Una historia maravillosa la de Harrison.
Construir en aquella época, un reloj portátil (embarcable) y resistente a balances y cabeceos, y sobre todo a la humedad persistente del mar.
Un reto tecnológico sin precedentes, conseguido a base de un tesón infinito, tras décadas de dura lucha contra políticos, pseudocientificos y advenedizos interesados.
Cada minuto de error en viajes oceánicos de meses, una NM de equivocación en la longitud.
Harrison ha salvado docenas de miles de vidas de marinos y posibilitó la cartografía moderna y exacta. El debía de ser nuestro santo patrón.
Una ronda por Harrison y otra por tí, pico, por recordarlo.

