Enhorabuena por el nuevo tripulante.
Ahora tenemos un perro que no le gusta nada el agua y no salta fuera ni de broma, pero antes tuvimos otro que le encantaba y en cuanto veía pasar algo flotando, un palo, un plástico,
una burbuja, cualquier cosa, allá se iba a rescatarlo.
Solución: atarlo cuando íbamos navegando, y cuando estábamos fondeados siempre tenía un arnés puesto y lo ayudábamos a subir con el bichero. Lo más difícil era quitarle el botín que había sacado del agua.
