Vamos a contar batallitas:
Este verano tuve que pasar una recalada obligada de una semanita en el puerto de Roses esperando que le pasara el cabreo a la sra. Tramontana.
Amarrado y dentro de puerto, mi anemómetro leyó una punta de 54 nudos y después de esa semana ha dejado de funcionar correctamente (¿se asustan los anemómetros?).
Por la noche dormía en el salón en la banda de barlovento para intentar hacer un poco de contraescora... terminé atándome después de ir a parar por dos veces consecutivas al suelo.
