Los barcos

como las personas tienen un nombre distinto y, en cierta manera, su propia personalidad.
La costumbre de romper una botella de champán contra el casco para botar o bautizar el barco, tiene su origen en la antigüedad.
Los vikingos hacíann esta ofrenda con la sangre de algún prisionero sobre cuya espalda

arrastraban el barco al bajarlo al mar.
Los armadores de épocas pasadas intentaban evitar los nombres relacionados con el fuego o las tormentas.
Según algunos, no se debía cambiar nunca el nombre del barco, aunque entre los piratas

era práctica habitual.
La costumbre de los vikingos ya no está bien vista
