticiones al gobierno, en 1843 el problema fue presentado al congreso de los Estados Unidos en un esfuerzo por apoyar la colocación de un buque faro en ese lugar. Por fín hubo una respuesta favorable y, consecuentemente, el primer buque faro, construido en 1853, fue colocado en el bajío del sur de Nantucket el 15 de junio de 1854, era el “South Soal”.

Expuesto a las inclemencias provenientes del Atlántico, el barco-faro tuvo que probar su navegabilidad. Más importante aún, su sistema de anclaje tuvo que soportar el castigo continuo propinado por los vientos y el oleaje.

Anclado a 24 millas del extremo oriental de la costa de Nantucket, el buque-faro era una especie de faro flotante, equipado con dos brillantes luces de aviso y una campana. Los hombres pasaban períodos de nueve meses a bordo del barco y su única responsabilidad era avisar a los barcos que pasaban acerca de los traicioneros encalladeros alrededor de Sankaty Head. Cuando el clima era malo, la tripulación permanecía en alerta, buscando las aguas cubiertas por la niebla para avisar a los barcos que se encaminaban hacia ellos.
Este primer buque faro, de 104 pies de eslora, tenía un casco robusto, pintado de rojo y estaba aparejado como un “schooner” (goleta), barco que navegaba habitualmente por estas aguas. Tenía 2 mástiles en los cuales, por la noche, se colocaron grandes linternas. Las lámparas de aceite de ballena dentro de estas linternas suministraban la luz que, en el mejor de los casos, si la niebla lo permitía, se podía divisar desde algunas millas. En cambio, las lámparas del buque-faro más reciente, el que terminó su servicio en 1973, tenían una intensidad de 400.000 candelas y un alcance de 23 millas.

Después de apenas 18 meses en el bajío, su amarre falló y el viento lo arrastró 50 millas al oeste, encallando en el punto de Montauk, Long Island, Nueva York. El segundo buque faro de Nantucket, construido en 1855 en Maine, se llamó “New South Soal”, como figuraba en grandes letras blancas en el costado del barco, tenía 103 pies de eslora y también estaba pintado de rojo. Este segundo barco-faro tuvo mayor longevidad, casi 37 años, aunque también su anclaje se rompió por lo menos 23 veces mientras permaneció en los bajíos.


Estando a bordo de estos primeros buques faros, la “cestería” surgió como industria artesanal para los tripulantes. Su arte era, como mucho, un medio de la diversión frente al confinamiento y, posteriormente, una fuente de renta adicional. Un comentario escrito en una edición de 1891 del Century Magazine recogía la desolación, la monotonía y los malestares de la vida a bordo de un buque-faro: un viejo capitán de un barco ballenero aseguraba que “la cosa más solitaria que él había visto nunca en el mar era un oso polar que flotaba en un pedazo de hielo en el océano ártico; lo siguiente era el buque faro del sur del bajío.” Un ex-capitán de otro buque faro dijo, muy solemnemente, “si no fuera por la deshonra que traería a mi familia preferiría ir a la prisión del estado”. La vida en el buque faro por lo tanto se presentaba como una reclusión solitaria combinada con los horrores del mareo.


La monotonía pues fue la madre de la invención en lo que se refiere a las cestas de buque-faro de Nantucket. Creadas inicialmente en 1820 por marineros de Nantucket, estas cestas de ratán con base de madera, eran muy diferentes a la típica "cesta india" que se usaba en esa época. El molde era copia de la construcción de barriles de madera y toneles hechos en grandes cantidades en Nantucket para la industria ballenera. No fue sino hasta 1856, cuando se llevó a bordo del South Shoal Lightship el molde de la cesta, y desde ese momento se les dio el nombre de "cestas de buque-faro".


Era una actividad que requería mucho tiempo y los materiales necesarios se obtenían fácilmente durante la licencia en tierra. En 1905, se retiró de servicio el buque-faro que les dio su nombre pero, para entonces, las cestas ya habían llamado la atención de los turistas.
http://php.terra.com/turismo/templat...&feature=30003
La construcción de la cesta copió mucho de forma en que se hacían los toneles. Su base era un círculo redondo de madera (u oval algunas veces) hecho en un torno con madera dura y se marcaba con una ranura alrededor del borde exterior. Un molde con la forma de la cesta se fijaba entonces al fondo del círculo, y las varillas, tiras delgadas de roble o nogal americano, se humedecían hasta que fueran flexibles, se encajaban en la ranura, dándole la forma del molde, y se fijaban en su lugar con una cuerda. Una vez secas, las varillas hacían las veces de costillas de la cesta, y se retiraba el molde.
El cuerpo de la cesta se completaba con una tira larga y delgada de rattan tejido hacia adentro y hacia fuera de las varillas. Entonces se fijaba el reborde con aros de roble que servían de borde (otra técnica copiada del arte de hacer toneles). Con frecuencia los bordes se envolvían en rattan. Los bordes se hacían con aros de rattan tejido, incorporando a menudo piezas con diseños tallados en madera, o adornos con tallas en marfil o hueso de ballena describiendo la siempre popular esperma del cachalote, o con otras escenas relativas a la vida marina. Algunas se hacían como juegos de cestas anidadas en diferentes tamaños de forma que una iba entre otra y así sucesivamente.
Generalmente, los marinos daban estas cestas como regalo a su familia para uso en el hogar, como cestas para las compras, cestas costureros, y otros usos semejantes. Al llegar el cambio de siglo, ya se producían también en tierra. En 1905, se retiró de servicio al buque-faro que les dio su nombre, pero para entonces, las cestas habían llamado la atención de los turistas.
En 1948, a solicitud de su esposa que quería usar su cesta de buque-faro como cartera, José Formoso Reyes alteró el diseño de la cesta fijando la tapa con una tira de cuero. Además, la parte superior de la cesta estaba adornada con un ornamento de ballena color ébano . Hoy, la tapa decorada puede agregar varios centenares de dólares al precio de la cesta.
Lo auténtico
La Asociación Mercantil de Fabricantes de Cestas de Nantucket tiene ahora aproximadamente 90 miembros deseosos de educar a los compradores sobre la autenticidad de sus cestas. Las cestas hechas por sus miembros traen un certificado con el nombre del fabricante y su localidad. Las cestas falsas hechas en Japón o en Hong Kong pueden tener el tejido suelto; caña en lugar de roble, manijas, rebordes cuadrados en lugar de redondos arriba y abajo, y con la decoración estampada en lugar tallada.
La popularidad de las cestas nunca ha decaído. Hoy día incluso los joyeros hacen versiones en miniatura en oro y plata. Los precios de las cestas tradicionales oscilan entre $300 para una cesta abierta sencilla y $3,000 o más por una cesta clásica -- lo que le da nuevo sentido a la vieja frase de "poner todos los huevos en una misma cesta".

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